El Silencio de Sussan
Esta aventura empezó una fría tarde de mediados de otoño, el olor penetrante de
la tierra mojada, gratificaba todos sus sentidos. Acaba de bajarse, satisfecha,
de un autobús desvencijado, con asientos de piel cuarteada y olor a rancio.
Se había subido en una ciudad de la que prefería olvidar su nombre. Todas las
miradas se dirigieron a su cuerpo grácil y los oídos escucharon embobados el
repiqueteo de sus tacones.
Una imagen demasiado irreal en un lugar donde todos los
moradores eran rudos trabajadores de la construcción adormilados en un regreso
mecánico de un anodino día de trabajo. Vestía ropa demasiado ligera para el frío
que hacia y no pasaba desapercibido su ausencia de equipaje. Oteo por encima de
las cabezas, buscando un refugio donde guarecerse adormilada, hasta un destino
que tampoco conocía. Empezó a caminar provocativa por un estrecho pasillo
obstaculizada por brazos que no querían apartarse. Se dejaba sobar, disfrutando
de caricias desconocidas. Roces, tocamientos que calentaban su entrepierna.
Desechó un lugar mediado el autobús y se dirigió a la ultima fila donde dos
vacantes esperaban ser ocupadas.
Pago el tributo de unas manos entre sus piernas para que el
paso le fuese franqueado. Y se recostó apoyando sus brazos en la empañada
ventanilla. Subió las piernas encogiéndose en posición fetal ocupando el asiento
contiguo que quedaba libre, despreocupándose de las miradas que dirigía su
acompañante a los pies y piernas que poco a poco quedaban al descubierto.
Abrió un momento los ojos y vio muchas miradas recreándose en ella, volvió a
cerrarlos dejándose acariciar por esos ojos, mecida en la tibieza, pensando en
el frío
del exterior y teniendo la consciencia de que aun podía ser peor. No se inmuto
cuando unas manos tiraron de sus pies obligándola a estirar las piernas, no
quiso abrir los ojos y mirar de quien eran, prefería soñar con otro cuerpo mas
atlético, mas limpio.
De todas formas lo que tendría que pasar, pasaría. Y que
podía hacer ella en medio de todos, que de alguna forma eran camaradas?.
Sintió la suave caricia de las rudas manos adorando sus pies, la delicadeza con
que le quitaban los zapatos, y el suave masaje relajante, que esos dedos fuertes
le realizaban, disfruto del momento en su ensoñación. Pensando sin mirar en la
cara de felicidad del que le otorgaba sus favores. Su calor interno aumentaba, a
la vez que sentía la humedad de los dedos de sus pies bajo la fina seda de las
medias. No podía concretar con certeza la duración de las caricias, ni cuando
pasaron a recorrer la parte interior de sus muslos.
Pensaba en la postura en que debía estar el hombre, sintiendo
una pierna flotando en el aire con un mínimo punto de apoyo. La humedad de la
lengua siguió hasta tocar la carne por encima de la banda de encajes, y rozo la
tela de la braga. Siguió
con los ojos entornados disfrutando en la lejanía de sus sueños la caricia. Se
corrió sin abrir los ojos dejándose hacer. En silencio. Noto que le quitaban las
bragas, y empezó a pensar en las poyas de los trabajadores, en su paso había
intentado quedarse con las caras, y ahora en su pensamiento veía todas fundidas
en una imagen, la rudeza.
Volvió a excitarse mucho, y la lengua la relajo de esa
excitación hasta que volvió a correrse. Quedo encerrada en el tiempo de nuevo.
La despertaron unos empellones del conductor, nadie mas
quedaba en el autobús. Lo vio mirando su cuerpo, con la falda enrollada en su
cintura, por un momento le paso por la cabeza que todos habían desfilado ante su
semidesnudez, y que
hasta el conductor se la había pelado a su salud. No le importo mucho, se
levanto,
recompuso sus ropas y salió. Se encontraba allí en lugar parecido al que se
había subido pero ahora sin bragas.
Miro a un lado y a otro, intentando reconocer algo que evidentemente no conocía,
la
céntrica estación se había quedado solitaria, solo ella y las brumas que subían
al amparo de la cansina luz de las farolas. Se encamino cuesta arriba hacia lo
que parecía el resplandor de un luminoso anunciando una marca de cerveza. Poco a
poco se fueron escuchando las voces subidas de tono, escupidas con grosería.
