 |
| 1,140,224
Miembros | 12,797 Autores | 53,760 Relatos | 1,156 Usuarios Online |
Bienvenido a TodoRelatos.com! |
   
|
TODORELATOS » RELATOS » ESA INFIDELIDAD ME EVOCó LA PRIMERA VEZ |
 |
 |
|
[ "Una sonrisa puede más que mil penas" (Ivan Llopis) ] |
|
TODORELATOS.COM |
Fecha: 11 de Octubre, 2008.
|
 |
| Fecha: 10-Ago-03 |
« Anterior |
Siguiente » en Hetero: Infidelidad (776 de 3513) |
![]() |
| Me recosté en la cama y abrí mis piernas, ofreciéndole como visión los labios internos de mi sexo. Con movimientos sensuales, me llevé el dedo medio a mi boca, lo llené de saliva y ... |
  |
 |
Salí de la cama, desnuda. Restos de semen escurrían por la
parte interna de mis muslos.
Cuando caminaba al aseo, me quedé mirando al Sr. Villanueva,
que roncaba suavemente después de nuestras relaciones sexuales. Nunca me imaginé
que fuera a serle infiel a Enrique con ese hombre mucho mayor que yo, el cual,
había conocido apenas unas horas antes, en la cena de fin de año de la compañía
en donde trabaja mi querido esposo.
Todo había sucedido muy rápido, el baile, las copas, los
halagos, no se,... terminé en ese cuarto de hotel follando con un hombre que
pudiera haber sido mi padre ... o mi tío.
La época de navidades y ese hombre mayor con el que acababa
de follar, me evocaron a mi tío Godofredo. Me senté en una silla, junto a la
ventana, y me quedé mirando la hermosa luna en cuarto creciente, removiendo
resonancias de mi adolescencia, época en que descubrí el potencial de mi propia
sexualidad.
Permítanme relatarles una vivencia que para mi fue
enormemente significativa.
Recuerdo ese día,... desperté un poco más temprano que de
costumbre, estaba entusiasmada, debido a que iniciaríamos los preparativos para
el festival anual de la escuela secundaria. Ese año, había cumplido quince años
y ya me sentía una joven grande, junto a los alumnos de otros grados. Por
supuesto, a esa edad, ya había tenido diversas experiencias sexuales con chicos
que se decían mis novios y se ponían como locos cuando les permitía besarme y
acariciar mis piernas y mis tetas, las cuales, habían alcanzado una consistencia
firme y una bella forma.
Los compañeros de la escuela, temblaban de excitación cuando
vestía alguna falda corta, una blusa escotada o me entallaba las camisetas
escolares sin top, lo que permitía que mis pezones se notaran a través de la
tela. Por supuesto que también había jugado en las fiestas de novatos con las
atrevidas camisetas mojadas. No era una jovencita que destacara por su recato.
Aún con esas vivencias, mi virginidad aún se mantenía
intacta, a pesar de que solía dejar que los chicos que me agradaban, me
masturbaran y eyacularan sobre mis piernas y tetas desnudas.
También, a mis quince, ya tenía plena conciencia del efecto
que provocaba en los jovencitos de mi edad y, lo que es más interesante, en los
no tan jovencitos. Pero volvamos al relato.
Ese día, me duché para desperezarme. Al terminar, salí del
baño secándome con una toalla mi cuerpo juvenil, el cual, se dibujaba con una
hermosa perfección. Tiré la toalla y me dirigí hacia el vestidor de la
habitación. El espejo reflejó mi imagen totalmente desnuda. Mi pelo rubio,
húmedo, me caía suavemente sobre los hombros y mis pechos, hermosos y firmes,
temblaban levemente con cada uno de mis movimientos.
Me encantaba observar cómo crecían mis pezones y se hacía más
profundo su color rosado cuando pasaban por mi mente esos sueños eróticos que
llenan a menudo la conciencia adolescente. Me atraía, también, observar el
círculo de piel más obscura que crecía alrededor de mis pezones. Me llamaban la
atención esos pequeñísimos granitos que se notaban con mi excitación. También,
me fascinaba caminar con sensualidad disfrutando el estar totalmente desnuda.
Los cabellos rubios de mi pubis, apenas alcanzaban a ocultar el surco de mi
sexo.
Estaba abriendo los labios de mi conchita para frotarme el
clítoris con mi dedo medio, tal como solía hacerlo desde hacía tres años para
disfrutar de un orgasmo antes de vestirme, cuando me percaté que el tío
Godofredo, me observaba tembloroso por la ventana desde el pequeño jardín de la
casa.
