Utilizamos cookies propias y de terceros para prestar nuestros servicios y mostrar publicidad relacionada con sus preferencias.
Si continua navegando, consideramos que acepta su uso. Puede obtener más información, o bien conocer cómo cambiar la configuración, en nuestra Política de cookies.
Usuario:
 Contraseña:
 CREAR CUENTA  Recordar Clave  Ayuda
 4.824 Usuarios Conectados [ Contactos ] [ Comunidad de Cams ] [ Twitter TodoRelatos ]  1.451.348 Miembros | 19.163 Autores | 97.102 Relatos 
Fecha: 11-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Lésbicos

Una tumba vacía Parte 1, cap 6,7,8 y 9

sadcuore
Accesos: 1.662
Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 33 min. ]
 -   + 
Puede que no volviera a verla, puede que todo esto que estaba pasando fuera una ilusión porque la extraño, porque la necesito, porque es la única persona que ha estado ahí cuando nadie más ha estado, porque nunca más estará, no sé las razones, pero ahí estaba yo, entre la vida y muerte... Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Capítulo 6

     Estaba ensimismada en la cama, sola, de nuevo, pero gracias a aquella inesperada visita sorpresa de ayer, me sentía un poco más feliz, un poco más entusiasmada, con un poco más de energía positiva. Tal vez ella tenía razón, estaba en un pozo sí, pero podía intentar salir en lugar de quedarme agazapada llorando esperando una cuerda que me saque.

     Miré mis bolsillos y encontré un par de monedas, espero que fueran suficientes para pagar un billete de autobús, debía de ir a la comisaría y encontrar como fuera a la detective Kowalczuk.

     No me detuve a desayunar, tampoco había cenado nada, pero estaba llena de energía, llena de adrenalina, mi nuevo sueño por encontrar a mi madre estaba alimentando mi cuerpo.

     Iba prácticamente corriendo cuando escuché una voz detrás de mí.

_ ¿A dónde vas?

     Era Emma.

_ Tenías razón_ dije deteniéndome en seco al verla.

_ Por supuesto_ me miró divertida_ Recuérdame en qué tengo razón esta vez.

     Sonreí ante su comentario, miré el reloj sobre la pared y vi que era demasiado tarde, no podía entretenerme, así que me di la vuelta y me dispuse a salir.

_ ¡Se me hace tarde!_ le dije.

_ Pero… ¿a dónde vas?_ me gritó.

_ A reunir piedras para salir del pozo_ dije sonriéndole justo antes de salir por la puerta_ ¡Suerte en tu examen!

Capítulo 7

     No dejo de temblar, tengo miedo, nervios en el estómago, ganas de vomitar… voy a volver a verla, después de… ¿Cuánto? ¿5 años? Creo… Se me hace un mundo todo, parece que por primera vez soy feliz, ojalá mi abuelita estuviera viva para verla también…

     El bus se detiene, y me bajo a prisa, poco es lo que me ha quedado, así que tendré que volver andando, pero la verdad no me importa si vuelvo con su dirección en mi bolsillo.  De hecho es todo más positivo desde que tomé las riendas de mi vida de nuevo, desde que decidí arañar los muros del pozo para conseguir una montaña de piedras a la que poder trepar… desde que me di cuenta, que si no lucho yo por mi vida, sino intento superar yo mis problemas, nadie lo hará por mí.

     No recuerdo haber sentido tanta alegría, puede que la haya percibido, hace mucho, hace demasiado… y es que no tuve una infancia feliz, de hecho la mayor parte de mi infancia se las llevó mi madre cuando se marchó, o mi mente lo borró todo, quién sabe.

     Me dirijo al mostrador y pregunto por la detective bajo la escrutadora mirada del que detrás de éste se hallaba.

_ ¿Puedo saber el por qué?

_ No_ le respondo… ¿por qué tienes que saber el por qué?_ Es algo privado.

_ ¿No tienes cita verdad?

_ ¿Hay que pedir cita para hablar con una persona?

_ Si es la detective sí, puede que no esté o se encuentre ocupada en algún caso.

_ ¿Y es el caso?

_ No_ dijo con tono seco y desafiante después de mirar una lista de turnos en la pared.

_ Pues dígale que estoy aquí.

_ Ya le he dicho que necesita cita previa.

_ Joder…_ digo entre regañadientes dándome la vuelta…

     Piensa, piensa, piensa… no te puedes ir así como así.

_ Una última cosa_ dije volviéndome de nuevo hacía él.

_ Dime

     Por un momento pensé en insultarle a falta de ideas para entrar, pero la escasa aparición de la detective durante segundos por la pequeña ventana de cristal que daba paso a las oficinas me detuvo y me colocó de vuelta al plan inicial.

_ ¿Tiene un vaso de agua?_ dije finalmente

_ ¿Disculpa?

_ Vengo caminando desde lejos para ver a la detective, y ya que no me vas a dejar verla me preguntaba si podrías al menos darme un vaso de agua.

     Yo creo que resultaba bastante evidente que mi plan era colarme, o al menos eso me lo parecía a mí. Tenía la sensación en todo momento que se iba a dar cuenta y que me iba a mandar a la mierda, en cambio, su respuesta fue otra muy diferente.

