por Tomás Brentano
Aquel día sería especial
para mí, firmaría en casa de Juan, un chalet en la sierra
de Madrid, mi entrada como socio en el negocio. Me había costado
varios años de trabajo conseguirlo, era mi meta y por fin se hacía
realidad.
La Sociedad iba muy bien económicamente
y el trabajo me gustaba, aunque era muy duro y en ocasiones mi mujer y
yo teníamos que soportar situaciones difíciles, yo llegaba
tarde a casa o estaba de viaje, pero el dinero y los pequeños lujos
que nos permitíamos lo recompensaba. Juan y Luis, los dueños,
me propusieron hacerme socio, aunque eso sí, me dijeron que tenía
que pagar un precio "especial", que me dijeron se haría
efectivo esa misma noche, durante la firma.
Al llegar a su casa vimos dos lujosos
coches en la entrada, Susana, mi mujer, me sonrió. Los dos comentamos
que dentro de poco tendríamos un coche así. Susana estaba
impecable, su pelo moreno y rizado, sus ojazos, sus labios sensuales, llevaba
un vestido para la ocasión que permitía ver toda su espalda
y que escondía duras penas sus tetas por delante, sin sujetador,
claro, el vestido lo requería. Y debajo... bueno yo sabía
que debajo sólo llevaba un minúsculo tanga negro, unas medias
de encaje rematadas por unos zapatos negros de tacón, alto, muy
alto, estaba deliciosa.
Al llegar nos abrió la puerta
Juan, tenía 45 años, muy bien físicamente, hacía
mucho deporte. Entramos al salón y nos saludaron Irina, Sonia y
Luis. Todos íbamos de etiqueta, la ocasión lo requería.
Sonia era la mujer de Luis, iba de pelirroja y a sus 40 años estaba
muy buena. Irina, era la mujer de Juan, era de algún país
del este, no recuerdo cuál, y se conocieron en un pase de modelos,
ella era mucho más joven que su marido y bueno, siendo modelo, era
preciosa, rubita, delgada pero con un par de buenas.
Después de las presentaciones
y un breve aperitivo nos sentamos a cenar, una cena deliciosa, que el servicio
de Juan había preparado para la ocasión. Después de
cenar pasamos a otro salón donde Luis sirvió unas copas después
de despedir al servicio.
Entonces Juan tomó la iniciativa:
- Tomás, ha llegado el momento
de que entres a formar parte de nuestra sociedad, que seas uno de nuestros
socios y que disfrutes de los beneficios que esta nueva posición
te proporcionará...
Susana y yo nos miramos con una
sonrisa a cómplice, por fin había llegado el momento.
- ...Pero claro, -siguió
Juan- también tendrás tus obligaciones y la primera de ellas
tendrás que cumplirla esta noche.
Le sonreí y le dije:
- Por supuesto, dime qué
debo hacer...
- Esta noche debes entender que
tanto tú como Susana debéis entregaros a la Sociedad. Que
la sociedad es lo más importante para todos, como hacemos Luis y
yo con nuestras respectivas mujeres...
Juan hizo una seña a Sonia
para que se acercara, Sonia era la mujer de Luis. Esta se acercó
a él y Juan le dio un beso en los labios y con una de sus manos
la empezó a acariciar la espalda, bajando su mano hasta su culo,
en el cual se entretuvo un buen rato mientras nos miraba a Susana y a mí.
- Ahora Tomas -seguía hablando
Juan- debes entregarnos a tu mujer...
- ¿Qué? -contesté
yo...
- Sí -siguió Tomas-
esa es nuestra condición para entrar en la Sociedad, debéis
entrar a formar parte en cuerpo y alma, sin esconder nada para nosotros
y compartiéndolo todo con nosotros, igual que hacemos Luis y yo,
¿ves?
Giré la cabeza y vi cómo
Luis estaba tocando las tetas de Irina por encima del vestido, Irina era
la mujer de Juan, y ella seguía de pie a su lado, sonriendo. Luego
le desabrochó la blusa y empezó a besar sus enormes tetas
por encima del sujetador.
Miré a Susana, estaba embobada,
creo que el vino de la cena le estaba afectando porque en otras circunstancias
se hubiera levantado y se hubiera marchado. Yo estaba alucinado, me estaban
pidiendo que les entregara a mi mujer para sus caprichos sexuales a cambio
de ser socio, lo que siempre había querido, una oportunidad única
para vivir con desahogo el resto de nuestras vidas. Pero aquello era una
humillación, un chantaje, por un momento volví a la realidad
y me dirigí a Juan dispuesto a decirle cuatro cosas.
