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Fecha: 03-Sep-03 « Anterior | Siguiente » en Gays

Padre e hijo (01: La iniciación)

Adrian Soto
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El padre inicia a su hijo adolescente en los placeres del sexo. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Capítulo I

Mis padres se divorciaron cuando yo tenía 8 años, al ser único hijo vivía solo con mi madre. Lamentablemente mi padre dejó de frecuentarme regularmente, sus visitas se producían luego de largos períodos de ausencia. Sentía un poco esa falta, pero estaba empezando a acostumbrarme.

Un verano, repentinamente mi padre aparece invitándome a pasar unas vacaciones en la playa con el. Si estaba de acuerdo saldríamos en unos días. Por supuesto que acepté e inmediatamente nos pusimos en camino hacia la costa.

Para ese entonces yo tenía 13 años. Estaba comenzando a descubrir mi instinto sexual. Me masturbaba regularmente, pero aún no tenía una importante eyaculación, solo me salían unas gotitas de un líquido transparente. Era mas bien menudo, delgado, totalmente lampiño.

Mi padre tenía 45 años, era un hombre muy corpulento, mas bien obeso, de aproximadamente 100 Kg., tenía extraordinaria fuerza física, espalda muy ancha, brazos fornidos y unas manos muy pesadas.

Nos instalamos en un departamento mono ambiente amplio, muy lindo con vista al mar. Tenía una cama matrimonial y otra de una plaza.

Luego de la primera tarde en la playa, fuimos al departamento, nos bañamos y cenamos allí mismo. Luego de la cena, cada no fue a su cama, yo ocupe la de una plaza.

En cuanto apagamos las luces comencé a masturbarme, como era habitual en las noches, pensando en las hermosas mujeres que había visto en la playa. En eso mi padre se levanta para ir al baño y al regresar se acerca a mí y me dice:

Veo que estas comenzando a sentir deseos sexuales, he visto como observabas a las chicas en la playa.

Yo estaba paralizado, mi erección desapareció de inmediato, me puse colorado y mire hacia un costado.

No te avergüences, me dijo, es natural que pase eso con los jóvenes, no quiero incomodarte, solo pretendía hablar con vos para ayudarte.

Gracias, conteste, es que me da un poco de vergüenza, no estoy acostumbrado a hablar de esto.

No hablaste nunca de esto con nadie?, pregunto.

No con nadie.

Entonces nunca intercambiaste caricias, obviamente

No, conteste.

Permitime decirte que la masturbación es mucho mas placentera cuando otro te toca, ninguna amiga o amigo aún te ha tocado?

Mi corazón latía a mil por la dirección que estaba tomando la conversación.

Un amigo?, tocándome?

Si hijo, es muy común que los jóvenes se toquen para experimentar juntos las primeras sensaciones sexuales. Si me permitís yo te voy a tocar y vas a ver cuanto mas placentero es.

No podía dar crédito a los que escuchaba. Me asusté y el lo percibió.

No te preocupes, hijo, es solo una tocadita, no va a ocurrir nada que no desees.

No sabía bien porque, pero estas últimas palabras me tranquilizaron.

Relajate y cerrá los ojos, me dijo.

Yo hice caso, corrió las sábanas y comenzó a acariciar mi pene, aún dormido.

Poco a poco comenzó a endurecerse, él tenía razón, era mucho mas placentero que cuando yo me tocaba. Al poco tiempo estaba totalmente duro y disfrutando de sus caricias.

Comencé a soltar los primeros gemidos de placer, al darme cuente traté de contenerme.

Gemí tranquilo, hijo, disfruta plenamente de este momento.

El sabía perfectamente lo que me pasaba, me asustó un poco el dominio que tenía de la situación, pero de todas formas me relajé y disfrute de sus masajes.

Ayyy, siiiiii, ahhhh, ahhhh, ayyyyy, siiiii

Muy bien hijo, disfruta, disfruta

Ya estoy, ya estoy, ahhhhh, siiii, ahhhhh, siiiiii

Y finalmente acabé de una forma increíble. Sin duda había sido el mejor orgasmo que había tenido.

Te gustó, me preguntó

Estuvo, genial, contesté.

Sentía un placer enorme por lo sucedido y al mismo tiempo una sensación de gratitud.

Gracias, le dije. Me gustaría poder compensarte.

No estas obligado a hacerlo.

Ya se pero me sentiría mejor.

Bueno, vamos a mi cama, tengo una calentura que estoy por reventar, ya viste como yo lo hice, deseo muchísimo que hagas lo mismo conmigo.

Fuimos a su cama, se tumbó de espaldas, se bajó los calzoncillos, y apareció un enorme pene, largo, pero sobre todo grueso, de color oscuro, mucho más oscuro que el resto de su piel. Me impresionó mucho verlo. Nunca había visto el miembro de un hombre erecto. Realmente daba miedo.

No te asustes, me dijo, acostate a mi lado y haceme la paja.

Me sonó un poco vulgar el término, pero obedecí, comencé a masturbarlo.

Luego de un rato, comenzó a gemir.

Ohhhh, siiiii, siiiiii, ayyyyy, hijo, bien, muy bien, siiiii, ayyyyy, siiiii

Siiiii, siiii, ya estoy, no aguanto mas, siiiii, siiiii, siiiii

Vi como su pene se hinchaba cada vez mas, sus venas sobresalían del resto del cilindro, hasta que finalmente un líquido blanco y espeso, salió de su punta, en cuatro espasmos, cuatro chorros abundantes, salieron al aire y cayeron en la sábana. Tenía un olor fuerte, desagradable, pero al mismo tiempo me despertaba una morbosa curiosidad.

Como estuvo, le pregunte.