Hacía tres días que había pasado a visitar a su hermana, mi
madre, después de años de no verla. Por supuesto, desde el día que nos
presentaron, noté su mirada cargada de lujuria. Ahora, me estaba espiando, con
ese atrevimiento que la pasión no puede ocultar. De hecho ya había notado que se
quedaba atónito, viendo mis piernas cuando me sentaba en la salita a ver
televisión, de manera que se me veía hasta las bragas.
Como el día anterior, que también me había percatado de que
no perdía oportunidad para espiarme, no dije nada y tampoco intenté cubrir mi
desnudez. Como la mañana anterior, me recosté en la cama y abrí mis piernas,
ofreciéndole como visión los labios internos de mi sexo. Con movimientos
sensuales, me llevé el dedo medio a mi boca, lo llené de saliva y seguí auto
estimulándome sin detener la sensación que poco a poco envolvía todo mi cuerpo.
No pude disimular los gemidos que surgían naturalmente ante esas sensaciones:
―mmmmmmmmmmmmm... ricooooooooooooo
Poco a poco llegaron dulces orgasmos,
―ahggggggmmmmmmmmm, quierooooooooo ―gemí, anhelando un
pene dentro de mi, lo que hasta la fecha se mantenía como una mera ilusión.
Aunque terminé, seguía muy caliente y mi pasión se
incrementaba conforme me daba cuenta que el tío Godofredo, me estaba viendo y
sabía que sudaba de excitación al verme.
Me puse de pié y, entrecerrando mis ojos frente a la ventana,
levanté ambos brazos y lentamente los fui bajando, dejando que mis manos tersas
y delicadas, tocaran mis pechos, mi pronunciada cintura y terminaran recorriendo
las suaves curvas de mis caderas.
Me di la vuelta y dejé que observara con plenitud, mis
suavísimas y turgentes nalgas. Voluptuosamente acaricié mis glúteos, abriéndolos
suavemente, hasta dejar expuesto mi pequeño y rosado ano.
―Hummmmmmmmm, ricoooooo ―murmuré.
Estaba gozando el momento, me encantaba la sensación que
recorría todo mi cuerpo, cuando me daba cuenta de que el tío Godo, se había
sacado el pene para masturbarse, extasiado con la escena que le regalaba.
Así, permanecía desnuda. Caminaba de allá para acá,
preparando el uniforme del colegio. Elegí un pequeño y transparente sostén para
mis tetas. Me fascinaba que la fina tela de la prenda no ocultara mis pezones.
Lo había descubierto en una tienda de Victoria Secret y ahora lo estrenaba
frente a mi tío. Por supuesto, mis pequeña tanga de hilo dental, permitían que
mi cuerpo de líneas suaves y hermosamente femenino, se mostrara lo más posible.
Con sólo tanga y sostén, me senté en el tocador a peinar mis
delicados cabellos rubios.
Delineé mis gruesos labios y les di color con un tono sutil
y, finalmente, les agregué un brillo intenso. Puse sombra color marrón en mis
párpados y me apliqué un sensual perfume que alguien me había regalado el día de
mi cumpleaños. Recordé por enésima vez, los comentarios que sobre mi hermosura,
espontáneamente, escuchaba en todo lugar en donde estuviera. Sonreí con
satisfacción con el resultado que observé en el espejo.
Con discreción, advertí que el Tío Godo, continuaba
observándome como hipnotizado.
Noté el movimiento que indicaba que seguía masturbándose sin
perder detalle de la sensual ocasión.
En eso estaba, cuando mi madre tocó a la puerta de mi
habitación y comentó
―!Ari, mi amor!, me voy al trabajo. No se a dónde se
fue tu tío, pero te encargo que si lo vez, antes de irte a la escuela, le digas
que comeremos aquí en casa a las tres de la tarde... ¡ciao, hermosa!
En ese momento, así semidesnuda, me dirigí a la ventana, miré
un momento sin expresión al intruso y guiñándole un ojo de manera por demás
coqueta, comenté:
―!No te preocupes mami!, si lo veo, le diré. ¡Cuídate!
Cuando el tío Godo, notó que me había hecho su cómplice, me
dirigió una expresión de agradecimiento por la discreción ante mi madre.
Dejé pasar un minuto para dar tiempo a que mi madre saliera
de casa. Al cabo de ese breve tiempo, me acerqué de nuevo a la ventana y
enfrenté al tío Godofredo.
