Tantas vueltas le di a esa idea que al final se convirtió en una obsesión. Mi
novia en manos de otro hombre. Cuanto más humillante y salvaje fuese la escena
más excitante resultaba. No me atrevía a decírselo, siendo ella una chica
responsable y poco dada a las extravagancias. Pero yo no podía más. Tenía que
buscar la forma de hacer realidad esta fantasía.
Mi novia, la llamaré Esmeralda, se iba a prestar a uno de nuestros habituales
juegos. Pero esta vez no iba a ser yo su amante. Di muchas vueltas hasta
encontrar al sujeto que buscaba . Cuanto más desagradable fuese el elemento más
me excitaría verle con ella. Alguien que nunca hubiese disfrutado de una hembra
tan excepcional. Esmeralda tenía 29 años y no exagero al decir que es preciosa,
vamos, una auténtica venus. Su pelo suave, largo, color castaño claro y muy
liso. Sus ojos verdes, grandes y vivos, con unos labios que parecían dibujados
con acuarela y un cuerpo que más parecía un pastel. Los pechos, talla 90, muy
firmes, con unos pezones grandes y sonrosados. Su cintura estrecha, su culo
hermoso y una discreta entrepierna que siempre trataba de ocultar. Tenía y
tiene, la piel más perfumada y blanca que conozco, por eso su amante debía ser
la antítesis.
Tardé varias semanas en encontrar al perfecto "follador". Paraba en una
cervecería próxima a mi casa, era peón en una obra cercana y acudía todos los
días a comer con varios compañeros. Se llamaba Jos y era, según supe más tarde,
de Guinea. Me pareció tan alto como yo, pero mucho más corpulento y muy, muy
feo. Grotesco incluso. Con unos labios enormes, dientes roñosos, descolocados y
enmarcados por una barba rizada, siempre a medio crecer. Su piel era áspera,
como curtida y sus uñas sucias por el trabajo. Le contraté en mi casa para
algunas chapuzas y un día, de pasada, le presenté a mi novia. Ella mostró cierto
desprecio, siendo como era , algo clasista. Cuando se marchó le pregunté por
ella, ya había suficiente confianza para ello. Me dijo que le parecía muy
bonita, un bombón, aunque algo estirada. Parte del juego estaba preparado.
Mi novia y yo teníamos un lugar estupendo, en una apartada vaguada de un
pinar cercano a Madrid. Allí acudíamos desde hace 10 años y nunca encontramos a
nadie. Nos gustaban los juegos y más de una vez la había atado para hacerle el
amor. Así que le propuse repetir, prometiendo que iba a ser lo más excitante de
su vida.
-¿Te gustaría follarte a mi novia verdad?-, le pregunté al muchacho mientras
trabajaba en el jardín.
- No, es tu novia, solo te dije que es muy guapa.- Hablaba en un mal
castellano y con cierta vergüenza.
- Pues yo quiero que lo hagas. Me gustaría que lo hicieses, incluso soy capaz
de pagarte por ello.-
-¿Lo dices en serio?-
- Ya lo creo que sí. Te la pondré en bandeja y podrás hacer lo que quieras
con ella ... todo lo que quieras.-
- ¿cómo lo voy a rechazar?, ¿cuando? ...estoy impaciente.
Sería el próximo sábado, solo pensar en ello me excitaba inmensamente. Esa
semana quedé con ella como lo hacíamos normalmente, pero no podía evitar verla
de diferente manera. No se esperaba lo que vendría encima.
Llegó el sábado. Quedé con él a las siete de la tarde. Era verano y teníamos
luz hasta las 10 de la noche. Ella también estaba excitada. Aquellos juegos en
los que la dominaba siempre le habían gustado. Entramos en el bosque charlando
de cosas sin importancia. Una vez en el lugar lo dispuse todo. Ella llevaría tan
solo unas bragas blancas y un sostén. Tapé sus ojos con una venda. Ella temblaba
de excitación. Después le até las manos a la espalda con una buena soga, la puse
de rodillas y le di un beso en la boca. Estábamos muy calientes y la espera
todavía la iba a excitar más. Me alejé unos cinco metros, apoyándome sobre un
árbol.
