Diana
En los albores de la tierra cuando los hombres se disputaban
la comida contra las bestias , cuando los elementos eran hostiles y arrasaban a
su antojo, cuando los dioses todavía crueles se mezclaban con ellos, ocurrió
esta historia.
Un paisaje agreste se abría en el horizonte, escarpadas
montañas salpicadas de bosques impenetrables, oscuros y húmedos. En un claro,
una tribu de temidas mujeres guerreras celebraban cónclave alrededor de la
hoguera. Diana la reina lo había convocado, se aproximaba la 8 luna, la que hace
madurar la uva, según sus costumbres era la apropiada para aparearse.
En la tribu solo vivían mujeres, tan solo 6 hombres habitaban
con ellas, Anuk el curandero, Ulrrik el cantor y poeta, Biojk el encargado de
los caballos. Los otros tres sin cualificar se encargaban de los trabajos
pesados. Todos ellos después de haber sido capturados y utilizados como
sementales les habían perdonado la vida por sus cualidades, no obstante todos
habían sido capados, sus atributos sexuales les habían sido extirpados. Una
sociedad cruel donde sus ancestrales costumbres regían la vida cotidiana.
Donde los niños recién nacidos, eran aplastados contra la
roca por el simple hecho de haber nacido niños. Una sociedad donde tan solo una
vez al año se les permitía estar en celo. Y durante ese breve periodo de tiempo
podían disfrutar del macho. Durante el restante tenían que apañárselas entre
ellas , y con los artilugios que conseguían fabricar a base de maderas nobles, y
cuernos de animales. Juegos placenteros, pero nada comparable a la carne viva y
a los cambios de ritmo que el macho producía.
Ese era el motivo de la excitación y la algarabía que
recorría todo el poblado. Erika era una jovenzuela, que acababa de pasar las
pruebas para ser considerada guerrera, ya podía luchar y podía procrear, esta
luna participaría de los festines. Ulrrik la admiraba en secreto desde hacia
tiempo, su altivez , su garbo al andar, se le antojaba que algún día lucharía
por ser la Reina, pero para eso quedaban muchas estaciones. Diana era todavía
joven , bella y poderosa, había quien decía que era el resultado de un cruce de
una mujer con un Dios. Pero sus desvelos eran para Erika. Adoraba sus pies , sus
pasos, la tierra que pisaba, a veces la recogía para dormir cerca de ella.
Cuantas noches soñaba.... atado como un animal en el establo, su dueña Erika
cepillándolo y adiestrándolo fusta en mano, y el feliz saltando a la primera
orden, como lo marcaba con el hierro al rojo y después lo montaba a pelo, solo
pensar en el roce del pelo coño de ella sobre su espalda lo hacia estremecer, y
mas todavía cuando cabalgando sobre el, salía a la hoguera para que todas vieran
a su dueña como lo dominaba, como controlaba sus movimientos, otras veces le
permitía después de venir de cazar, quitar las altas botas de piel de
cabritilla, y con su lengua lamer y chupar esos dedos, esos pies cansados
después de una larga jornada. Pero solo eran sueños.
Una vez le había preguntado a Anuk que llevaba mucho tiempo
con ellas si se podía concebir una vida sin ser macho. Anuk, le había respondido
que el verdadero placer no radica en el miembro sino en el cerebro y eso no no
lo pueden quitar si no es junto con la vida. Desde entonces se refugiaba en sus
pensamiento y sus sueños, aunque había muchas mujeres donde inspirarse siempre
terminaba pensando en Erika, que ajena a el continuaba sin saberlo su
adiestramiento para ser reina, incluida la crueldad, eso era lo que le atraía de
ella.
