En primer lugar me apetece presentarme al lector o lectora.
Mi nombre es Fran, y tengo 35 años. Mido 1,85 y peso 85 kilos. Castaño, ojos
oscuros y amante del sexo, del cual disfruto ampliamente con mi pareja. Además,
cuando la ocasión se presenta practicamos sexo en grupo con otras parejas amigas
y estamos abiertos a cualquier opción sexual que nos atraiga.
Hoy al sentarme ante el teclado he pensado escribir sobre el
coño y mientras hilvanaba mentalmente las líneas generales del texto, mi polla
ha comenzado a dar señales de vida y pronto se apretaba contra su prisión bajo
los pantalones (en verano no suelo llevar ropa interior). Tal es la fascinación
que ejerce sobre mí dicho órgano femenino.
¿Que tendrá el coño?, tan antifemenino él.
Toda la mujer es suavidad. Suavidad en las formas, en los
volúmenes, en las proporciones. Se admira en la mujer bella la tersura y
limpieza de su piel, la insinuación y el misterio que esconde, el limpio pliegue
de su piel bajo el pecho, el delicado hoyuelo de su ombligo sobre el plano
vientre…
Y sin embargo es el coño, velludo, de labios obesos, teñido
de color en muchos casos, sudoroso y aromático el que embruja a media humanidad,
y cada vez más, a parte de la otra media.
Es el coño, como el resto de la mujer. No hay dos iguales.
Resume en su pequeño tamaño la mas amplia diversidad, en formas, tamaños,
sabores, olores, y ahí radica una parte de su maravilla, y si hay una forma de
disfrutar de él en toda su dimensión es sin lugar a dudas comerlo.
Cuando una chica abre sus muslos, culturalmente condenados a
estar cerrados, las carnes se separan, se tensan los labios, como paso previo a
la apertura de los mismos y ofrece el coño, su coño a la boca del compañero/a se
produce la oportunidad de disfrutar de esa maravilla de la naturaleza.
Yo, cuando desde los pezones comienzo con mi lengua el
descenso hacia el coño alcanzo uno de los momentos de mayor morbo y placer que
obtengo con el sexo. La incógnita sobre lo que voy a encontrar allí abajo, tensa
todos mis músculos y me prepara para la acción.
El coño se come con los cinco sentidos, por ello es
importante rebasarlo y continuar la lamida por las piernas, hasta el momento de
incorporarse y proceder a la apertura del mismo.
Mientras observas el conjunto de la mujer tumbada boca
arriba, con las piernas extendidas, desnuda, aparentemente púdica, mirándote a
los ojos es el momento de centrar la vista en el montículo carnoso que corona su
coño. Ahí, en este instante es cuando ella se da cuenta de que lo que vas a
buscar es precisamente eso, su coño. Y no es raro que su cuerpo se estremezca.
Desliza entonces tus manos bajo sus piernas. Hazlo despacio, déjala que lo viva
con intensidad. ¡le van a abrir el coño! Y también tiene que disfrutarlo.
Si ya estas preparado, comienza suavemente a separar sus
rodillas, despacio, sin prisas, y allí está.
Obsérvalo, fíjate en los detalles. ¿esta depilado, o no?
¿Cómo son esos labios? ¿Brilla humedecido por sus jugos? ¿Llegas a ver el ojete?
Es importante disponer de una panorámica completa, y el ojete es parte del
conjunto del coño. Deléitate con la observación, porque cuando lo estés comiendo
no lo vas a ver.
Cuando estés satisfecho/a es la hora de descender desde la
rodilla, `pr la sensible cara interior de los muslos hasta él.
Al llegar es la hora del olfato. Inspira profundamente y
disfruta del olor a hembra. El coño, por su situación siempre tiene algún aroma.
Es evidente que si este es muy intenso, puede frustrase todo. Pero el delicado
perfume de un coño no es desagradable, sino todo lo contrario. Habla de su
propietaria, es su rincón más íntimo. Recórrelo de arriba abajo inspirando y
llenándote de él.
Si ha seguido mis consejos, la chica estará deseando de que
empieces, pero tú hombre o mujer estarás pasándotelo en grande. Tu polla estará
dura como un cuerno, y si eres chica, tu propio coño chorreara flujos.
¡A comer! Comer un coño, no es masturbarlo con la lengua. Es
la palabra comer lo que mejor lo define. No dejes rincón alguno seco, recórrele
suavemente los labios con la lengua. Primero los mayores y luego los menores.
Detente en cada pliegue. Baja mas allá del coño y juega en el espacio que separa
su coño del agujero del culo, llega hasta el y juega con la punta de tu lengua a
intentar abrírselo. Penétrale el culo con la lengua. ¡No seas tonto/a! Juega en
su entrada mas privada.
No tengas prisa, y en cada etapa detente el tiempo que te
apetezca. Cuando lo consideres oportuno emprende el camino de vuelta, pero esta
vez usando tus labios. Mordisquea con ellos lo que encuentres a tu paso,
succiona y bebe sus jugos, saboréalos… Despacio. Llena tu boca de sabor a coño y
paladéalo.
Posiblemente ya sea el momento. Ella estará a punto y
bastarán unos suaves toques de lengua sobre su clítoris para que se corra
intensamente. No te detengas, sigue, y puede que le regales otra corrida a
continuación.
Ahora ve relajando tus movimientos y recuerda no marcharte de
allí sin volver a recoger el líquido de su corrida. Llévatelo en la boca y
déjalo en la suya, en un beso largo y relajante.
Si es otra chica la que ha comido el coño, no le ofrezcas
ahora el tuyo. Está demasiado excitada. Deja pasar unos minutos hasta que se
serene un poco y cambiad los papeles.
Bueno, yo me he corrido mientras escribía esto, recordando
las veces que he comido un coño así. No se a ti lector lo que te habrá parecido.
En cualquier caso para bien o para mal, me gustaría que me lo contaras en mi
correo.
Un beso a todas y un saludo a todos