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 TODORELATOS.COM Fecha: 08 de Octubre, 2008.
Fecha: 22-Sep-03 « Anterior | Siguiente » en Dominación (571 de 3442)

Diana

Daryus
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En los albores de la tierra cuando los hombres se disputaban la comida contra las bestias , cuando los elementos eran hostiles y arrasaban a su antojo, cuando los dioses todavía crueles se mezclaban con ellos, ocurrió esta historia. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a Ver ficha del autor

Diana

En los albores de la tierra cuando los hombres se disputaban la comida contra las bestias , cuando los elementos eran hostiles y arrasaban a su antojo, cuando los dioses todavía crueles se mezclaban con ellos, ocurrió esta historia.

Un paisaje agreste se abría en el horizonte, escarpadas montañas salpicadas de bosques impenetrables, oscuros y húmedos. En un claro, una tribu de temidas mujeres guerreras celebraban cónclave alrededor de la hoguera. Diana la reina lo había convocado, se aproximaba la 8 luna, la que hace madurar la uva, según sus costumbres era la apropiada para aparearse.

En la tribu solo vivían mujeres, tan solo 6 hombres habitaban con ellas, Anuk el curandero, Ulrrik el cantor y poeta, Biojk el encargado de los caballos. Los otros tres sin cualificar se encargaban de los trabajos pesados. Todos ellos después de haber sido capturados y utilizados como sementales les habían perdonado la vida por sus cualidades, no obstante todos habían sido capados, sus atributos sexuales les habían sido extirpados. Una sociedad cruel donde sus ancestrales costumbres regían la vida cotidiana.

Donde los niños recién nacidos, eran aplastados contra la roca por el simple hecho de haber nacido niños. Una sociedad donde tan solo una vez al año se les permitía estar en celo. Y durante ese breve periodo de tiempo podían disfrutar del macho. Durante el restante tenían que apañárselas entre ellas , y con los artilugios que conseguían fabricar a base de maderas nobles, y cuernos de animales. Juegos placenteros, pero nada comparable a la carne viva y a los cambios de ritmo que el macho producía.

Ese era el motivo de la excitación y la algarabía que recorría todo el poblado. Erika era una jovenzuela, que acababa de pasar las pruebas para ser considerada guerrera, ya podía luchar y podía procrear, esta luna participaría de los festines. Ulrrik la admiraba en secreto desde hacia tiempo, su altivez , su garbo al andar, se le antojaba que algún día lucharía por ser la Reina, pero para eso quedaban muchas estaciones. Diana era todavía joven , bella y poderosa, había quien decía que era el resultado de un cruce de una mujer con un Dios. Pero sus desvelos eran para Erika. Adoraba sus pies , sus pasos, la tierra que pisaba, a veces la recogía para dormir cerca de ella. Cuantas noches soñaba.... atado como un animal en el establo, su dueña Erika cepillándolo y adiestrándolo fusta en mano, y el feliz saltando a la primera orden, como lo marcaba con el hierro al rojo y después lo montaba a pelo, solo pensar en el roce del pelo coño de ella sobre su espalda lo hacia estremecer, y mas todavía cuando cabalgando sobre el, salía a la hoguera para que todas vieran a su dueña como lo dominaba, como controlaba sus movimientos, otras veces le permitía después de venir de cazar, quitar las altas botas de piel de cabritilla, y con su lengua lamer y chupar esos dedos, esos pies cansados después de una larga jornada. Pero solo eran sueños.

Una vez le había preguntado a Anuk que llevaba mucho tiempo con ellas si se podía concebir una vida sin ser macho. Anuk, le había respondido que el verdadero placer no radica en el miembro sino en el cerebro y eso no no lo pueden quitar si no es junto con la vida. Desde entonces se refugiaba en sus pensamiento y sus sueños, aunque había muchas mujeres donde inspirarse siempre terminaba pensando en Erika, que ajena a el continuaba sin saberlo su adiestramiento para ser reina, incluida la crueldad, eso era lo que le atraía de ella.