Diana en el centro de la reunión después de haber expuesto el
tema, se adormilaba escuchando un bullicio sin orden de ningún tipo, todas
hablaban a la vez y nadie entendía nada. Ella también soñaba , soñaba con
Ulrrik. Había sido suyo cuando lo cogieron, durante toda el tiempo que duro la
luna lo tuvo en exclusiva para ella, cinco amaneceres con sus ocasos, de lujuria
desenfrenada, le había dolido mucho tener que caparlo, pero era la reina y tenia
que dar ejemplo. Ahora soñaba con el , de una manera diferente, pensaba en su
fuerte mano agarrándola del pelo arrastrándola hasta un tronco viejo , como con
la otra mano le arrancaba la ropa sin contemplaciones, la apoyaba sobre el
tronco y la poseía , de una manera ruda obligándola, podía percibir como la
corteza reseca del árbol erosionaba su piel, como se le clavaba en sus carnes,
como su piel se desprendía de su cuerpo, cuanto dolor, cuanto placer, entre
embestida y embestida, el placer que le proporcionaba ese dolor.
Otras veces soñaba que le ataba entre dos arboles paralelos
en cruz, colgada a casi tres metros del suelo, el montado a caballo cabalgando,
con una vara de fresno recién cortada la golpeaba, sentía como la vara se
retorcía, se flexionaba y quedaba pegada a su cuerpo recorriéndolo en dolorosa
caricia, una y otra vez, a cada vuelta del caballo un nuevo golpe, un caballo
incansable curtido en mil batallas. Después de un golpe certero con su espada
iba cortando las cuerdas hasta que ella caía , y el con habilidad la recogía ,
la ponía delante de el en el caballo a toda velocidad la penetraba, indefensa
dolorida por los golpes. Primero por el coño, y luego por su estrecho canal
trasero de forma brutal hasta hacerla sangrar. Intentaba quitar esos sueños de
su mente, no podía ser una Reina de las Amazonas no podía tener esa clase de
sueños. Pero la realidad era distinta cada vez eran mas frecuentes.
Ajenos a lo que allí acontecía una tribu mixta , en otro
claro de otro bosque festejaba al amparo de la oscuridad de la noche al tibio
calor de la hoguera, esta tribu promiscua, sin ningún rechazo hacia el sexo, lo
comtemplaba de forma normal, todos pernoctaban con todos, tan solo el jefe tenia
hembras en exclusiva para el. Solo un tabú regia sus designios, los adultos no
podían aprovecharse de jóvenes menores a 13 inviernos, pero estos si podían
tocar y juguetear con los atributos de los mayores sin ser reprendidos. La que
ejercía de sacerdotisa estaba ocupada con los tres jóvenes que aspiraban a ser
adultos, uno de los jóvenes estaba tumbado sobre un pequeño banco hecho con
ramajes, sobre el , mas exactamente sobre su miembro , se encontraba a
horcajadas la sacerdotisa , detrás de ella otro de los jóvenes utilizaba el
agujero que quedaba libre , el otro de los jóvenes delante se dejaba hacer por
la boca de la mujer. Cerca de esta escena, todos los demás de la tribu hacían lo
propio en acalorada orgía, el jefe un poco mas apartado disfrutaba del placer y
las atenciones que le proporcionaban tres de sus mujeres.
En el tótem un tronco de ébano pulido, tallado con la imagen
del dios de la fertilidad, con un imponente miembro viril erecto estaba atada
una mujer, la punta del miembro penetraba en sus carnes, su peso hacia que poco
a poco su vagina se dilatara y la penetración mas profunda, había sido cogida
con un bello mozalbete que no llegaba a la edad requerida, los niños ajenos a la
orgía que esta aconteciendo junto a la hoguera martirizaban a la mujer, uno con
pinchos, los clavaban en sus pechos con saña hasta hacerla sangrar, otro con
ramas de ortigas recorría sus muslos y lo que de su entrepierna se podía
acceder, otros cortaban ramas y la azotaban. Los niños con diminutos penes se
masturbaban y salpicaban con su semen a la mujer, las niñas curiosas miraban sin
perder detalle lo que los niños hacían, y entre risas se tocaban y retozaban
entre ellas. Cándidas y crueles criaturas es lo que estaría pensando la mujer.
El suplicio estaba siendo excesivamente cruel y doloroso.
