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Fecha: 11-Ene-17 « Anterior | Siguiente » en Hetero: Infidelidad

Infidelidad inesperada

Sincahonda
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Tiempo estimado de lectura: [ 15 min. ]
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Una noche de viernes como todas las demas que acaba de la manera mas increible Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
Ashley Madison - Ten una aventura. Infidelidad.

Era viernes y como todos los viernes habíamos quedado la pandilla de siempre en el mismo bar a tomarnos unas cervezas y ponernos al día de nuestras vidas después de una larga semana, era primavera, hacía calor pero llovía, me puse un vestido negro con una flor roja de Desigual, resaltaba mi figura y tenía un escote que a mi novio Hernán le volvía loco, me gustaba mucho vestir sexy y sobretodo vestidos negros a juego de mi melena y ojos negros, me pinté los labios de rojo fuego, aprovechando que me había hecho la manicura y la pedicura del mismo color.

Llegamos al bar, que más que un bar parecía una taberna, donde puedes elegir entre una buena cantidad de cervezas de diferentes tipos o nacionalidades, nos sentamos en el sitio de siempre y cada uno pedimos una cerveza mientras nos disponíamos a debatir que pedíamos de tapas.

Siempre me parece muy divertido, porque siempre discutíamos sobre que pedir, para al final acabar con las mismas raciones de cada viernes, al igual que antes de pedir las raciones ya nos habíamos terminado la primera ronda, era casi como un hábito.

Yo soy muy fan de la cerveza de trigo así que iba a repetir otra Weihenstephaner mientras que los demás siempre se pedían otra distinta, pero yo era fiel a mi cerveza, el resto las tenía probadas de sobra.

Cuando íbamos por la tercera ronda nos dividimos por géneros, siempre pasaba, las chicas por un lado y los chicos por otro, en cuanto ellos empezaban a hablar de deportes o una de nosotras de ropa fluían dos temas de conversación antagónicos. Resultaba muy gracioso porque las chicas y yo siempre que por algún casual sacábamos el tema sexo entre nosotras, algún chico se percataba y volvíamos a tener un único tema de conversación.

Esta vez fue Ana que preguntó por el sexo anal, si alguna lo había probado y cual era nuestra impresión, había opiniones dispares, pero cuando yo afirme rotundamente que me encantaba el sexo anal fue cuando los chicos dejaron de hablar de futbol y se unieron a la conversación.

Los tíos son de lo más morbosos, siempre que pasaba esto en el que alguna disfrutaba con algún tema sexual los veía como se centraban en esa chica en particular, y podía ver dentro de sus cerebros como se imaginaba ellos en esa situación con esa chica, en esta ocasión no fue diferente, y era capaz de sentir como todos mis amigos visualizaban en sus mentes como me enculaban. No mentiré y diré que eso me ponía cachonda, me encantaba ser deseada pero mucho más cuando era fortuito como en este caso.

El tema siguió su curso sobre todo cuando Marco le dio unos toques con el codo a Eva que prestase atención a lo que yo había dicho, Eva tenía fama entre los chicos de ser un poco recatada, quizás sosa, sobre todo por estas situaciones con su novio Marco, aunque luego no fuese realmente así, al menos por lo que se cataloga normal hoy en día, o al menos así lo veíamos nosotras con lo que nos contaba.

Para que el tono no subiese empecé a envidar a Marco “seguro que la exiges sexo anal y ni si quiera le has dado caña de verdad, lo tuyo es solo palabrería”, la verdad es que era meterme en un jardín, pero una sonrisa lleno mi cara cuando todos se rieron, aunque Marco no es un tío que se deje ganar fácilmente, “Yo tengo para dar caña a Eva, a ti y me sobra para las demás”, esa respuesta hizo ofender algo a Eva, pero sobretodo sacó ese tonito burlesco de todas, “¡Eso habría que verlo!”.

Marco era un chico muy inteligente y listo, bastante guapo, pero muchas veces era demasiado machito hasta un punto insultante, pero esta noche no tenía ganas de que nos aguase la fiesta así que decidí darle un poco de su medicina, y decidí herirle en su orgullo.