_ Espera un momento_ dijo mientras se alejaba hacía la máquina de agua que estaba situada en la esquina opuesta a la puerta de entrada al pasillo de las oficinas.

     Sentí como una extraña satisfacción inundaba mis sentidos, mi cara se tornó de un color rojizo y sin pensarlo dos veces, con cada paso con el que aquel cancerbero se alejaba de mí, mi dirección iba tomando otro rumbo… sentía como crecía la adrenalina dentro de mí.

     A pesar de que mis planes se iban cumpliendo, el miedo de que me pillaran se iba acrecentando. Mi cuerpo se relajó en el preciso instante en que las dos puertas que se balanceaban tras de mí se pararon y aquel policía no apareció tras ellas.

     Lo difícil estaba hecho, ahora tan solo quedaba encontrar su despacho. Ya había estado allí antes, así que creía que sería capaz de encontrarlo, o al menos eso pensaba, sería fácil. Y más a mi favor cuando apareció por detrás de una puerta con unas carpetas en las manos.

_ ¿Qué haces tú aquí? ¿Cómo te han dejado pasar?

_ El policía tan amable de la puerta me dejó pasar, le expliqué mi situación y lo que quería y me dijo que estaba usted aquí.

     Por unos segundos se quedó en silencio, dudaba de mis palabras, quien no… a pesar de que yo intentaba ser lo más persuasiva posible esta mujer estaba entrenada para identificar a los  mentirosos, y a mí se me notaba a lo lejos. Al final parece que quedó convencida con mis palabras o eso me hizo creer, total, no tenía nada de malo o prohibido atender a una chica sin cita ¿o sí? El caso es que me hizo pasar al despacho del que acababa de salir indicándome con una mano.

_ ¿Y bien? _ dijo antes de que me sentara.

_ Tengo que pedirle un favor_ dije intentando poner la voz dulce y delicada acompañada de unos ojos rogadores de gatito.

     De nuevo ese silencio de su parte… ¿a qué espera? ¿Continuo?

_ Necesito la dirección de mi madre.

_ ¿La dirección de qué?

_ Pues donde vive ahora.

     De nuevo ese silencio, sus ojos me miraron con curiosidad, incluso ladeó un poco su cabeza hacía la derecha, sin pronunciar palabra alguna, retiró su silla y se sentó frente de mí, y yo me senté también quedando a su altura.

_ Creo que no tengo lo que buscas.

_ Pero ¿lo puedes conseguir verdad?

     Ella se echó hacia atrás, dejando la silla a dos patas.

     Su mirada acompañada de la ausencia de palabras me desesperaba, intentaba mantenerme en calma, porque la vida si algo me ha enseñado es que la desesperación no lleva a ningún lado… aunque de hecho, eso en el baño fue lo que me ha llevado a esta situación.

     Al fin se decidió a contestarme.

_ No tenemos la dirección de tu madre.

_ ¿Por qué? ¿Cómo es posible que tengas fotos de ella y no tengas su dirección?

_ Tu madre participó en un programa de protección de mujeres maltratadas, le dieron una nueva identidad y una nueva dirección.

_ ¿Y la puedes conseguir?

_ Me temo que no. Este tipo de programas hacen desaparecer a las víctimas sin dejar la más mínima huella de su nuevo paradero. Es por la seguridad de ellas.

_ ¿Y mi seguridad?_ Es lo único que se me ocurría decir ante tal declaración.

_ Lo siento mucho… No manejo ese programa, no sé la razón por la cual te dejaron a ti, generalmente, si hay menores al cargo de la víctima, se protegen a todos.

_ ¿Me está diciendo que soy la puta excepción?_ intentaba mantenerme en calma.

_ Como te he dicho no sé las razones...

_ Gracias por nada_ dije levantándome de la silla.

    Me sentía por una parte molesta, muy molesta en realidad, me sentía más abandonada que nunca, más invisible, veía más absurda mi existencia... ¿acaso alguien de verdad se ha preocupado por mi?

     Salí del despacho justo cuando estaba llamando a la puerta el policía que estaba en el mostrador de la entrada, aunque no le presté la más mínima atención a sus regaños, y finalmente se quedó hablando y pidiéndole perdón a la detective.

     Sentí como la puerta de la comisaria cerró tras de mí, y de repente me encontré en medio de un bullicio de gente que caminaba de un lado a otro, que hablaban, que se reían, que daba igual lo mal que les fuera en el trabajo, o en la escuela tenían suerte porque tenían a donde ir, tenían una madre, un padre, unos hermanos, una esposa o unos hijos que siempre estarían ahí cuando lo necesitara... y yo ¿qué tenía? Nada... Me gustaría saber si toda esta gente que me rodea se sienten afortunados, si cuando sus mamás les ponen el plato de comida en la mesa les dan las gracias, si cuando su padre los arropa antes de dormir se sienten protegidos, si cuando su abuelita sonríe se dan cuenta de la suerte que tienen por cada día que ella está con ellos. Me encantaría vivir cualquiera de las vidas que ellos están viviendo ahora.

     Me puse a caminar hacía ningún lado, buscando llegar a ningún sitio, solamente por el placer de caminar, por el placer de sentir que podía hacerlo.