―!Hola tío!, ya se que estás tomando el fresco en el
jardín viendo la belleza de las flores. Quisieras ver alguno de los "tesoros"
que guardo en mi cuarto, ¿quieres pasar?
―¡claro, Ari!
―respondió turbado por haber
sido cogido "con las manos en la masa".
A los pocos instantes, entró a la casa y tocó a la puerta de
mi habitación. Así, semidesnuda, le abrí la puerta y le invité a sentarse en la
cama.
―Pasa tío, como ya te habrás dado cuenta, me estoy
arreglando para ir al colegio. Ponte cómodo mientras termino.
Me senté muy cerca de él y decidí esperar a que las cosas
sucedieran espontáneamente. De hecho, lo esperaba, al notar la tremenda
excitación que se adivinaba en mi tío.
Estaba tan cerca, que él podía percibir el delicado aroma de
mi cuerpo. Mis pechos mostraban sus suaves líneas y sensual firmeza. El color y
la tersura de mi piel desnuda, la curva de mis piernas cruzadas y el olor de mi
cuerpo, ofrecían tal estímulo, que el tío Godo, no pudo evitar acercar su mano y
acariciar el muslo de una de mis piernas. Al contacto con mi piel, tembló
frenéticamente sin disimular la poderosa excitación que le quemaba.
―Eres un ángel Ari, entiendo por qué vuelves locos a
los chicos de la escuela y del vecindario,... estás bellisimaaa, tu roosstro, tu
cuerpoo, ¡Dios mioo, me haces temblar!
―dijo con voz trémula y sin
poder ocultar la tremenda erección que se le notaba en la entrepierna.
Era evidente que el contacto de su mano en mis piernas le
generaba tal excitación que su mirada se nublaba, sudaba y se escuchaba su
respiración agitada.
―Tienes unas piernas increíblemente finas, Aria,
―comentó extasiado,
recorriendo con su mano temblorosa, el camino hacia la parte interna de mis
muslos.
Yo estaba deleitándome con la caricia, y en un momento me
percaté de la sensación de humedad en mi sexo. No pensaba en otra cosa que vivir
el momento con un hombre mayor que se manifestaba tan enardecido con mi cuerpo.
Nunca había vivido una situación como ésa. Los chicos con los
que había compartido caricias, me habían parecido muy torpes y una vez que
eyaculaban sobre mi, con una impresionante rapidez, no me acompañaban hasta
lograr mi propia satisfacción. Por eso masturbarme a mí misma, me resultaba la
única salida. Sin embargo, ahora surgían sensaciones que nunca había sentido
antes.
Me atrajo hacia sí y me quitó el top dejando al aire mis
pechos.
―!Dios mío!, tienes las tetas más firmes, jóvenes,
tersas y hermosos que he visto jamás
―me susurró muy cerca de mi
cara ―Tus formas son, por
mucho, las más exquisitas que jamás he visto en mujer alguna.
Lentamente sus dedos recorrieron la suave curva de mis tetas,
hasta llegar a mis pezones, los cuales ya estaban erectos, por lo que
entrecerrando mis ojos y abriendo un poco mi boca, no pude contener una
exclamación ahogada.
―mmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm.
Me quitó la tanga levantando mis piernas con delicadeza, y
yo, sin recato, las abrí para mostrarle los labios de mi sexo, divinamente
perfilados. Mis pelitos rubios, delgados, como cabellitos de bebé, dibujaban la
belleza de mi vientre y pubis.
Se agachó y besó frenéticamente mi estómago, metió su lengua
en mi ombligo y siguió con mi vientre hasta llegas al pubis. Pensé que no iba a
contener su eyaculación, como era mi experiencia con los chicos que habían
llegado hasta esas partes de mi cuerpo antes. Pero no, su pene se mantenía
erecto y seguía besándome embelesado.
Mi piel tenía un tono ligeramente rosado y terso. Podía
sentir como los labios de mi tío, recorrían lentamente la suavidad de mi piel,
mis formas femeninas. El aroma de mi cuerpo, mis gemidos y sus expresiones
profundas, deliciosamente inundaban la habitación.
Todos esos estímulos, hicieron que mis ansias de ser poseída
surgieran avasalladoramente. Sentía que mi corazón iba a estallar.