Diana en el centro de la reunión después de haber expuesto el tema, se adormilaba escuchando un bullicio sin orden de ningún tipo, todas hablaban a la vez y nadie entendía nada. Ella también soñaba , soñaba con Ulrrik. Había sido suyo cuando lo cogieron, durante toda el tiempo que duro la luna lo tuvo en exclusiva para ella, cinco amaneceres con sus ocasos, de lujuria desenfrenada, le había dolido mucho tener que caparlo, pero era la reina y tenia que dar ejemplo. Ahora soñaba con el , de una manera diferente, pensaba en su fuerte mano agarrándola del pelo arrastrándola hasta un tronco viejo , como con la otra mano le arrancaba la ropa sin contemplaciones, la apoyaba sobre el tronco y la poseía , de una manera ruda obligándola, podía percibir como la corteza reseca del árbol erosionaba su piel, como se le clavaba en sus carnes, como su piel se desprendía de su cuerpo, cuanto dolor, cuanto placer, entre embestida y embestida, el placer que le proporcionaba ese dolor.

Otras veces soñaba que le ataba entre dos arboles paralelos en cruz, colgada a casi tres metros del suelo, el montado a caballo cabalgando, con una vara de fresno recién cortada la golpeaba, sentía como la vara se retorcía, se flexionaba y quedaba pegada a su cuerpo recorriéndolo en dolorosa caricia, una y otra vez, a cada vuelta del caballo un nuevo golpe, un caballo incansable curtido en mil batallas. Después de un golpe certero con su espada iba cortando las cuerdas hasta que ella caía , y el con habilidad la recogía , la ponía delante de el en el caballo a toda velocidad la penetraba, indefensa dolorida por los golpes. Primero por el coño, y luego por su estrecho canal trasero de forma brutal hasta hacerla sangrar. Intentaba quitar esos sueños de su mente, no podía ser una Reina de las Amazonas no podía tener esa clase de sueños. Pero la realidad era distinta cada vez eran mas frecuentes.

Ajenos a lo que allí acontecía una tribu mixta , en otro claro de otro bosque festejaba al amparo de la oscuridad de la noche al tibio calor de la hoguera, esta tribu promiscua, sin ningún rechazo hacia el sexo, lo comtemplaba de forma normal, todos pernoctaban con todos, tan solo el jefe tenia hembras en exclusiva para el. Solo un tabú regia sus designios, los adultos no podían aprovecharse de jóvenes menores a 13 inviernos, pero estos si podían tocar y juguetear con los atributos de los mayores sin ser reprendidos. La que ejercía de sacerdotisa estaba ocupada con los tres jóvenes que aspiraban a ser adultos, uno de los jóvenes estaba tumbado sobre un pequeño banco hecho con ramajes, sobre el , mas exactamente sobre su miembro , se encontraba a horcajadas la sacerdotisa , detrás de ella otro de los jóvenes utilizaba el agujero que quedaba libre , el otro de los jóvenes delante se dejaba hacer por la boca de la mujer. Cerca de esta escena, todos los demás de la tribu hacían lo propio en acalorada orgía, el jefe un poco mas apartado disfrutaba del placer y las atenciones que le proporcionaban tres de sus mujeres.

En el tótem un tronco de ébano pulido, tallado con la imagen del dios de la fertilidad, con un imponente miembro viril erecto estaba atada una mujer, la punta del miembro penetraba en sus carnes, su peso hacia que poco a poco su vagina se dilatara y la penetración mas profunda, había sido cogida con un bello mozalbete que no llegaba a la edad requerida, los niños ajenos a la orgía que esta aconteciendo junto a la hoguera martirizaban a la mujer, uno con pinchos, los clavaban en sus pechos con saña hasta hacerla sangrar, otro con ramas de ortigas recorría sus muslos y lo que de su entrepierna se podía acceder, otros cortaban ramas y la azotaban. Los niños con diminutos penes se masturbaban y salpicaban con su semen a la mujer, las niñas curiosas miraban sin perder detalle lo que los niños hacían, y entre risas se tocaban y retozaban entre ellas. Cándidas y crueles criaturas es lo que estaría pensando la mujer. El suplicio estaba siendo excesivamente cruel y doloroso.

