El pasaporte.
Paula es una joven de 25 años que no tenía trabajo desde
hacía varios meses, morocha de pelo hasta los hombros, atractiva como la mayoría
de las jóvenes argentinas y a la que le gusta vestirse bien. Se había recibido
de arquitecta naval y de chica estaba acostumbrada a llevar un muy buen nivel de
vida que no estaba dispuesta a resignar para vivir con lo justo
Hace poco había escuchado una propuesta concreta para
trabajar de lo que más le gustaba en Barcelona con un excelente salario, aunque
para ello necesitaría el pasaporte de la comunidad. En épocas de crisis, el
consulado italiano estaba a full, había gente esperando desde muy temprano y, si
uno tenía la suerte de ser atendido, el trámite podía durar meses.
Paula fue, esperó, pero los turnos para el pasaporte (ella ya
tenía la ciudadanía desde hacía un año) se habían terminado antes de que
pudieran atenderla, entonces entró y pidió hablar con el cónsul; éste no la
quería recibir, pero ante la insistencia de la chica accedió.
Paula le planteó sus problemas y su necesidad de obtener el
pasaporte rápidamente, a lo que el consul respondió que sería injusto que
tramitaran el de ella antes que el de las otras personas y que la ley tenía que
ser pareja para todos. Paula insistió, por poco suplicaba que se lo tramiten, y
el consul empezó a pensar la forma en que podía sacar ventaja de la situación y
siguió negándose. Ella finalmente le dijo que haría cualquier cosa para
conseguirlo, a lo que él le contesto que si estaba segura de que haría cualquier
cosa, podría tramitarle el pasaporte en cuestión de horas, pero que para ello
tendría que hacerle algo a cambio, a lo que ella preguntó que era lo que debía
hacer, pero el le dijo que primero tendría que decir que sí, que sería algo que
no le tomaría más de algunas pocas horas y que después no volverían a verse.
Ella ya sabía lo que sería el pedido, pero pensó lo mucho que quería el
pasaporte y que sería sólo una vez, llevaría poco tiempo y nunca más lo vería.
Cuando ella acepta, el hace unas llamadas, y le dice que lo siga, salen del
consulado, se suben a un toyota corolla azul, Paula le pregunta que adonde iban
y el le dice que al departamento de un amigo. Llegan al lugar, suben hasta el
séptimo piso y allí los reciben tres hombres, Mauro, Rodrigo y Mariano. Paula
cuando los vió se asustó y le pidió explicaciones a Luigi (que así se llamaba el
cónsul), a lo que éste responde que tenía que hacer todo lo que él quisiera, que
ese era el trato y que sino se olvide del pasaporte. Ella no dijo nada y entró,
se sentó en un sillón y dijo terminemos rápido con ésto, a lo que Rodrigo
respondió:
Mirá preciosa, vamos a tomarnos todo el tiempo que creamos
necesario, así que mejor que lo disfrutes, andá sacándote la ropa despacio y
acercate y empezá haciendome un pete.
Paula se fue sacándo la ropa y se acercó despacio, le
desabrochó el pantalón y empezó a chupársela, mientras Luigi le empezaba a meter
algunos dedos en la concha, Mariano ponía música y Mauro filmaba todo. Después
de un ratito Luigi le empezó a meter la pija por la concha, en eso Rodrigo ya
estaba por acabar, entonces le dice:
Tomátela toda que no se te escape ni un poquito.
Paula empezó a sentir como se le llenaba la boca y empezó a
tragar cuando Luigi le empieza a dar más fuerte, se la saca y empieza a
metérsela por el culito, ella no lo esparaba todavía y lo tenía totalmente
cerrado, sacó la pija que tenía dentro de su boca y dijo:
Pará un poco, me va a doler no seas bruto.
Ni en pedo te la meto como yo quiero - le respondió Luigi, y
llamó a los otros para que se unan a la diversión.
A Paula se le caían las lágrimas mientras se la metía y pegó
un grito cuando Luigi llegó hasta el fondo y éste comperobó con satisfacción
como empezaba a sangrar, y entonces aprovechó Mariano para metérsela en la boca,
y Mauro para darle la cámara a Rodrigo, y decirle a Luigi:
Tirala un poco para atrás así se la meto por la argolla.
Paula nunca había participado antes de una orgía y quiso
evitarlo, pero tenía una pija alojada en su boca y no podía sacársela porque
Mariano le sostenía la cabeza mientras se la metía, entonces Luigi se tira un
poco para atrás y Mauro comienza a metérsela por la argolla. Paula casi podía
sentir como se tocaban las dos pijas dentro suyo y le dolía bastante, cuando
Mariano le metió la pija hasta la garganta y le empezó a llenar el estómago de
leche. En ese momento ella sintió algo caliente en sus intestinos, era Luigi que
de paso le decía:
Es el mejor culito que me coji en mi vida.
Al ratito Mauro le llenó la concha de leche y se quedaron
descansando un rato hasta que Luigi dijo:
Todavía no terminamos y tengo ganas de ver que se siente
metérle a una minita dos pijas juntas en el culo.
No eso no lo voy a permitir por nada - dijo Paula
Entonces ésto fue por nada - gritó Luigi enojado - no vas a
tener tu pasaporte nunca.
A Paula se le empezaron a caer las lágrimas y accedió, pero
pidió que se lo hagan con cuidado. Entonces Mauro dijo:
Pero tiene otro lugar donde podemos ver que se siente.
Si vamos a sortear a ver por donde la metemos cada uno - dijo
Luigi.
Al final Mauro y Luigi fueron los que se la iban a meter por
el culito y Mariano y Rodrigo por la argolla. Entonces se acercaron los dos y
Mauro empezo a meterla hasta que llegó hasta el fondo, a Paula le dolía un poco
pero lo podía aguantar, pero le empezó a doler en serio cuando Luigi empezó a
abrirle el culo un poco más y se la empezó a meter. Empezó a gritar y Rodrigo le
tapó la boca para que no escucharan en los otros departamentos. Paula solamente
quería que terminaran, le dolía demasiado y hasta se arrepentía de haber ido
allí, despues de un rato empieza a sentir como se le llenaba el culito de leche
de nuevo, el ardor era insoportable, hasta pensó que iba a perder el
conocimiento. Cuando se las sacaron vieron el tamaño que le había quedado en el
orificio, era enorme se podía casi meter una mano entera ahí adentro, y la
cantidad de leche que salía mezclada con sangre era increíble. Mauro después de
ver ésto dijo:
Ya es suficiente, ahora dejemos que se vaya.
Ni hablar, yo quiero dárle por la concha - dijo Rodrigo.
Mauro tiene razón, conformate con un pete - le dijo Luigi -
después de todo la conseguí yo.
Paula sintió alivio, casi hasta disfrutó el hecho de hacerles
petes, aunque ésta vez decidieron acabar en su cara y su pelo, para filmarla de
ese modo. A ella le dolía todo el cuerpo, desde las mandíbulas hasta el culo,
apenas podía caminar y se sentía totalmente humillada. Ellos la ayudaron a
bañarse, y le prometieron que el video sería sólo un recuerdo y que nunca lo
publicarían.
Luigi la llevó hasta la casa y se despidió. A los dos días le
llegó el pasaporte y pudo así cumplir su sueño.
Me gustaría recibir comentarios sobre éste relato, que me
digan que les pareció, si les gustó, si es una bazofia, lo que les parezca.
Saludos.