     ¿Qué sucederá ahora? ¿Ella sabrá que mi abuelita ha muerto? ¿Qué él está prácticamente muerto? ¿Sabrá que sigo viva? ¿Le importará a caso?

     Sin saber cómo, estuve horas caminando, tantas horas, que el sol ya se había marchado. Las luces tenues de las farolas del parque alumbraban los mosquitos que revoloteaban hacía la luz y el frío de la noche empezaba a calar entre mis vestiduras y a empapar la fría madera de los bancos.

     Me preguntaba si alguien se había dado cuenta de mi ausencia.

     A veces, cuando era más pequeña y me escapaba de la escuela, me gustaba venirme acá, a este parque, y sentada bajo algún árbol miraba a las mamás que jugaban con sus pequeños y fantaseaba con la idea de que mi madre me estaría esperando en el cielo y cuando llegara mi turno de partir, me empujaría en los columpios, da igual la edad que tuviera, quería aprovechar cada segundo de mi infancia con ella... La echaba tanto de menos...

_ ¿Qué sería de mi si no te hubieses ido?

_ ¿Quién sabe? Tal vez lo hizo por ti

     Esa voz... ¿la detective?

_ ¿Qué hace usted aquí? ¿Ahora me sigue?

_ No_ Sonrió_ Me quedé preocupada cuando te marchaste  y llamé a la residencia, y me dijeron que no habías llegado aún.

_ ¿Y cómo supo que estoy aquí?

_ Pues por tu currículum.

_ ¿Cómo así?

_ Decía que te habían encontrado aquí varias veces, cuando de pequeña te escapas de la escuela, parece increíble como sin darnos cuenta nuestra mente nos delata devolviéndonos a lugares del pasado ¿verdad?

_ De verdad recoge toda mi vida esos papeles.

_ No toda tu vida_ dijo apoyando su espalda en el banco_ solo lo más banal de ella.

_ No entendí.

     Ella sonrió.

_ Seguro que hay más profundidad en tu vida de lo que recogen esos papeles.

     Yo cerré los ojos dirigiendo mi cabeza al cielo, y respiré profundo por unos segundos.

_ La profundidad del un pozo.

     El silencio se abrió camino entre nosotras mientras que veíamos al fondo, hacía donde estaban las atracciones viejas de aquel parque. No había nadie ya a aquella hora. Hacía frío y estaba húmedo el aire. El viento removía las hojas de los árboles y levantaba la arena donde jugaban los niños a la luz del día. Aun había pequeñas dunas, supongo como resultado de fabulosos castillos que habían construido horas antes.

_ Vamos, te llevo a casa_ dijo al fin rompiendo el silencio.

_ A la residencia querrás decir.

_ A la residencia, había una muchachita preocupada por ti, hiciste amistades rápida por lo que veo_ dijo sonriendo de nuevo mientras me abría la puerta de su coche.

_ Oye_ La frené antes de que entrara_ ¿Qué quisiste decir que tal vez se marcho por mi? ¿Qué fue mi culpa que me abandonara?

_ Por supuesto que no_ dijo apoyando los brazos sobre el techo del coche_ No sé que circunstancias rodeaban la marcha de tu madre, pero ninguna madre abandona a un hijo, no después de todo lo que habéis luchado juntas.

     Y montándonos juntas en el coche, puso rumbo a mi nuevo “hogar”.

Capítulo 8

_ Aunque preguntaste por mi ¿no?_ dije apoyándome con los brazos cruzados en el marco de su puerta.

_ No sé de lo que me hablas_ sentenció con una sonrisa.

_ La detective es una chivata ¿sabes?_ me acerqué a su cama sentándome en el filo.

     Ella estaba acostada leyendo un libro y no apartó la vista en ningún momento para verme.

_ No sé nada, lo que te haya dicho es mentira.

_ Ah... claro_ dije levantándome_ Me ha quedado claro.

    Me acerqué a la puerta e hice un amago de marcharme, me frené bajo el marcos, esperando que ella respondiera a mi partida y justo cuando estaba a punto de darme por vencida y salir definitivamente su voz me detuvo.

_ Eres una sentida de mierda.

_ Y tú una mentirosa de mierda_ sonreí.

_ ¿Piensas marcharte de verdad?

_ ¿Piensas seguir negándote que te preocupas por mí?

     Estaba roja como un tomate, esta chica me ponía muy nerviosa, y no quería darme la vuelta para no mostrarme débil ante ella.

_ ¿Te siento nerviosa?

     Es muy sensitiva.

_ No, ¿por qué lo preguntas?

_ Se te pusieron las orejas rojas.

     Instantáneamente mis manos cubrieron mis orejas y unas carcajadas a mis espaldas resonaron por toda la habitación.

_ Es broma_ continuó diciendo_ sabía que estabas nerviosa, y que lo sepas, no eres tan importante para mí, sentía curiosidad de por qué no estabas, eso es todo.

     Me sentí humillada... mis ojos se llenaron de lágrimas provocadas en parte por la presión, los nervios, y el calor provocado por el rubor, así que salí corriendo, no quería que me viera así. Pude oír a lo lejos mi nombre procedente de sus labios y un leve desconcierto en su voz.