- ¿Y bien? -dijo Juan al
verme acercarme a la vez que desplazaba los tirantes del vestido de Sonia
hacia sus hombros y los dejaba caer, el peso del vestido hizo el resto.
El vestido cayó al suelo y Sonia quedó a escasamente un metro
de mi sólo con su sujetador y braguitas de encaje de negro.
- Esto -seguía hablando Juan-
sería parte de tu remuneración. ¿Te gusta?
Y según decía esto
le quitó el sujetador a Sonia dejando libres sus tetas, dejó
caer el sujetador al lado del vestido y amasó con sus manos las
tetas de Sonia.
Me quedé helado, aquello
no tenía sentido. Disfrutar de aquellas dos mujeres era una tentación
irresistible, pero a cambio tenía que permitir que aquellos dos
hombres, mis jefes, disfrutaran de ella y además, delante de mí.
No sabía qué decir
ni que hacer, tenía dos tetas delante de mí pidiéndome
que me las comiera, miré al otro lado y vi a Luis con la mujer de
Juan en situación parecida, con la blusa desabotonada y abierta
y las tetas por encima del sujetador, veía cómo Luis apretaba
y pellizcaba los pezones de Irina, y ésta me miraba con una sonrisa
lujuriosa.
Susana seguía sentada mirando
a Luis e Irina, con la boca abierta. Yo no sabía qué hacer,
pero me decidí, me lo iba a jugar todo, al fin y al cabo Susana
no decía nada y yo quería ser socio a toda costa y encima
podía disfrutar de aquellas dos preciosidades.
Me dirigí al sitio de Susana
y la cogí de la mano, me dirigí con ella hacia donde estaba
Juan y le dije:
- De acuerdo, pero...
- No hay "peros"- dijo
Juan- con todas las consecuencias, ¿aceptas?
- Acepto -contesté.
Susana no dijo nada, aquella situación
de morbo y excitación pareció embrujarla. Simplemente se
dejó llevar hasta donde estaba Juan y cuando extendí mi brazo
para entregarla a Juan sólo me miró un momento a los ojos,
y se giró. Me sentí muy mal cuando hice aquello pero la sensación
desapareció cuando Sonia se acercó a mí cogió
una de mis manos y la llevó a sus tetas, la puso encima de una de
ellas y me pidió que la tocara.
Yo estaba todavía pendiente
de lo que sucedía con Susana, Juan la cogió por la cintura
y la hizo girar, contempló despacio todo su cuerpo de arriba a abajo
y llamó a Luis.
- Luis acércate, vamos a
estrenar a esta putita.
Luego se dirigió a mí
y me dijo:
- Mira cómo va a disfrutar
tu mujer...
Susana, seguía sin decir
nada, sin duda si alguien la hubiera llamado "putita" en otras
circunstancias le hubiera dado un guantazo pero aquella noche no, simplemente
se dejaba hacer.
Juan estaba de pie enfrente de ella
sujetándola por la cintura, Luis se acercó por detrás
y la empezó a besar en el cuello, yo sabía que aquello excitaba
mucho a mi mujer, los besos y las caricias en el cuello la volvían
loca. Mientras la besaba el cuello Luis desabrochó el nudo que ataba
el vestido de Susana a su cuello y lo dejó caer, cayó hasta
el suelo y casi semidesnuda delante de ellos. Juan subió sus manos
hasta sus pechos y los empezó a acariciar, mientras Luis seguía
besando su cuello mientras acariciaba su culito con ambas manos.
Mientras yo seguía con una
mano en una de las tetas de Sonia e Irina se había acercado a nosotros,
sentí como Sonia cogía mi otra mano y la ponía encima
de su otra teta y me ayudaba a masajearlas:
- Olvídate de ella -me decía
Sonia- y disfruta del momento, ella lo va a pasar genial, igual que tú.
Irina mientras tanto había
empezado a desabrocharme la camisa, pero no podía Apartar los ojos
de Susana Juan ahora estaba comiéndole los pezones y Luis se había
agachado para quitarle el tanga, vi cómo lo deslizó por sus
muslos, bajándolo hasta los pies, le levantó los pies sucesivamente
hasta que se lo quitó por completo y después lo olió.