Decidí ponerme juguetona y le lancé un desafío, le propuse que si era capaz de adivinar un enigma, esa misma noche yo y Eva iríamos con él para que nos diese toda “la caña”, como quisiera y cuantas veces quisiera, lo que se produjo en una cara en blanco de Eva y Hernán a la vez que Marco se ponía erguido, pero si no era capaz de solventarlo en 10 minutos o si recibía ayudas de terceros o miraba el móvil o cualquier otra cosa que le sacase de sus pensamientos y la respuesta, me quedaría con su coche.

Se hizo el silencio, si me dicen de algún otro momento en el que ese bar hubiera esta en silencio de esa manera no sabría decirlo, Hernán fue quien rompió su silencio, instándome a que me echará atrás, yo le dije que tranquilo que estaba totalmente segura que Marco era incapaz de ganar la apuesta.

Finalmente Marco saco las llaves de su coche, las puso encima de la mesa y miró hacia Eva, no la dijo nada, a Eva en el fondo siempre le había dado morbo hacer un trio y yo lo sabía, por eso veíamos raro que la tuvieran por una sosa, a mí no me gustaba esa idea para nada, pero sabía que era la única manera de que ella le devolviese la mirada y asintiese, como así fue.

Una sonrisa se dibujó en mi cara, y rompí el silencio.  

“Está bien, allá vamos; 10 condenados a muerte están juntos en una celda la noche antes de su ejecución. Su  verdugo,  que  los  esperaba  a  la  mañana  siguiente,  les  había  dado  una oportunidad para salvarse. La ejecución iba a ser así:

El verdugo los iba a poner en fila india, con un sombrero azul o rojo a cada uno de ellos,  de  forma  que  cada  condenado  solo  pudiera  ver  los  sombreros  de  los compañeros que tenía frente a él (pero no pudiera ver su propio sombrero ni el del resto de los compañeros tras de sí). El  verdugo  iba  a  empezar  por  el  último  condenado  y  le  preguntaría  el  color  de  su sombrero. Si acertaba, salvaba su vida. Si erraba, era definitivamente condenado a muerte.

La noche antes, los 10 condenados no sabían cómo iban a ser ordenados en la fila. Tampoco sabían cuántos sombreros rojos o azules repartiría en total el verdugo (es decir, podía usar 4 sombreros rojos y 6 azules, o 7 rojos y 3 azules, etc.).

¿Qué plan urdieron los condenados aquella noche para salvar a un mínimo de 9?”

El silencio se apodero de la sala de nuevo, y el reloj empezó a contar, Hernán estaba nerviosísimo, cosa que no me agradaba en nada, lo segundos eran eternos, me imagino que más para Hernán, aunque a Marco debió parecerle todo lo contrario.

El tiempo se acabó, y el silenció continuaba, fui a coger las llaves del coche y Marco me paró agarrándome de la mano, me imaginaba que quería la solución, me levanté, me incliné en el oído de Eva y le facilité la solución, además de indicarle de que ella era libre de decírsela a Marco o no, eso sí, Eva quito la mano de Marco de las llaves de su coche.

Era un Golf GTI de 1983, estaba hecho polvo pero yo soy una romántica, y me lo iba pasar pipa viendo la cara de Marco cuando lo restaurase.

Marco no habló más en toda la noche, ni si quiera cuando empezamos a debatir por donde salir, finalmente decidimos ir a una discoteca a la ciudad, por lo que cogeríamos el autobús ya que habíamos bebido todos, pagamos la cuenta del bar y nos fuimos de allí.

En la parada mientras esperamos el autobús seguía lloviendo, cuando Marco dijo que se iba a casa, Eva intentó animarle pero estaba bastante herido y le dijo que prefería irse solo mientras aparecía el bus, les dije a los chicos que llevaría a Marco a su casa en su coche y que luego le daría las llaves, que cogería el siguiente bus que estuvieran pendientes del móvil para encontrarnos luego en la discoteca, que me sabía mal todo lo pasado en el bar.

Fui detrás de Marco al que alcancé rápidamente y le dije que le llevaba a casa que quería hablar con él, me acompaño al coche a regañadientes, nos subimos y me dirigí hacía su casa, fue un momento incómodo la verdad, cuando llegamos a su portal se bajó del coche y se metió en su portal, sabía que estaba herido, me tomé cinco minutos, salí del coche y llame a su telefonillo, contestó muy seco, pero aun así le pregunté que si me podía abrir, que venía a devolverle las llaves de su coche, que se las había dejado en el bar…, tardó como unos diez segundo pero sonó el “mec” en la puerta y pude entrar, subí a su piso por las escaleras y entre directamente en la casa pues encontré la puerta entreabierta.