Las exploradoras habían vuelto al poblado y daban cuenta de
sus pesquisas a su reina. El objetivo estaba marcado en muy poco tiempo
llegarían allí, cogiendo desprevenidos a sus presas. La consigna era clara, solo
los hombres sanos y fuertes, los que sean capaces de procrear. La algarabía
aumentaba de tono, se gritaban al viento consignas de guerra, ya no había vuelta
atrás. Anuk el curandero había preparado la pócima, un bebedizo dulzón y
pastoso, que les proporcionaba euforia y una energía inagotable. Al grito de
Diana todas subieron a los caballos y se prepararon para el ataque, Diana miro a
Ulrrik, a la vez que este miraba los pies de Erika.
Cayeron en tromba sobre la descuidada aldea , los mas serenos
corrieron a por sus armas, las flechas silbaban sobre sus cabezas, algunas
certeras las traspasaban de lado a lado, la imagen era patética. Los gritos
comenzaban, la angustia de morir sin saber por que o por quien. La sangre
salpicaba por doquier, las volutas de humo precedían las llamas que brotaban de
las rústicas chozas. En seguida infinidad de hogueras iluminaban la escena. Las
amazonas dominadoras del arte de la guerra , solo abatian a los débiles, a los
que intentaban huir o les plantaban cara de forma seria y peligraba sus vidas, a
los demás les golpean con la parte ancha de la espada para dejarlos
inconscientes. Los niños corrían despavoridos, las mujeres se arremolinaban en
torno al Tótem. De la misma forma que empezó todo acabo , rápido.
Los hombres que empezaban a tomar consciencia eran
maltratados, apaleados por sus captoras, les ataban las manos a la espalda, y
los unían entre si atando el cuello del primero con la pierna derecha del que le
seguía y así sucesivamente aumentaba la cadena humana. Cada paso del de delante
era un tirón de cuello del de atrás , les obligaba a llevar un ritmo en su andar
y a preocuparse exclusivamente de ese ritmo. Alguien grito, hay que matar a los
niños y a las mujeres , todas corrían blandiendo sus espadas hacia donde las
desgraciadas permanecían hacinadas. La voz seca y dura de su Reina las detuvo.
Dejazlos en paz, tienen que procrear para que podamos volver otra vez. La
caravana con Diana a la cabeza regresaba , las mas jóvenes se apeaban de sus
caballos, se colocaban al lado de los hombres , con sus afilados cuchillos
rasgaban la ropa hasta que estos quedaban despojados del ultimo jirón. Vencidos
, apaleados, humillados y ahora desnudos. Con curiosidad tocaban los miembros,
diminutos ahora debido al miedo y la humillación , se jactaban y se miraban
entre cómplices risitas. La captura les había salido bien, de los 100 machos,
por lo menos 70 eran de primera, los otros servirían para iniciar a las mas
jóvenes.
Por riguroso orden de jerarquía iba cogiendo cada amazona a
su semental, tan solo las ultimas del escalafón tendrían que compartir alguno.
Primero fue Diana, busco al mas fuerte, al mas inquieto, al que parecía mas
rudo. Lo asearon y lo llevaron a su choza. Los primeros instantes fueron de
desconfianza, ella deseaba que fuera duro que la obligara, empezaba a desnudarse
de forma provocativa, el hombre arrodillado en medio de la estancia con las
manos atadas a la espalda esperaba, Diana soltó las ataduras del hombre con
cierto miedo y cierto placer entremezclados, se puso en pie, su apéndice
masculino había crecido, se alzaba amenazador, exultante, descomunal. La reina
callo arrodillada ante esa maravilla, toco y chupo, tuvo dificultades para
meterla en su boca, ahora ella era la esclava y el, el Amo .
Pareció comprender lo que se esperaba de el, ajeno al futuro
que le esperaba se centro en el momento, sujeto la cabeza de la mujer con las
dos manos y con un movimiento de caderas introdujo el voluminoso miembro en la
boca de ella , de una forma profunda, le llegaba a la garganta, la llenaba, ella
con la lengua hacia lo que podía, pasados unos momentos el aire le faltaba, los
síntomas de asfixia eran patentes, no se quejo en absoluto parecía querer morir
de esa manera, el hombre se la saco , la agarro del pelo y la estrello contra el
camastro boca arriba, levantando los pies de ella hasta sus hombros, se acomodo
a la altura justa , para poder penetrar en esa posición, de un solo golpe se
abrió paso en la lubricada vagina, pese a los jugos la ruda penetración rasgo
los tejidos de la mujer , ese dolor es lo que esperaba lo que buscaba, su
orgasmo bestial no se hizo esperar, el hombre envalentonado por la falta de
quejas siguió practicando la brutal penetración.
