Follada con un Negro
En los cuatro años que Omar y yo llevamos juntos jamás nos
habíamos sido infieles. Aunque disfrutábamos follando como locos, necesitabamos
hacer realidad ciertas fantasías que nosotros dos solos no podíamos realizar. Lo
habíamos hablado en numerosas ocasiones, pero jamás nos habíamos atrevido a
llevarlo a cabo. No se trataba de infidelidad, puesto que ambos estábamos de
acuerdo. Teníamos claro que no por ello nuestra relación iba a empeorar, más
bien lo contrario: se enriquecería con una nueva experiencia que nos uniría
incluso más. Así fue. Ninguno de los dos nos hemos arrepentido. Más bien lo
contrario. Omar siempre había deseado participar en una orgía. Aunque él era
preferentemente activo y alucinaba follandose mi culo ( que es generoso y
peludo) , me comentó que quería ser follado mientras él penetraba a otro
muchacho. Me dijo que deseaba mamar una buena polla mientras otra le taladraba
sin piedad su tampoco nada despreciable culo. Supongo que es algo con lo que
todos hemos fantaseado alguna vez, ¿verdad?
Lo cierto es que yo había tenido la suerte de practicar su
fantasía, antes de empezar a salir con él ( pero eso es otra historia que en
otra ocasión os narraré y os aseguro que os pondréis tan cachondos como con la
que hoy os contaré). Hacía semanas que dos amigos suyos de la facultad le habían
propuesto hacer un trío, a lo que él siempre les respondía que primero quería
consultarlo conmigo. Me dijo que los dos muchachos formaban parte del equipo de
fútbol en el que él jugaba. -Los he visto desnudos en los vestuarios y tienen
unas pollas enormes. No sabes lo mucho que me cuesta contenerme para no
arrodillarme y tragármelas hasta los huevos -Te entiendo, Omar. A mi me pasaría
lo mismo. Y más teniendo en cuenta, que al ser futbolistas tendrán unas no menos
despreciables piernas y unos culos grandes y apetitosos. -Así, es, no te
equivocas. Mi polla se hincha solo con recordarlo. -Yo quiero lo mejor para ti,
Omar. Si follar con tus compañeros te hará disfrutar del sexo y te sentirás
feliz al realizar tu fantasía, tienes mi consentimiento. Pero antes deberás
darme tú el tuyo cuando te cuente la mia. -Adelante. Sabes que tienes mi
permiso.
Porque te amo y ello no va a interferir en nuestra relación.
Más bien al contrario. Me besó, solo como las personas enamoradas se besan, y a
continuación pasé a contarle mi fantasía. Omar y yo no teníamos secretos, así es
que no eran pocas las veces en que le había comentado mi deseo incontenible de
hacerlo con un negro. Hacía un par de semanas que coincidia en el metro con un
ejemplar de atributos asombrosamente exhuberantes. El me miraba tanto como yo a
él, con descaro, de arriba abajo y sin disimulo alguno de nuestras ganas de
irnos a follar cuanto antes. Puesto que se bajaba una parada antes que yo, me
indicaba con un ademan a que le siguiera, a lo cual siempre le respondía con una
expresión de resignación. Una vez en el anden me buscaba con la esperanza de que
bajara. Pero antes debía pedir permiso a mi novio Omar. -Tienes mi pleno
consentimiento-dijo Omar sin poder ocultar la excitación que le provocaba el
mero hecho de imaginar que pronto nuestras fantasías se harían realidad. A la
mañana siguiente busqué entre mi vesturario las ropas más provocativas posibles.
Escogí los tejanos que más marcaran mi trasero y mis muslos esbeltos. Me puse
una camiseta de tirantes que dejaban al descubierto toda la musculatura de mis
brazos y mi pecho. Cuando subí al metro temí no encontrarle. Como ya sabéis, es
lo que suele pasar, basta que escojas minuciosamente tu ropa, con la intención
de atraer a la persona que deseas, para que no aparezca.
Afortunadamente me equivoqué. Pronto le vi. Al otro lado del
vagón. Me acerqué a él, exhibiendome descaradamente. Me quedé de pie frente a
él. Entonces vi que su atuendo era, si cabe, aun más provocativo que el mio.