Empujo la puerta y bajo los dos peldaños que daban paso a un local sucio y con
el suelo lleno de serrín. Llegaba a ella el olor de comida caliente, y eso ya
era mucho. La ultima oportunidad del día. Escucho los cuchicheos de varios
parroquianos, donde salía la palabra autobús a la vez que los ojos la devoraban.
Tras la barra el camarero se relamía por tan ilustre clienta. Y en la ultima
mesa un comensal, le mostraba una tela de encaje negro, lo llevaba a su nariz y
lo volvía a mostrar, se imaginaba de quien eran.
La invito a que lo acompañase en su mesa y con un gesto al
camarero le pidió otro plato. Tras la rudeza del disfraz se encontraba un hombre
cultivado, donde a veces brillaba una sonrisa cínica.
Sussan sonrio para sus adentros, penso que era alguien como
ella, un personaje fuera de esa historia.
Mientras cenaba no podía dejar de sentir como las miradas que
se encontraban
a su espalda la desnudaban. Notaba el celo de los hombres, le recordaba escenas
de montería, la berrea concretamente y eso la calentaba. A cada cucharada de
sabor
contundente de comida casera, el local se aligeraba. Quedaba su acompañante el
dueño y dos tipos que parecían tener apego a sus sillas. Bajaron la persiana
aislando los sentimientos del mundo exterior. Creyó ver en el rostro del hombre
gestos de
afirmación. La calenturienta fantasía de Sussan comenzó a volar acompañada del
sabor de tinto de frasca. Penso en unas manos que separaban sus piernas, que
desabrochaban su falda, que la levantaban. Seguía comiendo en silencio, se
dejaba hacer.
Disfrutaba de su silencio, de sentirse objeto. Paseo sus caderas desnudas por un
angosto pasillo con olor a orín. Su presencia refresco un cuartucho oscuro
amueblado por cajas de bebidas y un camastro raído. Frente a ella sentados en
improvisados
taburetes estaban los tres hombres mirándola de frente, contemplando su
desnudez. Se quedo inmóvil, desnuda de cintura para abajo, con el bolso colgado
de su hombro, impasible, disfrutando de su silencio. Se dejo hacer cuando el
cuarto hombre, su acompañante, se acerco por detrás acariciando con su bragueta
las desnudas nalgas. Las manos quitaron la blusa, con brusquedad separaron sus
piernas. Se sonrojo al notar como subía el olor de su entrepierna. El sujetador
dejo de presionar su carne. Todo corría demasiado, solo su silencio permanecía
pausado. Miro a los espectadores del strip tease forzado recrearse con cada
movimiento, cuando alzaba sus pechos, cuando tiraba de sus pezones, cuando
presionada desde atrás adelantaba su pubis. El sentirse exhibida, dirigida era
lo que mas le excitaba. Se notaba a punto, cualquier rozamiento en su coño
terminaría en orgasmo, las manos jugaban con ella, subían por los muslos,
bajaban por las caderas, todo salvo el triángulo era mimado. La empujo hasta el
jergón quedando arrodillada a cuatro patas. De reojo vio como de alguna forma se
jugaban los turnos de poseerla. Primero su anfitrión, basto conque apoyase su
poya en la raja para disfrutar del primer orgasmo. Se encerró de nuevo en su
silencio y se dejo hacer, usar.
Nada importaba ya, solo sentir, sin saber que ni como, solo su silencio.
Fueron tomándola por turnos, por cada uno de los agujeros, al principio por
separado con cierto pudor, después juntos. Tras el primer envite el acompañante
de la cena se retiro y dejo hacer a los otros tres, el se quedo mirando desde
los taburetes, disfrutando del espectáculo. También disfrutando del silencio que
las palabras soeces y los bufidos encierran. Después de mucho rato cuando los
hombres estuvieron saciados se fueron retirando, agradeciendo la fiesta que les
había proporcionado el otro. Cuando quedaron solos Sussan se abrazo al hombre,
lo beso y este le devolvió los besos.
- Feliz cumpleaños cariño.
- Gracias - dijo Sussan rompiendo su silencio. - Ha merecido la pena la semana
de
separación para esta puesto en escena. Me ha encantado, no saber nada, tener que
guiarme por mis instintos. Y si me hubiese equivocado de autobús?
Otra ciudad para olvidar......