Estaba en el sofá sentado viendo la tele, deje caer las llaves de su coche en el bol de la entrada para que me escuchase entrar, me senté a su lado y le pedí disculpas, y por primera vez vi cómo se tragaba su orgullo, rechazando mis disculpas para disculparse él, me pidió perdón por su prepotencia y que sentía mucho lo del bar.

Hubo un silencio incómodo, hasta que le pregunté que por qué era así, el solo supo contestarme que se sentía frustrado con Eva, al parecer Eva no le daba lo suficiente o eso decía él, que la quería pero que en la cama no funcionaban muy bien, intenté animarle y le dije que eso pasaba en casi todas las parejas.

El seguía insistiendo en que no, que lo de Eva no era normal, ha sí que le dije que ya que iba a pasar el viernes noche allí que al menos iba a poner un par de Gin&Tonics, me fui a la cocina a donde me siguió, saque un par de vasos de balón que tenían en el armarito de puerta de cristal y empecé a ponerlos bien cargaditos, mientras Marco no paraba de repetir lo frustrado que estaba.

Le pasé su copa, y mientras él le pagaba un sorbo, yo me bebí la mía de un trago a lo que él se quedó medio pasmado, le quité su copa de la mano y me bebí la suya también, estaba muy harta, al final me había chafado el viernes noche y exploté, “¿Sabes?, me recuerdas a Hernán, siempre va muy machito pero te aseguro que luego es un blandito en la cama, nada más que te oigo quejarte de Eva pero me gustaría saber cómo se siente ella de satisfecha en la cama, estoy harta de escucharos hablar como machitos en el bar de lo que queréis y de lo que hacéis en la cama y luego ninguno sabe echar medio polvo”.

Se hizo el silencio, no sé todavía porque le dije eso y me quedé muda pensando en lo que acaba de decir, Marco, en un impulso, se abalanzó sobre mí, me cogió de la cintura y me subió a la mesa, le aparté de un empujón, “¿Se puedes saber qué haces?”, volvió otra vez rápidamente hacia mí, intenté zafarme, me agarró de los hombros y me dio la vuelta, me puso su boca en mi oreja y me susurró “ la solución es que el primero se sacrificase a la suerte diciendo el color del número de sombrero par, así los de adelante solo tienen que ir contando los sobreros que ven y sabiendo que color es par o impar pueden adivinar fácilmente el color de su sombrero, mínimo se salvan nueve, diez si el primero tiene suerte”. No dije nada, me había quedado en blanco, el cabrón había planeado esto, ¡no podía ser! Noté como me rompía los leggings y me agarraba de la cintura, cuando quise reaccionar sentí como su enorme falo se introducía por en mi sexo, sujete le mesa con mis manos mientras erguía mi espalda y volviendo mi cabeza, y gracias a una mezcla del alcohol y su respuesta solo pude decirle, “fóllame cabrón”.

Me agarró más fuerte de las caderas y de un violento empujón me metió el resto de verga, no la había visto, pero rellenaba mi vagina, era la primera vez que tenía la sensación de tenerla llena, la sacaba hasta el capullo y luego volvía a meterla, me estaba desesperando, empecé a mover mi cadera para acelerar el mete-saca y él fue aumentando su ritmo, cada vez me daba más fuerte hasta que el único sonido de la casa era el de sus pelotas contra mi vulva.

¡Que sonido más delicioso!, ese golpe en mi clítoris con sus pelotas me estaba derritiendo, su ritmo era ya frenético, deslicé mi mano derecha por mi espalda, pasando por mi nalga derecha, repetí lo mismo con mi mano izquierda y abrí mis nalgas todo lo que pude para facilitarle las embestidas, gemía como un toro, pero por el ritmo de sus embestidas no parecía estar cerca a correrse, yo me había dejado vencer sobre la mesa.