Puesto que era verano, llevaba también una camiseta de tirantes negra y de lycra
que maracaban sus pectorales de forma escandalosa. Pero lo que más cachondo me
puso fue el comprobar que bajo sus minúsculos pantalones de deporte no llevaba
ropa interior. Bajo los pantalones no solo se marcaba su enorme rabo ( que!aun
no estaba empinado) sino unos huevazos que debían estar repletos de una jugosa y
sabrosísma leche. Sus desarrollados muslos negros quedaban al descubierto,
aprisionados por el ajustadísimo pantaloncito. Más abajo, no dejé de disfrutar
con la anatomía que mis ojos iban descubriendo. Una de las partes del cuerpo de
un hombre que más cachondo me ponen son los pies. Y que pies tenía el negrazo!
Los llevaba al descubierto, calzando unas chanclas de esas de dos tiras que
puedes verlos enteros. Mi polla se hichaba por momentos. Su vista buscaba mi
paquete sin disimulo alguno. Llegamos a su parada. Como de costumbre bajó, pero
sin la esperanza de que yo fuera detrás. Pero esta vez se equivocaba. Le seguí y
descubrí que su anatomía aun no había dejado de sorprenderme. Vaya culazo! Y
como lo movía el cabrón. Sabía que le seguía, estaba claro!
Puesto que no llevaba calzoncillos, la fina tela de su
pantaloncito se metía entre la raja de sus nalgas, así es que podían apreciarse
en ! su plenitud las generosas nalgas características en cualquier ! ejemplar de
la mencionada raza. Se giró al momento, y guiñándome un ojo dijo: -¿Te gusta mi
culo, eh vicioso? -Deberían prohibir que las personas fueran provocando de esa
manera. Mira como me has puesto la polla-le dije mientras me la tocaba para que
apreciara la protuberancia. -Eso tiene fácil solución. Vamos a echar un polvo
antes de que se me empine a mi también, lo cual puede ser peligroso, tengo una
polla tan grande que se me saldría por debajo del pantalón, y eso no estaría
bien delante de tanta gente, ¿no crees? Así es que sin darme cuenta estaba en su
casa. Cachondo perdido. Sentía una extraña presión en mis huevos, que debían
estar repletos de semen. Había segregado tanto líquido preseminal en el metro
que una mancha circular caló en mis pantalones. Me condujo de la mano hacia un
grande y cómodo sofá. Se sentó y yo me arrodillé. Deseaba lamer sus pies. Aspiré
su olor intenso que me embriagó al momento. Le quité las chanclas y las acerqué
a mi nariz. ¡Que cachondo me ponía ese olor a macho! Las lamí de arriba abajo,
saborenado el aroma que su sudor había dejado en ellas. -Me encanta que seas tan
cerdo. Venga, chupame también los pies. Lo estás deseando.
Así hice. Mmmm que exquisito sabor! Empecé lamiendo sus
plantas, que evidente tenían un color más pálido que el resto de su piel. A
continuación mi lengua fue adentrándose entre los dedos, donde el sabor era si
cabe más intenso y sabroso. -Que rico-decía el negro mientras gemía-vamos chupa,
guarro, chupa. Está rico eh? Vamos, levántate, voy a tener que darte unos azotes
en el culo por malo y perverso. Me deshice de los tejanos y mi slip hallábase
totalmente mojado, con lo cual se transparentaba la punta rosada de mi cipote.
-Esto también está bien rico-decía mientras degustaba los borbotones de líquido
preseminal que rebosaba sobre mi slip. -A partir de ahora esto no lo vas a
necesitar, mi niño Me quitó el slip y mi rabo salió embalado, apuntando
firmemente hacia el techo. -Mmmm, que cipotón más rico-decía mientras lo
manoseaba desde el capullo hasta la base- pero te dije, que te iba a dar unos
azotes por golfo. A cuatro patas, y con mi culo en pompa esperé sus azotes.
Comenzó a darme sonorosísimas palmadas en las nalgas mientras decía con un
marcado y sensual tono cubano: -Como me ponen los culos peludos de los blancos.
