Hola a todos y a todas, mi nombre es Susana, soy de un pueblo
de Venezuela, semirural y perdido, donde todos se conocen y donde no he tenido
oportunidad de aprender mucho de Sexo, pues la gente es todavía muy remilgada y
prejuiciosa sobre este tema, casi no lo hablan, salvo un poquito en el Liceo,
pero no como yo quiero, afortunadamente, gracias a Dios fue creado Internet y
así he podido saber muchas cosas y aclarar muchos puntos en materia sexual que
me perturbaban desde hace tiempo, aunque todavía tengo mucho que aprender…y
estoy decidida a ser una gran alumna.
Me aconsejan que me describa, pues bien, les diré que formo
parte de una familia clase media baja, integrada por mi hermano mayor, casado,
con un niño, mi hermana Alexandra, mi hermana Ariadna y yo, que soy la menor, mi
edad…mejor no la digo, pero debo aclarar que soy muy adulta ("precoz" dice mi
tío), todos vivimos en casa con mi tío, un buen hombre, todavía joven, que nos
ayudó a criarnos luego que nuestra madre, su hermana, al poco tiempo de quedar
viuda (mi padre falleció) se consiguió otro hombre y se fue a vivir a Maracay
con su nueva familia.
Yo soy pequeña, mido 1,58 mts. Y peso como 55 kilos, soy de
tez blanca, de cabellos castaños, pero estoy un poco quemadita por el Sol del
Caribe, aunque ya me desarrollé, no tengo mucho atractivo sexual, tengo senos
pequeños (no uso sostén) y algo de vello en mi monte de Venus, sé que no llamo
mucho la atención, pero cuando veo a mis hermanas, Ariadna, modelo adolescente,
de buen cuerpo y por cierto con una concha bellísima- se la he visto con
detalle- y Alexandra, una chama de 24 años, sumamente atractiva (casi estuvo en
el Miss Venezuela), cuando las veo a ellas, sé que algún día me pondré bien
"buena" también.
En fin, dicho esto paso a contarles como sucedió todo, pero
¿Cómo sucedió? ¿Cómo empezó? La verdad no sé, no recuerdo exactamente, pese a
que fué no hace mucho, quizás comenzó en la ducha, mientras me bañaba y el agua
corría por mi cuerpo, me dí cuenta que era chévere tocarse "ahí"( mas adelante
aprendí que "ahí" se llama vulva, el capullito que defiende la entrada se llama
Clítoris y sus plieguecitos, a cada lado, son los labios vaginales, en Venezuela
a todo eso le llamamos "cuca"), sí recuerdo que a partir de un tiempo no dejaba
de tocarme, lo hacía muchas veces al día, en el Liceo incluso, y mientras mis
amigas seguían jugando con sus Barbies, yo abandoné las muñecas y prefería jugar
con mi clítoris, mi deseo era tremendo, cada vez quería mas, porque sabía que
había mas.
Cada vez me daba con mas furia, me golpeaba, me pellizcaba mi
botoncito y los labios de mi cuchara, empecé a pellizcar los pequeños pezones
que ya comenzaban a salir y ponerse sensibles, y luego empecé a darme con los
dedos, poco a poco el placer fué creciendo y entonces, con furia sexual
desatada, metía mis deditos, uno, dos, tres en mi cuquita de adolescente, empecé
a dilatarme yo misma, a ensanchar mi túnel, aprendí entonces que eso que brotaba
de mí no era orina como pensaba, supe que cuando uno se excita despide líquidos
que lubrican las paredes vaginales, los jugos del placer y en mi caso ¡era una
Cascada! De mi gruta de niña salía todo un manantial de savia abundante, ¡como
para llenar un vaso! Tal era mi calentura, luego llegó un momento en que mis
dedos no bastaban, quería explorar, experimentar nuevas fuentes de placer, mi
cuerpo me lo pedía, yo sabía que existían unas cosas que se llamaban
"Consoladores" y "Vibradores", recuerdo que cuando supe que los vendían en un
sitio, junté tres mesadas, pedí prestado y hasta rematé un walkman que tenía
(sabía que esas cosas eran caras) y me apresuré a ir a la tienda que quedaba en
otra ciudad, para comprar uno, ¿y saben que pasó? ¡El encargado me echó y me
cayó a coscorrones ("¡lárgate de aquí, carajita puta! ¡Anda a meterte un
pepino!", me gritó el condenado mientras me echaba), por cuestiones de edad no
me vendieron nada, pero recordé el consejo del vendedor, de meterme un pepino y
pensé: "No es mala idea, ¡vamos a probar!".
Al llegar a casa toda emocionada y excitada- ya mi cuca
estaba destilando mis jugos-voy a la nevera y ¡Coño! No consigo ningún pepino,
desesperada volteo a todos lados y no veo nada interesante hasta que consigo
algo que pudiera servir, estaba colgado en la pared de la cocina: Una Sartén.
Su mango, de plástico negro, punta redonda y ligeramente
doblado hacia abajo, se parecía bastante a los penes que ya había visto en las
revistas que esconde mi tío en su cuarto, lo tomé y enseguida me di a la tarea
de probar aquel "consolador", en la misma cocina me subí la falda, ya estaba
lista, pues no uso pantaletas tampoco, me encanta recibir el aire fresco en mi
concha. Perfectamente encharcada, un poco tensa, me preparé para recibir aquella
polla negra en mi cuca, "relájate, Susana ", me dije a mí misma, mientras poco a
poco introducía en mi virginal gruta ese duro objeto. Respiré profundo y contuve
la respiración cuando logré meterme la mitad, la cual saqué y volví a meter,
saqué y volví a meter, saqué y volví a meter, empecé a relajarme, y a ponerme
mas caliente aún, lo volví a meter un poco mas adentro y luego, no sé en que
momento, ¡ya estaba dándole con una rapidez tremenda! Aquel mango entraba y
salía completamente mojado, como su color era negro me imaginaba siendo cogida
por el profesor Martínez, un corpulento hombre de color.
"¡Eso Profe, eso! ¡Déme duro! ¡Cójase a su alumna! ¡Métamelo
todo! ¡uff que rico!"
Fuera de mí, sudada, mojada, desnuda en la cocina, me
castigaba tan salvajemente que si la sartén no fuese tan grande me la hubiese
metido también ¡ya tenía todo el mago adentro! Incluso volteaba la sartén y
podía sentir como chocaba el mango contra las paredes de mi vagina ya dilatada.
Tenía no obstante, una sensación rara, como de que era observada, esto le
agregaba mayor excitación a mi acto, un tiempo después me dí cuenta que sí
estaba siendo observada: era "Choclo" mi querido y enorme perro, que miraba
desconcertado como su ama se follaba ella misma.
"¿Te gusta Choclo?"- le pregunté – "¿te gusta el Show que te
estoy dando? ¿Te gusta el …? ¡Ugh! ¡uff! Ya viene, ya viene ¡ya viene coño!"
Aquello si fue un verdadero Orgasmo. Mis gritos se tornaron
tan fuertes que asustaron a mi perro, la sartén cayó al piso mientras yo quedé
en la silla, bien abierta y como en las nubes.
Luego vendrían otros "experimentos": Zanahorias, el mango de
un secador de pelo, un pequeño batecito de Béisbol, pepinos. Todos ellos
conocieron y ensancharon mi estrecha cuquita, que se estaba preparando para
recibir nuevos y mas desenfrenados embates, al punto de que mi carácter de
verrionda de hizo cruzar la línea del tabú, de lo prohibido, pero eso…eso es
otra historia.