Olió el perfume más íntimo de mi mujer, que hasta
ese momento era solo mía.
Tuve que cambiar la atención
porque Irina ya me había quitado los pantalones y estaba tocándome
la polla, ya la tenía erecta, me desnudó por completo y me
apoyaron de pie con mi espalda contra la pared. Irina se agachó
y empezó a chuparme la polla, Sonia también se agachó
y la acompañó en la mamada, por unos instantes perdí
la noción de dónde estaba.
Tenía dos mujeres chupándome
la polla mientras dos hombres estaban comiéndose a mi mujer. Sonia
e Irina estaban haciendo un excelente trabajo, me estaban poniendo a cien
con sus bocas y yo estaba a punto de correrme, aquello no era normal para
mí, demasiada excitación.
Levanté la vista y vi a Susana
tumbada encima de una mesa, abierta de piernas, con la cabeza de Juan entre
sus piernas, sin duda comiéndole su coñito mientras Luis
se dedicaba por entero a sus tetas, tenía una de ellas metida en
su boca y la otra agarrada con una mano.
Aquella visión fue demasiado
para mí y empecé a correrme en la boca de Irina, sin duda
ella estaba acostumbrada porque no hizo nada por apartarse, al contrario,
se metió más mi polla en su boca y empezó a pajearme
con una mano, mientras con la otra, me tocaba los huevos. Sonia estaba
a su lado viendo cómo Irina hacía aquel excepcional trabajo.
Descargué todo lo que tenía
dentro de mí en su boca y cuando acabé vi lo que me temía,
habían puesto a Susana al borde de la mesa, Juan estaba de pie en
el borde mientras Luis tenía su polla a la altura de la cabeza de
Susana que esta giraba para recibir aquel miembro erecto en su boca. Primero
Luis metió su polla en la boca de mi mujer, aunque realmente fue
ella la que se tragó aquel miembro y después Juan empezó
a follarse a mi mujer, mientras Irina se dedicaba a limpiarme con esmero
la polla y Sonia estaba lamiendo los restos de semen que Irina no había
podido tragar y que le caían por la barbilla y las tetas.
Juan empezó a embestir a
Susana de forma frenética por detrás, a cada embestida podía
ver cómo las tetas de Susana botaban adelante y atrás y cómo
tenía que hacer enormes esfuerzos para impedir que la polla de Luis
se le saliera de la boca, yo pese a haberme corrido seguía empalmado,
cosa no habitual en mí, que tardo bastante en recuperarme, pero
desde luego nunca había estado en una situación así
de excitante y mi polla erecta era testimonio de ello.
No sabía qué me excitaba
más, si ver a mi mujer siendo follada por otro hombre mientras ella
la chupaba la polla otro o ver a dos mujeres comiéndome la polla.
Decidí centrarme en las dos mujeres, aunque no me dieron mucha opción,
se levantaron y me cogieron cada una de una mano, fuimos andando con mi
polla todavía erecta hasta un sofá, donde Irina y Sonia se
quitaron simultáneamente las bragas, el coñito de Irina estaba
depilado casi en su totalidad, dejando sólo un pequeño triangulo
rubio mientras que el de Sonia era moreno y sin depilar era un contraste
delicioso.
Irina, se sentó en el sofá
y se abrió de piernas, Sonia no se hizo rogar y se puso de rodillas
entre sus piernas poniendo su cabeza a la altura de su coño, a la
vez que sacaba su lengua y empezaba a comerse aquel delicioso coñito.
En ese momento unos gemidos que
me resultaban familiares me hicieron girarme y vi cómo Juan estaba
dándole muy fuerte a Susana, parecía que la iba a romper,
Susana se había sacado la polla de Luis de la boca y la agarraba
con una mano, mientras que con la otra se pellizcaba los pezones, sin duda
se estaba corriendo la muy zorra. Mi mujercita en manos de dos hombres
estaba consiguiendo un orgasmo escandaloso, conmigo desde luego no era
tan fogosa.
Entonces oí decir a Juan
que llegaba su turno, aceleró todavía más sus embestidas
y empezó a gritar, se estaba corriendo dentro del coño de
mi mujer, me quedé mirando, atontado pensando lo que estaba sucediendo
pero una mano que se agarró a mi polla me hizo volver a mi situación,
era Sonia que levantando su boca del coño de Irina me dijo:
- Ayúdame a darle placer...