Sensacional, hijo, aprendiste muy rápido, estuvo muy bien.

Un tanto sonrojado, le dije, bueno, me voy a dormir.

Chau buenas noche, me dijo, esta vez el también con un poco de vergüenza.

Me acosté en mi cama y me dormí pensando en el enorme placer que había experimentado y también sentí una extraña sensación de haber sido el generador de un enorme placer en otra persona.

Capítulo II

A la mañana siguiente, desperté con el desayuno preparado, no hablamos del tema, no nos mirábamos a los ojos, había una cierta incomodidad. Planeamos ir a la playa como si nada hubiera ocurrido.

Pasamos el día entero en la playa, y regresamos a la tarde para bañarnos y cenar en el departamento tal cual lo habíamos hecho la noche anterior.

Terminamos de cenar en silencio y nos acostamos cada uno en su cama.

Se respiraba una pesada tensión en el ambiente, un silencio terriblemente incomodo.

Apagamos las luces, entraba una tenue claridad desde la calle que ponía la habitación en penumbras.

Querés repetir lo de ayer?, finalmente dijo.

Esas palabras pusieron cierto alivio a la situación.

Bueno, conteste, un poco nervioso.

Vení a mi cama que es mas grande, hoy vamos a experimentar algo nuevo.

Estas últimas palabras detuvieron mis pasos.

Hijo, quedate tranquilo, no va a ocurrir nada que no desees.

Nuevamente esas palabras me tranquilizaron.

Subí a su cama, me acostó de espaldas, tomó mi miembro que ya estaba totalmente endurecido, y lo metió en su boca.

Que increíble sensación, era mucho mejor que la noche anterior.

Comenzó a succionarlo y a mover la mano con la que lo agarraba.

Ayyyy, siiiii, papa, no puedo creerlo, dios mio, ayyyy, siiiiiii

Ayyyy papa, chupame, chupamelo mas, así, así, así.

No podía creer que esas palabras salieran de mi boca.

Estaba como en un sueño, los ojos se me cerraban, y el placer era absoluto.

Ayyyy, si, chupame, chupame, ayyyy, ya estoy por acabar, chupame, chupame

En eso pone un dedo en la entrada de mi ano, hace una suave presión y eso fue suficiente para hacerme explotar.

Ohhh, siiii, siiiii, siiii

Un increíble orgasmo que no terminaba jamás. Quedé inmóvil tumbado en la cama tratando de recuperar el ritmo de mi respiración.

Te gustó?, me dijo

Pensé que lo de ayer era lo máximo, pero no es nada comparado con lo de hoy, contesté.

Bueno, ahora me toca chuparte a vos, dije, casi sin pensarlo.

Maravilloso dijo, pero antes dejame darte algunos consejos.

Ya viste como lo hice yo, por lo tanto no vas a tener mayores dificultades, pero en el momento del orgasmo, yo voy a despedir el líquido que viste ayer y que note que mucho no te gustó.

Nuevamente volvió a preocuparme el absoluto conocimiento que tenía de mis sensaciones.

Ahora bien, continuó, yo voy a avisarte cuando estoy por eyacular, así no te verás obligado a toparte con ese líquido.

Pero no va a perder intensidad tu placer?, pregunté

Sos muy inteligente, me dijo, lo máximo para mi sería que siguieras chapándome hasta que yo termine, incluso si te tragaras el semen, sería para morir. Pero no te sientas obligado, si no te agrada.

Ahora yo tomé la iniciativa, le saque los calzoncillos, tomé su enorme pene con mi mano y sin pensarlo mucho, lo metí en mi boca. No me gustó al principio, pero luego me acostumbré al sabor y comencé a chuparlo mientas movía mi mano hacia arriba y hacia abajo.

El colocó sus manos debajo de su cabeza y comenzó a disfrutar.

Ayyyy dios mio, no se puede creer que bien me lo chupas

Chupame más, chupame más, así, así, chupame más.

Yo seguía apretando la base de su pene que no podía rodear con mi mano por el tremendo grosor, y trataba de meterme su aparato lo mas profundo posible.

Mientras tanto el con los ojos cerrados y abriendo mas las piernas seguía gozando como loco.

Ayyyy, si hijo mio, que bien me chupas, siiii, siiiii, chupame mas

Me agarro la cabeza y la empujó hacia el, presionándome con fuerza.

Dale tragatela toda, tragala hasta la garganta que no puedo mas de la calentura.

Ayyy, no aguanto mas, ya estoy, ya estoy, hay dios, hay dios, hay dios.

En ese momento me soltó la cabeza para que pudiera apartarme. Ese gesto de consideración que tuvo, me hizo sentir la necesidad de hacer todo lo posible para satisfacerlo. Traté de concentrarme en lo que venía, un enorme caudal de líquido blanco y espeso. Hundí la cabeza un poco mas, y finalmente salió el primer chorro que inundó mi boca, me dio una arcada que no pude contener, abrí un poco la boca y derramé el semen por la comisura de mis labios, seguí chupando y moviendo mi mano, vino el segundo chorro, este si lo pude contener, trague lo máximo que pude, pero una parte se volvió a derramar, vino el tercer chorro que trague por completo, estaba satisfecho por ello, y llego finalmente el cuarto chorro, menos abundante que trague si dificultad.

Solté su pene, levanté la cabeza y pude ver a mi padre mirándome a los ojos con una expresión de completa satisfacción. Se sonrió y me dijo, estuviste genial, es la mejor mamada que me han hecho en años.

Estas palabras me hicieron sentir muy gratificado.

Buenas noches, dije

Buenas noches, contestó

Pasé por el baño a enjuagarme la boca y me fui a dormir.



© Adrian Soto

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