     Me encerré en el cuarto que me habían adjudicado y me senté tras la puerta para que no pudiera entrar en el caso de querer intentarlo.

     Tal vez, el pozo sea el único lugar donde esté a salvo. Tal vez no sea feliz en él, pero me hacen daño cada vez que intento salir...

    Con mis manos cubrí mis ojos para limpiarlos y vi las llagas recorrer mis antebrazos.

     Sentí la necesidad de volver a hacerlo, de volver a evadirme, de volver a tocar el final de mi vida con mis dedos y regresar sintiendo que ya había pasado... podría decirse que mi pequeño vicio era la debilidad que me hacia fuerte.

     Limpié mis ojos de nuevo, y miré a ver que podía encontrar por la habitación con lo que ayudar a cumplir mis deseos.

     Nada, ningún cuchillo, cúter, o tijeras a la vista. Era una casa donde acogían a niñas con problemas… naturalmente no habría nada allí con lo que poder hacerme daño, no sería tan sencillo.

     Me levanté del suelo para escrutar un poco más los cajones de aquella vieja mesita de noche. Pero seguí sin encontrar nada... ya estaba a punto de rendirme cuando observé un marco de fotos que estaba colgado en la pared con el dibujo de un pájaro.

     Me saqué la camisa, me la lié en el brazo, y de un golpe seco rompí los cristales... hizo mucho más ruido del que esperaba.

     Curioso que al dar libertad a aquel ave enclaustrada en aquella jaula de cristal, me diera lo necesario para volar yo también, y me hiciera sentir a mi también libre.

     Sin más tardanza, agarré el trozo con más punta y me encerré en el baño. Llené el lavabo con agua, y sin pensarlo dos veces acaricié mis muñecas con aquel puñal improvisado abriendo las llagas que ya estaban prácticamente cerradas.

     Los mareos llegaron con mayor rapidez que de costumbre, supongo que ayudaba no haber comido nada en todo el día... necesitaba sentarme en el suelo. Sentía como si todo se quedara en silencio. No un silencio tranquilizador, sino un silencio abrumador, como aquel que se siente antes de un terremoto, cuando las aves, los grillos incluso el silencio del viento enmudecen, y de repente todo comenzó a difuminarse todo ante mis ojos.

     A la par que los segundos pasaban me sentía más y más débil, mi cabeza me pesaba, apenas veía otra cosa que la oscuridad que me brindaban mis párpados, ya cansados. Intenté levantarme y hacer algo para cortar aquello pero no podía... Estaba a punto de desfallecer cuando alguien entro al cuarto, a pesar de que gritaba yo apenas oía un susurro... era ella sin duda la que acariciaba mi oído con su dulce voz de nuevo.

_ ¿Por qué has tardado tanto?_ dije con el último aliento que me quedaba.

_ No es tu hora aún.

_ No me digas que hasta mi muerte la van a decidir por mí... nana.

_ Mi niña fuerte...

     Sabía que era ella, esa voz dulce y cálida que me llamaba no podía ser de nadie más. Me sentía tremendamente feliz de volver a oírla.

_ ¿Por qué me dejaste nana?

_ Me necesitaban en otro sitio cariño.

_ Nadie te necesita más que yo_ sentí como mis ojos llorosos se rendían ante la gran verdad_ Quiero irme contigo.

     Puede que no volviera a verla, puede que todo esto que estaba pasando fuera una ilusión porque la extraño, porque la necesito, porque es la única persona que ha estado ahí cuando nadie más ha estado, porque nunca más estará, no sé las razones, pero ahí estaba yo, entre la vida y muerte aferrándome a lo más cercano y a la vez más lejano que tenía en mi vida.

_ No puedes venir aún, te queda mucho por hacer aquí_ Sentí como sus labios se posaron en mi frente_ Lucha cariño.

_ ¿Qué luche por qué?

_ Lucha por sentirte viva, lucha por vivir_ dijo mientras su voz se hacía más débil.

     Sentí que se alejaba, el calor que vino con su presencia se estaba marchando, y su voz, su aliento... y finalmente su regreso se desvaneció sin dejar rastro alguno.

     Un silencio sepulcral por unos segundos dieron paso al sonido agudo de las sirenas de una ambulancia, unas manos que acariciaban mis mejillas y un fuerte dolor en las muñecas.

_ ¿Qué ha pasado? ¿Dónde estoy?

_ Vamos camino hacía el hospital.

_ ¿Por qué?

_ ¿No recuerdas nada?

_ No..._ dije volviendo a la cara y mirando hacia otro lado con vergüenza.

     Era obvio que sí recordaba, recordaba todo, incluso más de lo que quisiera recordar.

_ No tenía que haber vuelto_ dije volviendo atrás y reviviendo lo que acababa de pasar con mi abuelita.

_ ¿Cómo dices?

_ Nada

_ ¿Por qué lo has hecho muchacha?

_ No quería suicidarme ¿vale?, solo se me fue de las manos, así que relájate.

_ ¿Cómo se te va de las manos unos cortes en las muñecas?

_ ¿Ahora eres una puta psicóloga?_ Aquel interrogatorio me estaba sacando de mis casillas.