Las exploradoras habían vuelto al poblado y daban cuenta de sus pesquisas a su reina. El objetivo estaba marcado en muy poco tiempo llegarían allí, cogiendo desprevenidos a sus presas. La consigna era clara, solo los hombres sanos y fuertes, los que sean capaces de procrear. La algarabía aumentaba de tono, se gritaban al viento consignas de guerra, ya no había vuelta atrás. Anuk el curandero había preparado la pócima, un bebedizo dulzón y pastoso, que les proporcionaba euforia y una energía inagotable. Al grito de Diana todas subieron a los caballos y se prepararon para el ataque, Diana miro a Ulrrik, a la vez que este miraba los pies de Erika.

Cayeron en tromba sobre la descuidada aldea , los mas serenos corrieron a por sus armas, las flechas silbaban sobre sus cabezas, algunas certeras las traspasaban de lado a lado, la imagen era patética. Los gritos comenzaban, la angustia de morir sin saber por que o por quien. La sangre salpicaba por doquier, las volutas de humo precedían las llamas que brotaban de las rústicas chozas. En seguida infinidad de hogueras iluminaban la escena. Las amazonas dominadoras del arte de la guerra , solo abatian a los débiles, a los que intentaban huir o les plantaban cara de forma seria y peligraba sus vidas, a los demás les golpean con la parte ancha de la espada para dejarlos inconscientes. Los niños corrían despavoridos, las mujeres se arremolinaban en torno al Tótem. De la misma forma que empezó todo acabo , rápido.

Los hombres que empezaban a tomar consciencia eran maltratados, apaleados por sus captoras, les ataban las manos a la espalda, y los unían entre si atando el cuello del primero con la pierna derecha del que le seguía y así sucesivamente aumentaba la cadena humana. Cada paso del de delante era un tirón de cuello del de atrás , les obligaba a llevar un ritmo en su andar y a preocuparse exclusivamente de ese ritmo. Alguien grito, hay que matar a los niños y a las mujeres , todas corrían blandiendo sus espadas hacia donde las desgraciadas permanecían hacinadas. La voz seca y dura de su Reina las detuvo. Dejazlos en paz, tienen que procrear para que podamos volver otra vez. La caravana con Diana a la cabeza regresaba , las mas jóvenes se apeaban de sus caballos, se colocaban al lado de los hombres , con sus afilados cuchillos rasgaban la ropa hasta que estos quedaban despojados del ultimo jirón. Vencidos , apaleados, humillados y ahora desnudos. Con curiosidad tocaban los miembros, diminutos ahora debido al miedo y la humillación , se jactaban y se miraban entre cómplices risitas. La captura les había salido bien, de los 100 machos, por lo menos 70 eran de primera, los otros servirían para iniciar a las mas jóvenes.

Por riguroso orden de jerarquía iba cogiendo cada amazona a su semental, tan solo las ultimas del escalafón tendrían que compartir alguno. Primero fue Diana, busco al mas fuerte, al mas inquieto, al que parecía mas rudo. Lo asearon y lo llevaron a su choza. Los primeros instantes fueron de desconfianza, ella deseaba que fuera duro que la obligara, empezaba a desnudarse de forma provocativa, el hombre arrodillado en medio de la estancia con las manos atadas a la espalda esperaba, Diana soltó las ataduras del hombre con cierto miedo y cierto placer entremezclados, se puso en pie, su apéndice masculino había crecido, se alzaba amenazador, exultante, descomunal. La reina callo arrodillada ante esa maravilla, toco y chupo, tuvo dificultades para meterla en su boca, ahora ella era la esclava y el, el Amo .

Pareció comprender lo que se esperaba de el, ajeno al futuro que le esperaba se centro en el momento, sujeto la cabeza de la mujer con las dos manos y con un movimiento de caderas introdujo el voluminoso miembro en la boca de ella , de una forma profunda, le llegaba a la garganta, la llenaba, ella con la lengua hacia lo que podía, pasados unos momentos el aire le faltaba, los síntomas de asfixia eran patentes, no se quejo en absoluto parecía querer morir de esa manera, el hombre se la saco , la agarro del pelo y la estrello contra el camastro boca arriba, levantando los pies de ella hasta sus hombros, se acomodo a la altura justa , para poder penetrar en esa posición, de un solo golpe se abrió paso en la lubricada vagina, pese a los jugos la ruda penetración rasgo los tejidos de la mujer , ese dolor es lo que esperaba lo que buscaba, su orgasmo bestial no se hizo esperar, el hombre envalentonado por la falta de quejas siguió practicando la brutal penetración.