A las 7 y cuarto llegaba Jos con camiseta de tirantes y pantalón corto. Nuca
me había parecido tan grande. Cuando la vio medio desnuda y de rodillas en mitad
del bosque, abrió mucho los ojos y me sonrió malévolo.
-¿de verdad quieres hacerlo?
Era mi última oportunidad. Quizás ver a semejante individuo sobre mi novia no
merecía la pena y podía enfurecerme. Pero ya era tarde, no podía echarme atrás.
-Es toda tuya, haz lo que te plazca, tan solo te pido que no la beses, no
digas una palabra ... ah y no me mires.
- Bien, pero no quiero que te arrepientas y me cortes la faena-
-No lo haré-
Jos no quiso esperar más y se acercó a ella con paso firme. Cuando Esmeralda
le oyó levantó la cabeza y se puso más erguida. Se mordía el labio inferior,
estaba impaciente. Jos se acercó a pocos centímetros, colocando su pelvis muy
cerca de esa linda boca que tantas veces había besado. La observaba con
paciencia, quería disfrutar del momento, su momento. Estaba de pie, con una
preciosidad arrodillada a sus pies. Dio varias vueltas estudiando la jugada.
Observó como sus pechos palpitaban, luego dio la vuelta contemplando su culo
apoyado en los gemelos y los pies desnudos sobre la broza del pinar. Estando ahí
detrás la cogió por la nuca bruscamente y la puso de pie. Después paseó sus
dedos por el borde de sujetador, se metió una mano en el bolsillo y sacó una
mellada navaja. La metió entre las dos copas del sostén y lo cortó. Los pechos
saltaron libres. Jos apartó el sujetador y dejó sus tetas totalmente al
descubierto observándolas con deleite. Sus ojos se abrieron ante el panorama, no
tenía prisa y seguro que nunca había visto nada tan bello. Al poco rato empezó a
amasar sus pechos con descaro. Los estrujaba como yo nunca lo había hecho,
pellizcando con cierto sadismo los pezones. No tardó en colocar sus labios y
succionando con avidez. Los lamía como si fuesen helados y se los metía en la
boca. Ella gemía, retorciéndose de placer. Jos parecía disfrutar con el sabor de
esas increíbles tetas. Sus dedos no tardaron un deslizarse hacia el coño. Pude
ver como los introdujo por debajo de las bragas y empezó a pasearlos por el
bello púbico. No tardó demasiado en bajar un poco, introduciéndolos entre las
piernas sin llegar a penetrarla. Ella gimió con más fuerza. Jos sacó los dedos y
los olió. Estaban totalmente húmedos, como sus muslos. Volvió a sacar la navaja
del bolsillo y cortó los laterales de las bragas. después se las arrancó,
tirándolas junto a mí. Ya estaba totalmente desnuda y su sexo esperaba ser
ocupado cuanto antes. Pero aún le quedaba un rato.
Yo nunca había estado tan excitado. Pero por otra parte deseaba que algo
interrumpiese la escena. Impedir que humillase a mi novia. Hasta ese momento ya
había sido suficientemente interesante ... pero ya no había marcha atrás.
Jos apoyó sus manos en los hombros de Esmeralda y la puso de rodillas ante
él. Quería un completo, que ella se la chupase. Pero antes se fue a su espalda y
le desató las manos. Ella permanecía quieta, colocando los brazos delante y
cubriéndose el sexo. Jos se puso en frente. Aún estaba totalmente vestido y cada
vez más impaciente. De pronto se bajó la cremallera y rebuscó por el orificio.
Su polla estaba a reventar, así que tuvo que bajarse los pantalones y los
calzoncillos. Por aquello de los tópicos y siendo Jos un tío bastante
corpulento, pensé que el aparato sería impresionante y lo cierto es que lo era,
aunque no tanto como me había imaginado. Cerca de 20 centímetros y negro como el
azabache. Parecía, eso si, mucho más brutal. Gruesas venas le recorrían y
parecía mucho más ancho de lo normal. En la punta un glande enorme y sonrosado.