_ Veo que la educación no es tu fuerte.

_ ¿Y quién se supone que tenía que darme la educación que tanto pides? ¿La madre que me abandonó siendo pequeña? ¿El padre maltratador? ¿O la escuela de la que me expulsaron cuando necesitaba ayuda?... mira, psicóloga de pacotilla, déjalo estar, no tengo ganas de hablar.

     Quería estar tranquila, me sentía cansada, no quería que me recriminaran nada, aunque a decir verdad, sentía bien que alguien mostrara un atisbo de preocupación por mí... aunque fuera una desconocida.

_ Lo siento_ sentenció_ no sabía.

_ Si no sabes nada de mí deja de juzgarme.

     La gente tiendo a eso precisamente. A juzgar. Ven a alguien sucio y polvoriento en la calle y se alejan de él instintivamente, como si fuera maldad pura y dura, lo culpan a él, en lugar de culpar al mundo que seguramente lo llevó hasta ahí. Yo he sentido durante muchos años que es sentirse excluida por no ser como las demás chicas. Y no solo durante las clases, o el recreo, incluso cuando salía y caminaba por la calle, sentía como las miradas de la gente se clavaban en mi espalda, y todo por no vestir bien, por llevar ropa sucia, mallas agujereadas y camisas con coderas... A veces la gente se cambiaba de acera solo para no pasar al lado mío. No soy una apestada... solo era una niña sin los recursos suficientes para comprarme ropa... aunque simplemente yo, no me preocupaba en exceso de vestir bien, ir peinada, maquillada o demás problemas de los adolescentes de hoy en día, me angustiaba más el hecho de que no me estuvieran esperando para golpearme al llegar a casa. Nunca fui materialista ni presumida, porque dentro de mí sabía que llegaría el día en el que todo lo que tenía no me serviría de nada al lugar donde iba, lo que no tenía tan seguro y me quedaba por determinar, era donde, hacía el cielo, o hacía el infierno.

_ Solo pretendía ayudarte.

_ No necesito ayuda.

     El resto del camino lo pasamos en silencio, un silencio incómodo. Tal vez aquella chica no merecía mis contestaciones, pero no estaba para reprimendas aquel día y la pagué con ella...

_ Ya hemos llegado

     Solo dijo eso, cogiendo de un extremo de la camilla me dispuso en otra.

_ Oye_ dije agarrándola del brazo y evitando que se fuera_ lo siento_ y la solté.

     Sus ojos me miraban desconcertados mientras me alejaba en aquella camilla hacía el interior del hospital.

     Si tenía que morir hoy, quería ir en paz conmigo misma.

_ ¿Qué harán conmigo?

_ Has perdido mucha sangre, tienes suerte de que te encontraran, seguramente solo te pondrán unos goteros para que recuperes fuerzas.

_ Tengo sueño

_ Es normal

     Sentía como me ponían agujas en los brazos, no era nada extraño para mí sentir como se abrían camino entre mi piel. Pero aún me encontraba débil, tanto que finalmente acabé rindiéndome al sueño...

    

    

Capitulo 9

_Antes de juzgarme escucha, no lo hice para huir, no era mi intención suicidarme ni mucho menos, solo quería evadirme.

_ No te juzgo_ dijo sentándose en la silla a mi lado y sentenciando con un tono más seco que el de costumbre_ Ni siquiera incluso si hubieses querido suicidarte te juzgaría.

     En su mirada veía un atisbo de lástima y decepción. Había confiado en mí y de alguna manera sentía que la había decepcionado con esto.

_ Tampoco quiero que sientas pena de mi_ dije resignada

_ ¿Y qué quieres? ¿Por qué lo haces? ¿Es tu modo de llamar la atención?

     ¿Me estaba regañando o reclamando?

_ Usted no lo entiende

_ Según tú, yo nunca entiendo nada.

     La detective hizo un amago de levantarse y la agarré para que no se fuera.

_ No se valla por favor_ mis ojos se llenaron de lágrimas._ ¿Sabe? La vi_ dije rompiendo a llorar.

     No sé porque lo hice, tenía miedo de quedar como una loca, pero sentía la necesidad de contárselo a alguien, que no quedara como un secreto más que tarde o temprano estallaría en mi interior.

_ ¿A quién? _ dijo abriendo los ojos.

_ A mi abuela

_ ¿A tu abuela?

_ Sí, estaba allí, a mi lado cuando me desmallé.

_ Tu abuela está...

_ Muerta, lo sé_ dije limpiándome las lágrimas_ me dijo que no me fuera, que aún tenía mucho que hacer aquí.

_ ¿La extrañas, verdad?

_ Era mi abuelita... la única persona en el mundo que ha estado conmigo después de que ella se fuera_ tragué saliva para dar espacio a las lágrimas_ me arrepiento de no haberle dado el lugar que ella se merecía, tal vez si hubiese reaccionado antes, todo  esto sería muy diferente, y ella seguiría viva.    

_ No te culpes, nunca pienses que fue tu culpa, porque no es así. Sabes, una vez leí que lo único que nuestros abuelos no nos enseñan es a no echarles de menos cuando se van.