Diana recordó su sueño del caballo y su culo comenzó a palpitarle queria ordenarle que se la metiera por detrás , no se atrevía a hablar, había conseguido el clima que tanto deseaba, ser usada , utilizada sin tener que ordenarlo, como siempre había tenido que hacer. Pareció leer sus pensamientos, con un gesto brusco se salió, le agarro los dos pies a la vez y la volteo, la dejo arrodillada sobre el camastro la cabeza hundida, el hombre se recreaba de ese momento , se creía el Rey , una mujer tan fantástica a sus pies dispuesta a cumplir todos sus caprichos, empezó a meter el descomunal miembro en el ano de Diana , ella intentaba separar su pelvis al máximo, para poder alojar dentro todo lo que el le ofrecía, sintió el dolor que producía al introducirse, como su carne se abría en el sentido literal de la palabra, como hilillos de sangre le corrían por sus muslos, un leve gemido mezclado de forma débil con una palabra , mas, se oía de ruido de fondo. Por encima de los gemidos , con un tono mas fuerte y gutural se oían los bramidos del macho a punto de terminar su penetración, todo a cabo , Diana exhausta , dolorida, desecha se vistió y salió , dos de las guardia entraron y volvieron a atar al macho.

Ella se dirigió a un estanque cercano , la luna en el cielo iluminaba la tibia noche, se reflejaba sobre las oscuras aguas. Tímidamente se metió y se lavo recreando lo que acababa de hacer disfrutándolo ahora mas tranquila, mas despacio , asimilando y saboreando cada uno de los momentos anteriores. Erika a pesar de ser la ultima en llegar se las había apañado para tener un macho para ella sola, no era una maravilla pero no se podía quejar. Lo tenia atado en el camastro de su choza, boca arriba cada extremidad junto a una de las patas, los ojos vendados un trozo de piel en la boca, se recreaba recorriendo el cuerpo con la punta de su cuchillo, lo amenazaba, solo tienes cinco días para vivir perro, cinco días para darme placer , para que tu simiente me fecunde, después morirás, lo mejor de todo es que no te quedara mas remedio que hacerlo, mira tu polla como crece, es ajena a tus sentimientos, tiene vida propia, tu no deseas satisfacerme pero ella si.

Diciendo esto se sentó sobre el, agarrando la bolsa de sus huevos con una mano obligo y dirigió la polla hasta su coño que introdujo sin miramientos, ella con su mano controlaba las embestidas, marcaba el ritmo de la penetración, con la otra mano manejaba el cuchillo por el pecho del perro que le había tocado en suerte, causándole pequeños y profundos cortes que hacían manar la sangre, se recreaba ante la visión del liquido rojo, se tumba y frotaba sus incipientes pechos sobre el tórax de el , pretaba con mas saña la bolsa del escroto, el gesto del hombre era de dolor , de un dolor extremo, ella disfrutaba su primer hombre , le hubiera encantado cortarle el cuello al llegar al orgasmo, se contuvo aun le tenia que durar cuatro días mas, cuando termino , le quito la piel de la boca y salió, se dirigió al estanque , allí se encontró con Diana , vio como se masturbaba y se intereso, despacio se acerco, se quedo mirando un momento hasta que reunió el valor necesario para alargar la mano y tocar el sexo de su Reina, esta en un principio se asusto , pero pasado este primer momento se dejo hacer, la mano fue sustituida por la boca, que lamió y chupo su dolorida vulva hasta llevarla otra vez a las puertas del cielo, al fin era su destino, el sueño de Erika siempre había sido Diana, pertenecerle, ser suya, servirle. Este era el motivo de su crueldad extrema hacia los hombres. Las dos abrazadas quedaron dormidas , mecidas por los sonidos del bosque.

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