¡Cómo follaba el cabrón!, tenía un ritmo perfecto, me la metía entera y luego la sacaba hasta el capullo a esa velocidad, una y otra vez, ¡Una y otra vez!, era increíble lo que lo estaba disfrutando, su polla chocaba con la pared de mi vagina, ¡Nunca había sentido nada como eso y era indescriptible!, no quería que terminase nunca…

Empecé a gemir, notaba como mi columna soltaba una descarga eléctrica por todo mi cuerpo, notaba como me ardía el clítoris y la vagina, las piernas me temblaban tanto que no pude sujetarme con ellas a lo que Maco me agarró fuertemente por la cintura para sostenerme, sentí mil explosiones dentro de mí, solo gemía mientras temblaba sujetada por la mesa de cocina y las manos de Marco en mi cadera mientras él no paraba su ritmo endiablado.

Cuando logré reponerme metí por debajo de mi cuerpo mi mano derecha y empecé a estrujarle los huevos con mi mano, giré la cabeza hacia él, había sido el mejor orgasmo de mi vida y esperaba que el estuviese disfrutando igual, lance una sonrisa mientras le miraba a los ojos, “La apuesta solo hacía referencia esta noche, pero creo que puedes follarme cuando quieras”, él soltó una sonrisa, apreté su huevos un poco más y empezó a gemir, de repente su vaivén se tornó irregular, noté como temblaba, soltó un gemido estruendoso y sentí como llenaba mi vagina de su semen.

Cuando sacó la polla de mi interior tapé mi rajita con la mano, que en seguida se llenó de su jugo de los dioses, me limpie la mano con la lengua mientras me ponía de rodillas y me dispuse a limpiarle bien la polla con la boca, no era solo mi impresión física, la tenía más grande que Hernán, bastante más, y mientras mi raja seguía chorreando en el suelo de la cocina el semen de Marco, yo no podía dejar de chupar aquella enorme polla mientras miraba a Marco a los ojos.

Estuve lamiendo y chupando hasta que se hizo pequeña en mi boca, luego me puse de pie, de un salto me senté en la mesa de la cocina, abrí mis piernas de par en par, primero una y después la otra y con las manos abrí mis nalgas todo lo que pude mientras le guiñé un ojo, él me sonrió, se puso de rodillas, he introdujo su cabeza entre mis nalgas y me dio un buen lametón en el ano, jugaba con su lengua con él, haciendo círculos y lamiendo de arriba a abajo, le agarré de la cabeza, le dije “Si quieres meterme ese pollón vas a tener que lubricarme bien” y apreté su cabeza bien fuerte contra mis nalgas, donde acabó introduciendo su lengua en mi ano.

Se nota que Eva estas cosas no las hacía, tuve que dirigir un poco a Marco con mis manos realizando un vaivén con su cabeza para que su lengua saliese y entrase dentro de mí, no tardó en realizarlo solo, entraba y salía, de vez en cuando sacaba la lengua y me escupía directamente en el ano. Finalmente se atrevió con un dedo, me lo fue introduciendo despacio, como con cariño, hasta que noté como sus nudillos chocaban contra mi perineo, lo dejo dentro unos segundos y empezó un mete saca despacio con el dedo, le animé a que fuera metiendo más dedos poco a poco.  

Repitió todo el proceso con un segundo dedo y luego con un tercero, no me había dolido nada. Cuando noté que intentaba meter el cuarto, le separé dándole un empujón con mi pie en su hombro, separándolo de mí, me lleve un dedo a la boca y mirándole con la cara más sumisa y de puta que pude poner, puse mi voz más inocentona y le dije “¿Me podría follar mi culito por favor?, mi novio no sabe cómo hacerlo…”, se agarró la polla con la mano y vi como lanzó salivazo a la punta de capullo, se acercó y lo puso a la entrada de mi ano, a lo que cambiando mi voz a una más grave terminé de decir “espero que me lo rompas bien, cabrón”.

Tenía una sonrisa en la cara, una sonrisa como la mía, fue abriéndose con su polla camino dentro de mi culo hasta que introdujo la mitad, iba a retroceder cuando le pare con las piernas rodeándole la cintura, le eché mi mirada más penetrante “He dicho que me lo rompas”, me agarró de los muslos y de un tirón desapareció su polla dentro de mi culo, solté un pequeño grito de dolor, era demasiado grande, mientras yo me abracé a su espalda y apretaba con mi piernas hacia mí no pude evitar preguntarle “¿Te gusta mi culito?, ¿Es mejor que el de Eva?”, me dio un beso en la mejilla y susurrando me dijo “Tu eres mejor que Eva en todo cariño”.