     La detective limpió mis lágrimas con el torso de su mano, se le notaba que estaba intentando ocultar la aflicción que mis palabras estaban causándole.

_ No paro de darle vueltas a sus palabras, me dijo que tenía que hacer más cosas acá, y creo que ya sé a lo que se refiere.

_ ¿A qué?

_ Quiere que la busque.

_ ¿A tu madre?

_ Aja, no quiero estar sola. No sé como lo haré, pero lo conseguiré. Aunque no me quiera, aunque solo sea por verla, necesito encontrarla.

_ La encontrarás, estoy segura de ello_ dijo besándome en la frente.

_ ¿Interrumpo?_ Se oyó una voz desde la puerta.

_ No, pasa_ dijo la detective_ yo ya tengo que marcharme, seguiremos en contacto ¿vale? Si necesitas algo avísame.

_ Descuida_ dije sonriéndole y limpiándome las lágrimas.

     Emma entró y se sentó a mi lado cabizbaja, con la mirada en el suelo, y las manos agarrando los extremos laterales de la silla. Parecía una niña pequeña a punto de ser regañada.

_ Perdona..._ Dijo al final_ me importas, de verdad me importas, no sé porque dije aquello.

     Una lágrima bajó por su mejilla y rompió en sus labios. Su mentón temblaba, y respiraba fuerte, intentando contener el llanto todo el tiempo que le fuera posible.

_ No fue tu culpa.

_ Claro que lo fue, tu venías contenta a verme, y yo... no era verdad, solo quería... no sé, bromear un poco, burlarme... no debí hacerlo.

     Sonreí, no por la idea de verla allí, hundida, llorando, sino porque su aflicción demostraba que le importaba. Verla de aquella forma, me estaba partiendo el corazón.

_ Ven_ dije reincorporándome y ofreciéndole mis agujereados brazos en la medida que los goteros me lo permitían_ ¿me dejas darte un abrazo?

     Ella se abalanzó hacía mí y sus brazos rodearon mi cuello.

_ No fuiste tú la causante de que me cortara, tal vez tus palabras fueran las precursoras, pero no fuiste el motivo, tenlo muy claro.

_ No entendí nada_ descifré entre sus sollozos.

_ Mi vida es una mierda, es algo que hace mucho que tengo claro, pero no iba a suicidarme.

     Ella me soltó de su abrazo y se sentó en la silla mirándome fijamente a los ojos.

_ ¿Qué pretendías hacer entonces con esas cuchillas? ¿Depilarte las muñecas?

_ No mujer, me cortaba desde hacía mucho.  Era mi forma de escapar, de evadirme de mis problemas. ¿Sabes? Cuando las cuchillas rozaban mi piel sentía la adrenalina llegar a mi cuerpo, me daba fuerzas, me sentía con el poder de poder controlar mi vida. Poder pasearme entre las lindes de la muerte y saber que volvería a encontrarme con la realidad, una realidad de mierda, pero es la que me había tocado.

_ ¿Te cortabas por placer?

_ Más que por placer, por huir de la tristeza.

_ ¿Y funcionaba?

_ No... ahora me doy cuenta que no, lo mejor para superar los problemas es enfrentarlos, no encerrarte en un cuarto de baño con unas cuchillas en las muñecas...

_ ¿No te da miedo cortarte?

_ Mucho, siempre me da miedo. Cuando estoy rasgando mi piel con la cuchilla se me pasa por la mente que me puedo pasar y por unos  milímetros morir.

_ ¿Y por qué lo haces?

_ Porque también pienso que no tengo nada que perder si pasara.

_ Pero si perderías…

_ Sí, supongo que siempre se pierde algo, pero no es algo en lo que piensas en aquel momento.

_ ¿No me guardas rencor entonces?

_ Claro que no, sé que eres una buena chica, y bueno, ahora me has demostrado lo que claramente ya sabía.

_ No entiendo.

_ ¡Te importo!_ dije lanzándole una almohada_ Ahora no puedes negarlo.

_ Que va, era mi conciencia_ dijo cruzándose de brazos y dándome la espalda.

_ Ya sé de donde sacaste lo de las orejas rojas..._ dije poniéndome seria e intentando clavar mis miradas hacía las suyas.

     Ella se tapó las orejas y volviéndose bruscamente me lanzó de vuelta la almohada.

_ Eres tonta ¿lo sabías?

_ ¿Una tonta adorable? Y dolorida... _ dije mientras mostraba mi brazo.

     Su almohadazo me había sacado una de las agujas del gotero.

_ Lo siento, yo..._ dijo levantándose rápido.

_ ¡Oye!, ¡ven!_ dije agarrando su mano antes de que se fuera_ No sé qué me pasa contigo, pero siento que puedo confiar en ti_ dije sonriendo.

     Ella se acercó a mí despacio y agarrando con sus suaves manos mis mejillas me beso en la frente.

_ Déjame que vaya a avisar a alguien para que te arreglen esto o voy a pensar que al final va a ser peligroso que estés a mi lado.

     Emma salió del cuarto con una actitud muy diferente con la que había entrado... espero que mi sinceridad no me hiciera parecer débil. Intenté mostrarme fuerte a la par que le contaba de una forma sutil mis penas. No lloré, la verdad no me quedaban ya lágrimas que soltar, no titubeé e intenté mostrarme lo más madura posible.