De forma espontánea, cogó con mis manos el tremendo falo, que
mi tío acababa de liberar una vez que se quitó su pantalón. Definitivamente,
nunca había tomado entre mis manos un pene tan impresionante. La imagen era por
demás sensual, los dedos de mi mano derecha, delicados, femeninos, de piel
finísima y tersa, con unas uñas hermosamente arregladas, intentaban rodear por
completo esa enorme polla.
Empecé a bajar y subir mi mano a lo largo de todo el tronco
de la verga. Sentía la cabeza del pene entre mis dedos índice y pulgar y
descubrí que cuando estimulaba esa área, mi tío, gemía excitado y aumentaba la
producción de un líquido viscoso y transparente, que ayudaba a que mi mano se
resbalara por su polla erecta.
―Estás divina, Arita, querida
―dijo, entrecerrando los
ojos y acariciando mi ano lentamente con su dedo medio.
―Auhggggmmmmm
―dejó escapar un ronquido de
placer.
Me, abrió los labios externos y empezó a acariciar con su
dedo las partes internas de mi conchita. Me sorprendió sentir que sus dedos se
mojaron totalmente con los jugos que surgían de mi sexo.
―Me gusta muchooooooo, nunca había sentido tan
ricooooo,... méteme más el dedo, quiero sentir mucho rato así, tío, que lindo
eres conmigo, mmmmmm. ―le
dije, mientras abría más mis piernas para sentir con mayor intensidad el
estímulo ―Ahggmmmmmm, Ahaaaaaaaaa.
Después de estimularme un rato en esa posición, levanto mi
frágil cuerpo desnudo y me agachó la cabeza frente a su tremenda verga.
―Vamos Aria putita, chúpame la verga mi reina. – Me
pidió con voz ronca y excitada.
Puse mis labios en su polla, él me agarró la cabeza y me
guió. Me decía que abriera mis labios, que pusiera la lenguita en la punta. Que
la recorriera toda con mi lengua. Me enseñó que en el frenillo es donde sentía
más rico. Sentía su pene dentro de mi boca y mis turgentes labios rodeaban el
tronco con ansias, se lo chupé como un caramelo.
Mientras tanto, él me masturbaba, frotando mi clítoris con
rapidez. Mi vulva y todo mi sexo cada vez se notaba más húmedo y turgente.
Me tomó de la cintura, se recostó en la cama y me puso encima
de él.
―Estoy en el paraíso pequeña Aria, solo te faltan alas
para de verdad convertirte en un ángel. Tienes una cara hermosísima y me vuelven
loco tus ojos color verde esmeralda
― me dijo con voz grave.
Con sorpresa sentí su pene erecto a la entrada de mi vagina.
Tenía miedo, pero a la vez deseaba ser penetrada por primera vez en mi vida. Mi
tío notó mi turbación y me comentó:
―Si meto mi verga en tu agujerito sentirás más rico.
Anda putita mía, déjame entrar ―sus palabras,
denotaba su evidente excitación.
―¿Me dolerá? Ingenuamente le pregunté.
―Si mi princesa, te va a doler, pero solo por un
momentito, pero si quieres no te la meto. Me dijo confiado en mi respuesta de
seguir.
―Si métemela tío Godo, si tu dices que me va a pasar
el dolor lo quiero ―le dije
con valentía.
Me metió la cabeza de su polla en mi vagina y, casi al
instante, le rogué que me la sacara, de verdad me dolía mucho
―!Nooooooo, ahaaayyyyyy!, siento muy feo, me duele,
¡sácamela por favorrrrrrrrrr!.
Sentí un hilillo de sangre que recorría mis muslos y pensé
que jamás podría entrar una verga de esa tamaño en mi vagina tan estrecha.
Estaba segura que si lo hacía, me iba a destrozar por dentro. Más sangre brotaba
de mi sexo y me asusté.
Detuvo su embestida y sin sacármela, me besó lentamente mis
labios, mi cuello y mejillas, hasta que me tranquilicé.
―¿Ya te pasó el dolor, hermosa?
―me preguntó
―Ya no me duele tanto, ¿me la tienes adentro?
―La tienes adentro reina y ahora te la voy a meter un
poco más ―diciendo esto me tomó de mi
cintura con ambas manos, me chupó las tetas y levantó sus caderas para impulsar
la penetración.
Mi primer impulso fue huir de la experiencia, sin embargo, me
propuse terminar lo que había decidido empezar. Además, seguía excitada y no
quería volver a sufrir la falta de orgasmos y que me ocasionaban siempre un
dolor terrible de cabeza.