Separé mis piernas y las abrí bien, después de esta pausa, sacó su polla hasta el capullo y me la volvió a introducir, era una sensación única, tenía el culo completamente dilatado y sentir toda esa barra de carne entrando y saliendo hacía que me temblasen las piernas.  

No tardé en acariciar mi clítoris mientras él iba aumentando más su velocidad, volvía a gemir como un toro mientras yo me derretía por dentro, esa sensación de vacío que provoca dentro de mí me encantaba y me hacía gemir y gemir, Marco se notaba que lo estaba disfrutando, pese a que era su segundo de la noche iba a durar menos, me empezó a estrujar las tetas por encima del vestido, con fuerza, me bajó el escote y me las dejó al aire, me empezó a pellizcar los pezones con las dos manos.

Si sentir su polla chocando contra mi vagina fue indescriptible, esto no sabía ya lo que era, no sabría explicarlo pero sentir esa polla entrando a esa velocidad en mi culo era increíble, sobre todo cuando la cocina se inundó del sonido de sus huevos chocando contra mi culo, no le quedaba mucho ya que empecé a notar su ritmo irregular y mis piernas temblar junto a las suyas, un nuevo espasmo invadió mi columna, notaba mis pezones y mi clítoris arder, cuando de una embestida me la metió entera y noté sus chorros llenar lo más profundo de mis entrañas provocó otro gran orgasmo en mí, mucho más intenso que el anterior, no paraba te temblar y gritar me ardía el cuerpo entero mientras temblaba.

Me incorporé un poco y permanecimos en esa postura morreándonos mientras notaba como su polla iba decreciendo en el interior de mi culito, cuando ya estaba en su estado de reposo se salió sola y acompañada del semen que se derramó otra vez en el suelo, no nos importaba nada, solo era su lengua contra la mía mientras me bajaba a pulso de la mesa.

Pasados diez minutos sonó su teléfono, le agarré de la mano y le senté en el sofá, me arrodillé delante de él y le dije que lo cogiera, sería Eva que estaría preocupada, descolgó el teléfono mientras me metía su polla en la boca, tenía restos de semen que limpie con cuidado, él hablaba con Eva mientras yo se la ponía dura otra vez.

Le decía que le había animado mucho y que ya se encontraba mejor mientras yo me comía su verga otra vez dura y el empujaba mi cabeza con su mano libre para que me tragase todo lo que podía, creo que llegué a tocar con mi nariz la base de pene, luego me la saqué buscando aire y me paso el teléfono, “Es tu novio”, con mi mano derecha empecé a pajearle mientras que con la izquierda me lleve el móvil a la oreja , “ ¿Qué tal cariño?, al final me he quedado aquí dando ánimos a Marco que estaba un poco de bajón, me iré luego a casa, pasarlo bien”, no le di tiempo a contestar y baje mi cabeza para meterme esos huevos en mi boca mientras le pasaba el teléfono a Marco, mientras jugaba con sus testículos en mi boca y le pajeaba le escuchaba hablar con Hernán, podía oír cómo decían lo buena chica que era, estuvieron hablando y empezaron a recordar sus buenos momentos, imagino que Hernán intentaba aliviarle, mientras yo seguía comiéndome sus huevos y masturbándole.

Cuando le empezaron a temblar las piernas me metí su polla en la boca, volví a metérmela entera hasta que otra vez mi nariz rozó sus pelos púbicos, el empezó a disimular sus gemidos mientras hablaba con mi novio y descargaba por tercera vez en una noche en mi garganta. Cuando noté que no salía más me la saqué, le di un beso en el capullo y cogí el móvil, “Cariño me voy ya para casa, ¡Pásatelo bien por Madrid!”, me respondió con un te quiero y colgamos.

Marco estaba hecho polvo en el sofá, yo estaba muy cansada, pero por primera vez plenamente satisfecha, me senté a su lado, le di un beso en la mejilla y exhausta le desafíe “A ver que se te ocurre el viernes que viene para repetir esto”, me dio un beso en la cabeza, me levanté y mi fui a mi casa.

 

 

 

 

 

 

 

 


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