Te voy a meter la lengua hasta el fondo Así hizo a continuación. Yo seguía a
cuatro patas, posición que hacía sentirme como una auténtico guarro, lo cual me
ponía a mil, mientras sentía como su lengua lamía la peluda raja de mi culazo.
De tanto en tanto se detenía su lengua en la entrada y sentía como la
introducía. -Ahhhhhhhhh-gemí de placer -Cómo me gusta tu culo, cabrón. Veo que
tú tambíen disfrutas. Pero esto no ha hecho nada más que empezar, vamos date la
vuelta, tengo algo que te va a gustar. Vaya si me gustó.
Jamás había visto en mi vida cipotón de dimensiones tan
magnánimas. Aun llevaba puestos los pantaloncitos, y como me había amenazado en
el metro, su capullo brillante y grueso, puesto que no cabía en el pantalón, se
salía por debajo. -Vamos, a que esperas, metetelo en la boca, verás que sabroso.
Me acerqué a su muslo por donde aparecía la magnífica herramienta y me la metí
en la boca, degustándola, saboreándola. Oh dios, que indescriptible el sabor de
la polla de un negrazo como aquel! Su capullo estaba viscoso, impregnado de los
líquidos que sus enormes huevos desprendían. Oh aquello era realmente sabor a
polla! Pero necesitaba más. Leyó mi pensamiento y se desprendió por completo de
los pantalones, golpenadome así su descomunal falo en mi cara. Pensé que por su
tamaño pesaría tanto que no se mantendría tiesa ni dura. Increiblemente estaba
equivocado. Se mantenía empinada y se tambaleaba, como si estuviera viva. Sus
cojones no eran menos espectaculares. Bien oscuros y sin pelo alguno le colgaban
como a un caballo. Podía oler la lefa blanca y espesa que contenían. Pensé que
debían contener litros de exquisito esperma. Agarró con fuerza mi cabeza con una
mano y con la otra guió su verga hacia mi boca. -Vamos traga, traga, quiero que
te la metas entera. Eso, evidentemente era imposible, pero me la metí hasta la
campanilla. No había dicho que además de larga era gruesa, así es que debía
abrir la boca todo lo que podía para metermela. -Me gusta ver la cara de
viciosos que ponéis cuando me la chupaís, vamos, traga, traga, cerdo, que rica,
eh? Como te gusta, venga chupa, chupa, lo haces muy bien, como me gusta
ahhhhhh...
Sus palabras se acompasaban con mis movimientos de succión
que eran desesperados, realmeten incotrolados. -Vamos ahora hazme una buena
mamada de huevos. Sus deseos eran órdenes. Apenas me cabían los dos en la boca.
Primero me introducía uno, luego el otro. El solo imaginar que estaban repletos
de esa leche que tanto me gusta, provocaban espasmos en mis cojones, así es que
pensaba que me iba a correr de un momento a otro. Me contuve. Todavía no. Estaba
disfrutando como nunca. Aún quedaba lo mejor. -Venga ahora te toca comerme a mi
el culo. Ponte boca arriba, me voy a sentar en tu cara y te lo voy a restregar.
Así es que se sentó sobre mi cara y comenzó a refregarme aquel culazo negro que
se hallaba húmedo de sudor y brillaba. Mi lengua lo chupaba entero y relamía con
vicio su raja que estaba sembrada de pelos rizados. Que sabor a macho! Como se
adentraba mi lengua en su agujero y que delicioso manjar! Al ser sus pelotas tan
grandes, se refregaban así mismo por mi cara y mi nariz llegando un intenso
olor. Mi lenga no daba abasto lamiendo la raja de su culo y sus cojones que me
golpeban mientras el succionaba mi polla que iba a reventar al sentir la intensa
mamada que sus gruesos y carnosos labios me regalaban. Puesto que vio que a
punto estaba de correrme, se levantó. -
¿Quieres que te folle eh? Estás deseando que te abra el culo
en canal y sentir mi poderosa herramienta dentro, a que sí, marrano? -Si, si,
si- respondía gimiendo mientras mi lengua recorría su polla y sus huevos
desesperadamente. Sentía un turbador calor en mi culo, que esperaba ansioso ser
penetrado. Nuevamente me puse en la salvaje posicion de los perros. Sentí como
me escupía y el calor de su saliba adentrándose en mi agujero insaciable. A
continuación iba metiendo sus dedos uno a uno. Después de dos en dos. No podía
más, le pedía polla: -Vamos, a que esperas metémela hasta los huevos de una vez!