Me la metió un poco más y como grité de dolor, me dijo:
―Te la voy a sacar mi amor, no te preocupes.
―No tío, no, mejor descansemos un poco, ¿si? – le
respondí, sudando por el esfuerzo.
―Quiero besarte preciosa, abre esos labios tan hermosos que
tienes y déjame acariciarte, amor ―Sin
sacarme la polla, me besó largamente, urgando con su lengua dentro de mi
boca. Me chupaba con ansias mis labios, metiendo sus dedos entre mis cabellos.
Al cabo de unos momentos, su polla me fue penetrando y, por
fin, me la metió toda. Me ardía y sentía mis fluidos vaginales mezclados con mi
sangre virginal. Noté que algo me había explotado por dentro y sentía como si me
hubiera hecho "pipí".
Seguía fluyendo sangre.
Aunque no fue inmediato, poco a poco, empecé a sentir que
pequeñas explosiones de placer se sucedían espaciadamente, después, más
frecuentes y poco a poco incrementaban su intensidad. Estaba sintiendo
riquísimo, cada vez que la polla de mi tío entraba y salía.
Estaba llena de fluidos, totalmente lubricada ...Cielos!!!
Era algo riquísimo. Empecé a temblar, de verdad, no podía dejar de gemir con la
tremenda sensación de placer que inundaba cada milímetro de mi cuerpo.
En algún punto de mi clítoris y en algún lugar de mi vagina
se producían como descargas que irradiaban todo mi cuerpo. Estaba super
excitada, gritaba y gemía sin poderlo evitar, mi cuerpo se curvaba para sentir
más y más. Eran las sensaciones más increíblemente intensas que jamás imaginé
que existieran. Le supliqué a mi tío Godofredo, que siguiera, que me diera más,
que quería más, que no parara, ... nunca
―Tío, quierooooooo masssssss, métemelaaaa
másssssssssssssss, quierooooooooooo, ahyyyyyyyyyyyyyyyy, que ricooooooooooooooo.
No se detuvo, sentí que su verga crecía y crecía más dentro
de mi, me abrazaba, sudaba y gemía con intensidad y empezó a gritar cosas como:
―Eres una putita deliciosaaaaaaaaa Aria, te va a
encantar la vergaaaaaaaa, te vas a hacer mamadoraaaaaaaaa, chiquitaaaaaaaa, abre
mássss las piernas putaaaaaaaaaaa, te estoy follanddooooo, massssssssss, te
estoy cogiendooooooooooooooo, ...
En un momento, sentí que me llenaba de líquido mi estrecha
vagina conforme percibía una serie de espasmos de su pene, acompañados de
expresiones guturales y temblores de todo su cuerpo. Se había corrido dentro de
mi, dejándome inundada con una gran cantidad de semen que eyaculó en mi
interior.
Había sido la hembra de un macho que me cogió con una fuerza
que nunca me hubiera imaginado.
En ese momento me invadieron los orgasmos más deliciosos que
jamás había sentido. Todo mi cuerpo tembló, grité por el placer más descomunal
que me inundaba completamente.
No me detuve, cabalgué encima de mi tío con su verga aun
erecta y mi cuerpo temblaba sin control y como una tempestad dentro de mi sentí
la llegada de otro orgasmo.
―Ahayyyyyyyyyy, queeee rrriiiiicooo, másssssssssss,
quiero mássssssssss, - gritaba sin dejar de sentir la serie de explosiones de
placer dentro de mi. Asiiií, asiiiiiiií. Siento riquísimo, quiero mássssssssss,
mucho mássssssssss ―Dije,
con una admirable vitalidad.
― Si querida te voy a seguir dando muy rico
―me dijo.
Era tal la excitación de mi tío, que no tardó mucho en
volver a erectar su instrumento.
Me miraba a los ojos con una pasión infinita, no cesaba de
decirme lo bella que era. De nuevo, sentí como su verga crecía dentro de mi
vagina y sentí su orgasmo cuando gritó
―Ahggggggggggggggg, Ahugmmmmmmmmmmm,
mmmmmmmmaaaaaaaasssssss...
Los chorros de semen inundaron de nuevo mi vagina
sintiendo un descomunal placer.
Me llegaron más orgasmos, esta era una experiencia
verdaderamente inusitada e intensa. Casi perdí el sentido cuando sentía series
de explosiones orgásmicas que se sucedían a un ritmo frenético, no podía
controlar el temblor de todo mi cuerpo.