No pude negarme, bajé mi
boca hasta el coño de Irina y empecé a comérmelo,
estaba ya todo húmedo debido al excelente trabajo de Sonia, que
se sentó al lado de Irina, levantó su pierna izquierda y
la pasó por encima de la de Irina, quedando completamente abierta
de piernas. Levanté la vista y cómo la mano de Irina empezaba
a jugar con el coño de Sonia. Tenía delante de mi dos coñitos,
uno moreno sin depilar y otro rubio depilado, era un sueño hecho
realidad.
Continué dándole placer
a Irina, devolviéndole los maravillosos momentos que me había
hecho pasar y sentí cómo sus manos se agarraban a mi cabeza
y no me dejaba casi respirar, se estaba corriendo, sentí sus contracciones
en los músculos de sus muslos, cómo me apretaba, cómo
me agarraba del pelo y apretaba a la vez mi cabeza contra su coño
hasta que empezó a relajarse y otra mano me agarró la cabeza
y me dirigió directamente contra el velludo coño de Sonia,
empecé a comérselo mientras un dedo de Irina jugaba con su
clítoris, en ese momento volví a escuchar los gemidos de
Susana, levanté la cabeza un segundo y vi que había cambiado
de posición. Ahora estaba de pie doblada hacia delante contra la
mesa, en la cual se había tumbado Juan, y le estaba comiendo la
polla con la boca mientras que con sus brazos apoyados en la mesa intentaba
sujetarse de las embestidas que Luis le estaba dando por detrás.
Bueno, realmente no estaba comiéndose la polla de Juan, porque éste
le estaba sujetando la cabeza y estaba bombeando su polla dentro de la
bocaede mi mujer, se la estaba follando literalmente por la boca, que dado
el tamaño de la polla de Juan y viendo cómo desaparecía
dentro de la boquita de mi esposa le debía estar llegando hasta
la garganta, aunque aún así sus ahogados gemidos de placer
se oían.
Mientras tanto Sonia me recordó
que tenía un coño que comerme y volví al ataque, cuando
levanté la vista vi a Irina encaramada encima poniéndole
el coño a la altura de Sonia que se dedicaba a comérselo
mientras que le metía un dedo por el culo.
Así estuvimos un buen rato
hasta que noté cómo Sonia se corría en mi boca, era
delicioso saborear sus jugos, cuando acabó me levanté y miré
otra vez hacia donde estaba Susana, me acerqué para ver mejor lo
que ocurría y me volvió a sorprender lo zorra que era mi
mujer y lo callado que se lo tenía. Estaba relamiendo y chupando
la corrida de Juan en su boca y tenía las comisuras de los labios
llenos de semen, aparte de que en su barbilla quedaban también restos
de la corrida de Juan, cuando me acerqué Luis empezó a correrse,
también dentro de ella y Susana le acompañó, era una
imagen indescriptible ver a tu mujer correrse con la polla de otro hombre
y restos de semen en su boca.
Decidí que lo mejor era que
mi polla también conociera otro coño y me fui a por Irina,
la puse a cuatro patas sobre el sofá y se la introduje entera de
un fuerte golpe, la muy zorra gimió cuando se le metí y me
pedía más y más, que le diera más fuerte. Mientras
Sonia de rodillas en el suelo, jugaba con nosotros, tocaba las tetas de
Irina con una mano y con la otra o bien metía un dedo en el culo
a Irina o me tocaba los huevos a mí, después de unos minutos
en esa posición Sonia se puso también a cuatro patas al lado
de Irina y me pidió que me la follara a ella, estuve cambiando de
coñito unas cuantas veces hasta que Irina y Sonia se corrieron un
par de veces cada una, yo decidí correrme en el coño rubio
de Irina y así lo hice, quedamos los tres sentados en el sofá
jugando con mis dedos en los coños humedos de Sonia e Irina.
Mientras Luis y Juan seguían
acariciando el cuerpo de Susana que estaba agotada y llena de semen.
Así fue como entre a formar
parte de aquella Sociedad que despertó en nosotros una fuente inagotable
de sensaciones inéditas hasta entonces para nosotros.
Si queréis enviarme cualquier
comentario a mí o mi mujer estamos en: tomasbrentano@hotmail.com