Casi instintivamente mi culo giraba haciendo círculos impaciente por recibir sus
embestidas. -Fóllame, follame, a que esperas. Que caliente estoy, dios mio, que
caliente estoy. Cierto. Jamás macho alguno me puso tan cachondo. Hasta el punto
de olvidar el daño que su falo podría originarme. -No quiero hacerte daño, mi
vida, vamos a ir agrandando este agujerito, no seas impaciente. Lubricó mi culo
y posteriormente extrajo un consolador de medidas casi tan generosas como sus
genitales. Entonces me lo introdujo. Hasta el fondo. Me dolió solo al principio.
Pronto llegaron oleadas de placer. Que maestria la del negro a la hora de
consolar mi precioso culo, que manera de mover el aparato dentro de mi ano. De
nuevo los espasmos. Pero ahora más que nunca debía contenerme. Ya estaba
preparado. Extrajo el consolador y lo lamió con lujuria. Entonces se lo
introdujo él. -
Lo has dejado calentito eh?-decía entre gemidos y con los
ojos en blanco-ahora sí voy a follarte. Ahora ya no te dolerá. Te he dilatado
bien el agujerito. Sentí su capullo en mi ano. Como se iba adentrando. Le rogué
que me la metiera entera. Le supliqué que me follara sin compasión. -La quiero
toda dentro. Toda. Ahhhhhh Mmmmmm así, así. Sentí que había hecho caso a mis
súplica. Primero sus movimientos fueron lentos. Pero poco a poco comenzó a
cabalgarme, sin compasión como le había pedido. A mis oídos llegaban sus gemidos
y el ruido de los golpes de sus huevos en mis naglas. -Así, así, fóllame,
fóllame-gritaba mientras unas de sus manos ordeñaba mi polla que en ningun
momento había perdido su esbeltez. -Toma, toma, te gusta eh? Toma, toma, por
cerdo, por guarro, toma, toma te gusta que te folle así eh? -Si, si, voy
acorrerme, voy a correrme..! El placer era indescriptible Entonces sacó su polla
de golpe de mi culo y noté un escocor caliente y agradable. Me di la vuelta
esperando su leche. Sin apenas tocarse un chorro blanco y epeso salió disparado
hacia mi cara. Aquello si que era una corrida. Abrí la boca para recibirla,
quería tragármela toda. De su cipoton no dejaba de salir leche a borbotes. Sus
cojonazos estaban bien repletos. En mi boca no cabía más lefa y ya comenzaba a
resbalar por las comisuras de mis labios y a gotear en el sofá. Comencé a tragar
para recibir más. -Vamos trágatela toda. Está muy rica. Era blanca e
increíblemente espesa. Deliciosa.
Cuando se hubo vacíado me pidio la mia. Le pedí que se diera
la vuelta para correrme en su culo. Eyaculé sin tocarmela, solo con el contacto
de sus naglas y saborenado todavía el sabor de la leche que habia quedado en mis
labios. Nos abrazamos, desnudos, brillantes por el sudor del ajetreo. -Espero
volver a verte en el metro. Entonces te follarás tú mi culazo negro. A mi
también me gusta que me den. -Haré todo lo que me digas. Jamás he disfrutado
tanto follando. Cierto. Creo que todo blanco debería probar como mínimo una vez
de acostarse con un hombre de color. Difícil me ha sido expresar todo lo que
sentí con palabras. Lo mismo le dije a mi novio Omar, que me respondió de la
siguiente manera: -La próxima vez que le veas tráelo a casa. Si es verdad que
sus medidas son las que me cuentas, impaciente estoy de follarme su culo y
tragarme su espesa leche. Trato hecho. Así es que con frecuencia participa el
negrazo en nuestros juegos sexuales. Y además matamos dos pájaros de un tiro. Yo
sigo realizando mi fantasía, y Omar la suya, la de participar en sexo grupal.
Pero dejaremos para otro día la narración de mis últimas folladas con Omar y el
negrazo. Os parece? Hasta la próxima!