Me abrazaba y pegaba su pecho a mis chichis. La imagen era de
verdad increíble, mis finísimas y blancas tetas pegadas a los pelos negros del
pecho de mi tío.
Mis labios y mi boca deliciosa, recibía su lengua. Me besaba
como poseído y no dejaba de masajear mis pechos, mis cabellos, mis nalgas, mi
culito. Me apretaba contra él, desesperado, como queriendo eternizar ese
momento.
Poco a poco, volvimos a la calma. Seguíamos desnudos,
abrazados. No cesaba de besar tiernamente mi cara, mi cuello, mis tetas.
Acariciaba mi pelo y me volteó para pegar su pene a mis nalgas, abrazándome por
detrás, acariciarme las tetas y mi vientre de piel suave y aterciopelada. Subía
sus piernas sobre las mías, como queriendo fundir mi cuerpo en el suyo.
―Me encanta tu olor mi princesa ―decía, mientras olía
la piel de mis hombros y espalda, que se curvaba hermosamente hasta mis nalgas.
Aspiraba con vehemencia el aroma de mi pelo y más y más,
besaba mi cuello.
Cerré mis ojos y me quedé serenamente dormida.
En un momento, súbitamente se levantó y empezó a limpiar las
manchas de sangre y los otros restos de nuestra sesión de sexo. Me besó las
mejillas y despertándome, me ayudó a levantarme y me encaminó a la ducha
pidiéndome que me aseara muy bien.
Al cabo de algunos minutos, cuando aún estaba en la ducha,
entró al pequeño cubículo de la regadera, me tomó de la cintura, me atrajo
fuertemente hacia él y me dio un prolongado beso, diciéndome:
―Aria, eres un ángel mi reina, tengo pavor de
enamorarme de ti, yo que soy un hombre mucho mayor y además hermano de tu madre.
Me haces temblar Ari, querida. No ha pasado ni media hora en que te hice mía y
ya siento el ansia de volver a poseerte, de hacerte el amor, de follarte. Me has
vuelto loco pequeña Ari y se que voy a sufrir mucho para sacarte de mi mente.
Perdóname pequeña por atreverme a entrar al paraíso y poseer a un ser celestial
como tú.
Cuando salí de la ducha, lo encontré vestido, sentado en la
sillita del tocador. Me despojé de la toalla y a partir de mi desnudez, empecé a
vestirme. El observaba cada movimiento, cuando me dijo, con una evidente
tristeza:
―Aria eres una mujer que va a poner de cabeza al
muchos, tienes unos exquisitos pies, tus piernas son increíblemente bellas,
tienes una cintura hermosa, unas nalgas divinamente llenitas, no tengo palabras
para describir la belleza de tus pechos, y tu cara hermosísima, y esos cabellos
rubios, sedosos y brillantes. Nunca te voy a olvidar mi amor.
Se puso de pié y continuó:
―Adiós pequeña, espero que alguna vez me perdones por
haber robado tu virginidad. Te amo princesa, siempre estarás dentro de mí y
guardaré esto como el mejor tesoro que la vida me dio.
Me acabé de vestir, sin recapacitar mucho en sus palabras. La
verdad no hallé qué decirle. En ese momento, no entendí el verdadero significado
de sus palabras.
Salió de la habitación, tomó su equipaje y tomó el taxi que
lo llevó al aeropuerto. Solo dejó una pequeña nota a mi madre ... jamás supe lo
que decía y tampoco, lo volví a ver.
Yo, salí tarde al colegio. Me sentía diferente. Comprendí que
mi tío me había abierto la puerta de un mundo enorme que desde ese día me
esperaba. Caminaba sonriendo, satisfecha, mi falda a cuadros, muy corta,
permitía que se me vieran en parte las turgentes nalgas cuando caminaba con
seguridad y sensualidad femenina.
Los chicos a mi alrededor, incluso los hombres mayores,
volteaban a verme sin disimular.
Gracias por haberme permitido compartir con ustedes esta
significativa experiencia. También aprovecho para agradecer a los queridos
amigos que me han regalado infinidad de muestras de cariño. Con mucho amor: Aria
Mi correo
ariasen@hotmail.com
|
 |
CONTACTOS
Contacta con gente de tu misma ciudad! |
|
Valore y Comente los relatos que lee, los autores lo agradeceran y
supondrá una mejora en la calidad general de la web.
Gracias! |
|
|
|
|
| |
|
|
| |
|
| |
 |