     ¿Puede ser que esta experiencia me haya hecho más responsable? No lo sé, lo que sí aprendí es que al menos hay alguien que se preocupa por mí, aunque sea un poco. No estoy sola.

     Emma entró a los pocos minutos con una enfermera que me volvió a colocar los goteros y nos regañó, dijo que ya éramos muy grande para estar jugando a las guerras de almohadas. Emma y yo, solo sonreímos y asentimos con la cabeza cuando nos dijo que no volviera a pasar.

_ ¿Cuánto tiempo debo estar con ellos puesto?

_ Pues un par de horas más

_ ¿Y podré irme?

_ Pues depende de los análisis, pero creo que sí, al fin y al cabo eres una chica con suerte.

_ No sabes cuanta_ dije sarcástica y sutilmente.

     La enfermera se fue tan pronto como me compuso aquellas agujas.

_ ¿Y bien?_ dijo Emma_ ¿Qué harás cuando salgas?

_ No sé, quiero encontrar a mi madre.

_ Sigues con esa idea, ¿te ayudó la detective?

_ Que va, no conseguí nada de aquel viaje... mentira, conseguí más hueco en mi cartera.

     Ella sonrió y yo me embobé con su sonrisa.

_ ¿Y cómo piensas hacerlo entonces?

_ Pues no sé, la detective me dijo que mi madre no se fue con el vecino, sino que participaba en no sé que de protección a las mujeres maltratadas o algo así.

_ ¿Y cómo es que no te llevaron?

_ Pues esa es una de tantas preguntas que me gustaría hacerle.

_ Yo te ayudaré si me dejas.

_ Te doy las gracias, pero en medida de lo posible, me gustaría no meter a nadie en esto, aunque sería un alivio saber que hay alguien en la casa apoyándome_ dije agarrando su mano.

_  ¿Me estás pidiendo matrimonio?

_ Obvio que no_ dije soltando rápidamente su mano_ solo necesito una amiga.

     Ella me miró divertida y me abrazó.

_ Quiero saber más de ti, cuéntame_ dijo poniendo sus manos en la barbilla y mirándome fijamente.

_ Pues no hay mucho más de lo que ya sabes, mi madre me....

_ No, tonta_ dijo cortándome sonriendo_ No es eso lo que quiero saber de ti.

_ Me pediste que te contara...

_ Que me contaras de ti, no tu vida_ me interrumpió._ Empieza.

_ No sé que contarte.

_ Mira, por ejemplo, soy del tipo de persona que cuando está enamorada deshoja flores.

     La miré divertida.

_ ¿Enserio?

_ Sí, ¿qué pasa?

_ No sé, te veía más... adulta.

_ Mira, he pasado por muchas cosas en mi vida, tal vez no tantas como tú, pero tengo mi carrera ya dada, pero nunca en la vida quiero abandonar ese trocito de mí que me hace ser niña. Tal vez sea porque no he llegado a disfrutar nunca de mi niñez.

_ Sonó muy profundo eso.

_ Soy profunda… también me gusta ver dos veces las películas que me gustaron.

_ ¿Repites las películas que ya has visto?

_ No, solo las que me han gustado, me gusta verlas con detalle y fijarme en todo aquello que la primera vez no lo hice.

_ Eres una chica muy especial Emma y observadora_ dije mirándola fijamente a los ojos.

_ ¿Por qué veo películas dos veces?_ dijo aguantándome la mirada.

_ No... Porque eres capaz de fijarte en los pequeños detalles con la mirada inocente de un niño, y no todo el mundo puede hacerlo.

_ Soy feliz con los pequeños detalles y con mi madurez tardía_ dijo guiñándome un ojo.

     Sentía como nuestros rostros se iban acercando, y por primera vez sentí miedo a las consecuencias que podría acarrear un beso aquel momento. Y sin pensármelo dos veces retiré mi cara justo cuando nuestros labios estaban a punto de rozarse.

_ ¿Y qué tal el examen de ayer?_ dije rompiendo la tensión del momento.

_ Bien, creo_ sonrió forzosamente_ creo que debo irme_ Sentenció tres segundos después del fallido intento.

_ Sí, creo que sí_ dije confortándome en la cama_ Se te está haciendo tarde y no vas a llegar al almuerzo de la señora.

     Emma se acercó a mí por última vez y se despidió dándome un suave beso en la comisura de mis labios y se marchó cerrando detrás de sí la  puerta.

_ ¿Cómo has podido ser tan estúpida?_ dije en soliloquio lanzando una pregunta retórica al aire.

     La tenía ahí, a punto de besarme y voy y le aparto el rostro... como he podido a estar tan cerca y a la vez tan lejos. No puedo permitir que se vuelva a producir una circunstancia parecida. No con ella, no con Emma.

     Es tan inocente, tan hermosa, se ve tan indefensa y a la vez tiene ese carácter y esa madurez a la hora de hablar es... tan perfecta...

     Sin duda debo alejar de mí esas ganas de besarla... no es para mí, se merece a alguien que tenga las ideas claras y que no la haga sufrir, y sin duda alguna, no soy yo.