Diana recordó su sueño del caballo y su culo comenzó a
palpitarle queria ordenarle que se la metiera por detrás , no se atrevía a
hablar, había conseguido el clima que tanto deseaba, ser usada , utilizada sin
tener que ordenarlo, como siempre había tenido que hacer. Pareció leer sus
pensamientos, con un gesto brusco se salió, le agarro los dos pies a la vez y la
volteo, la dejo arrodillada sobre el camastro la cabeza hundida, el hombre se
recreaba de ese momento , se creía el Rey , una mujer tan fantástica a sus pies
dispuesta a cumplir todos sus caprichos, empezó a meter el descomunal miembro en
el ano de Diana , ella intentaba separar su pelvis al máximo, para poder alojar
dentro todo lo que el le ofrecía, sintió el dolor que producía al introducirse,
como su carne se abría en el sentido literal de la palabra, como hilillos de
sangre le corrían por sus muslos, un leve gemido mezclado de forma débil con una
palabra , mas, se oía de ruido de fondo. Por encima de los gemidos , con un tono
mas fuerte y gutural se oían los bramidos del macho a punto de terminar su
penetración, todo a cabo , Diana exhausta , dolorida, desecha se vistió y salió
, dos de las guardia entraron y volvieron a atar al macho.
Ella se dirigió a un estanque cercano , la luna en el cielo
iluminaba la tibia noche, se reflejaba sobre las oscuras aguas. Tímidamente se
metió y se lavo recreando lo que acababa de hacer disfrutándolo ahora mas
tranquila, mas despacio , asimilando y saboreando cada uno de los momentos
anteriores. Erika a pesar de ser la ultima en llegar se las había apañado para
tener un macho para ella sola, no era una maravilla pero no se podía quejar. Lo
tenia atado en el camastro de su choza, boca arriba cada extremidad junto a una
de las patas, los ojos vendados un trozo de piel en la boca, se recreaba
recorriendo el cuerpo con la punta de su cuchillo, lo amenazaba, solo tienes
cinco días para vivir perro, cinco días para darme placer , para que tu simiente
me fecunde, después morirás, lo mejor de todo es que no te quedara mas remedio
que hacerlo, mira tu polla como crece, es ajena a tus sentimientos, tiene vida
propia, tu no deseas satisfacerme pero ella si.
Diciendo esto se sentó sobre el, agarrando la bolsa de sus
huevos con una mano obligo y dirigió la polla hasta su coño que introdujo sin
miramientos, ella con su mano controlaba las embestidas, marcaba el ritmo de la
penetración, con la otra mano manejaba el cuchillo por el pecho del perro que le
había tocado en suerte, causándole pequeños y profundos cortes que hacían manar
la sangre, se recreaba ante la visión del liquido rojo, se tumba y frotaba sus
incipientes pechos sobre el tórax de el , pretaba con mas saña la bolsa del
escroto, el gesto del hombre era de dolor , de un dolor extremo, ella disfrutaba
su primer hombre , le hubiera encantado cortarle el cuello al llegar al orgasmo,
se contuvo aun le tenia que durar cuatro días mas, cuando termino , le quito la
piel de la boca y salió, se dirigió al estanque , allí se encontró con Diana ,
vio como se masturbaba y se intereso, despacio se acerco, se quedo mirando un
momento hasta que reunió el valor necesario para alargar la mano y tocar el sexo
de su Reina, esta en un principio se asusto , pero pasado este primer momento se
dejo hacer, la mano fue sustituida por la boca, que lamió y chupo su dolorida
vulva hasta llevarla otra vez a las puertas del cielo, al fin era su destino, el
sueño de Erika siempre había sido Diana, pertenecerle, ser suya, servirle. Este
era el motivo de su crueldad extrema hacia los hombres. Las dos abrazadas
quedaron dormidas , mecidas por los sonidos del bosque.