_ ¿Por qué eres estúpida?_ dijo alguien entrando por la puerta.

_ ¿Quién eres?_ dije mientras la escrutaba con la mirada de arriba abajo.

     Era una muchacha de unos 25 años, no muy alta, delgada y con el pelo rizado y alborotado, como el que se tiene al despertar de una siesta o después de un duro día de trabajo… venía con el uniforme del hospital así que seguramente sería por la segunda opción.

_ ¿No te acuerdas de mí?

_ Disculpa… yo… _ ¿Debía sentirme culpable por no acordarme de ella?

_ No te preocupes, estabas mareada y confusa, creo que he venido para nada, disculpa haberte molestado.

_ ¡Eres la de la ambulancia!_ Exclamé cuando enlacé todos los eslabones de la cadena.

_ Sí_ sonrió_ ¿Te importa que me siente?

_ En absoluto_ dije ofreciéndole la silla.

_ Veo que eres alguien muy querido, no has parado de recibir visitas, intenté entrar varias veces y siempre había alguien.

_ Pues no te creas… una de ellas es la oficial que está al cargo de mi caso o… algo así… y la otra es…_ no sabía cómo describirla ¿una amiga? ¿Mi compañera de casa de acogida? ¿Mi puede que amor platónico? _ una chica que acabo de conocer_ dije al final_ Parece que causo atracción a las desconocidas.

_ ¿Por qué lo dices?

_ En menos de tres días se han preocupado por mi estado más personas que las que se han preocupado por mí en toda mi vida.

_ Exageras…

_ En absoluto, créeme.

_ Ya te encuentras mucho mejor por lo que veo, y de mejor humor.

_ Perdona por lo de anoche… no fue mi intención insultarla ni faltarla el respeto.

_ No debí juzgarte, no me pagan para ello, el error fue mío.

     No puedo negar que sentía bien que alguien viniera a visitarme, que preguntara por mi estado y de más pero no podía quitarme de la cabeza que hacer con Emma. Intentaba prestarle toda mi atención a esta chica, pero… mi cabeza se iba a los recuerdos vividos hacía apenas unos minutos.

_ ¿Puedo hacerte una pregunta?_ Dije al final_ No tiene nada que ver con el tema, pero a veces viene bien saber la opinión de alguien ajena a tus problemas, un punto de vista neutro, no sé si me explico.

_ Tú solo dispara.

_ ¿Qué harías si alguien a quien aprecias como persona intentara besarte pero no quieres hacerle daño?

_ ¿Por qué deberías hacerle daño? ¿No sientes lo mismo por esa persona?

_ Creo que sí, o sea yo también quería besarla pero no sé, todo lo que me rodea acaba mal.

_ Pero… no tiene nada que ver, tal vez has tenido mala suerte, no significa que toda tu vida deba ser así.

     Su respuesta no era para nada precisa, aunque teniendo en cuenta de que no sabía nada de mi pasado o mi presente supongo que me estaría aconsejando todo lo bien que puedes aconsejar a una completa desconocida.

_ ¿Te ayudé en algo?

_ No… sigo igual.

_ Valla… lo siento, ¿no crees que ese chico te merezca o crees que no mereces a ese chico?

     Dudé por un momento en concretar el género del supuesto, pero en realidad prefería no difundir mucho mi vida personal a personas que apenas conozco y que seguramente a partir de que salga de este hospital no volveré a ver.

_ No creo que lo merezca… no tengo nada que ofrecerle.

_ Sabes, cuando te das cuenta que quieres estar con una persona lo único que debe importarte es ser feliz, y más a tu edad.

_ ¿Y cómo le demuestro que me hace feliz estar con… él?

_ Es muy fácil, la mejor manera de demostrarle que te hace feliz es  hacerle feliz.

     Me parecieron muy sabias palabras, realmente no sabía nada de la felicidad dentro de una pareja o de una relación. Nunca vi a mi madre feliz con mi padre, ni vi que él hiciera nada para hacerla feliz. Entonces… si ninguno de los dos estaban felices ¿por qué ese afán de él por obligarla a quedarse a su lado? ¿Tendría miedo? Miedo de quedarse solo, miedo de que si ella se fuera, si la dejaba ir, nadie vendría a ocupar su lugar. No podría ejercer autoridad con nadie… con ella se sentía fuerte, o aparentaba sentirse fuerte, pero en realidad creo que aquella fuerza que demostraba no era más que el reflejo del miedo que intentaba ocultar.


Comunidad de Autores y Lectores de TodoRelatos
Chatea online con webcams!

comunidad.todorelatos.com

© sadcuore

Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradecerán y supondrá una mejora en la calidad general de la web.
 Comentarios sobre este Relato (0)
\"Ver  Perfil y más Relatos de sadcuore
 Añadir a Lista de Favoritos
 Reportar Relato
 Excelente
 Bueno
 Normal
 Malo
 Terrible
« VOLVER A LA PAGINA ANTERIOR IR ARRIBA  ▲
 
LWNET 1999-2017 | TodoRelatos.com v3.80
Info Legal / Privacidad / Cookies · Ayuda · Stats · Enlaces · Contacto · Webmasters (Sponsors Favoritos)