En la base una inmensa mata de pelo. Ella se mojó los labios, presintiendo
impaciente el momento de la mamada. Jos cogió su polla y se la apoyó en la
mejilla invitándola a jugar. Esmeralda no esperó mucho. La cogió con dos manos y
empezó a darle besos de abajo a arriba.
En ese instante ella ya notó que ese no era mí aparato. Olía diferente, era
más hosco y más grueso. Por eso titubeó, pero la excitación podía más, así que
de los besos pasó a las lametones. Aún pequeños y tímidas. Así es como me lo
hacía siempre, pero Jos no era yo y quería correrse cuanto antes. Mientras lamía
la agarró de la nuca y le metió la mitad de la polla en la boca. Sin
contemplaciones. Él la movía arriba y abajo y ella se dejaba hacer. Esmeralda le
puso una mano en el culo y otra en los testículos, masajeándolos con cierta
habilidad. Pero quería sentir el calor humano así que se arrimó, apoyando su
pecho sobre los muslos y restregándose. Verla tan blanca, enroscada en las
piernas renegridas de aquel gañán... es una imagen que no olvidaré.
Jos no podía esperar más. De pronto paró y empezó a correrse dentro de la
boca. Ella se sorprendió aún más, yo nunca lo había hecho. Pero agarró el pene y
siguió moviéndolo hasta que salió de la boca y con él borbotones de semen
caliente y muy blanco. La leche salía en cantidad, como nunca lo había
imaginado. Salpicando su cara y resbalando por los pechos. Jos gruñía mientras
le ordeñaban. Ella no podía estar más excitada con el baño. Empezó a restregarse
la viscosidad por todo el cuerpo, sacando la lengua y saboreándolo con absoluto
deleite. Nuca pensé en verla así, tan seria, tan estirada y ahora saboreando la
leche caliente de un desconocido y frotándosela por todo el cuerpo. Tuvo su
primer orgasmo sin siquiera tocarse el coño. Después quedo tendida, con las
piernas abiertas y totalmente desnuda sobre la broza de los pinos.
Pero a Jos no le había parecido suficiente, así que no tardo en agarrarle las
tetas y comenzar de nuevo el masaje. Poco le importó que estuvieran llenas de
semen. Las estrujaba con avidez con una mano mientras con las otra buscaba su
coño. Ella parecía dispuesta, así que abrió las piernas y cogió las manos del
negro, conduciéndolas y apretándolas contra su piel. Las manos de Jos eran
ásperas y muy grandes así que no debía caber ninguna duda, aquel no era su
novio. Pero poco importaba a decir verdad. Esmeralda se incorporó un poco
mientras él la manoseaba. Ella gimió cuando entró el primer dedo. Le agarró la
polla y empezó a menearla. Jos se puso de rodillas, le había gustado la boca de
mi novia así que se la volvió a poner en los labios. Ella lamía de una forma que
yo nunca habría imaginado, casi diría que con hambre. Cuando la polla estuvo
dura como la piedra y húmeda con la saliba de Esmeralda, ésta se tendió,
invitando a la penetración. Jos se echó encima sin demasiado cuidado y la clavó
con rapidez. Esmeralda gemía con fuerza, sabiendo quizás que yo estaba cerca y
que con ello haría aún más grande mi cornamenta. Él empezó a envestir con furia.
La mordía el cuello y agarraba su culo con fuerza. Los orgasmos no tardaron en
llegar. Primero los de ella. Sonoros y seguidos. Después el de Jos que parecía
rugir mientras inundaba a mi novia con un nuevo baño de semen.
Ella respiraba como si le faltaba el aire. La venda de los ojos se le había
movido y vio por unos segundos al hombre que la estaba follando de semejante
manera. Esmeralda se colocó de nuevo la venda como si nunca hubiera visto a
nadie. Cogió la cabeza de Jos por la nuca y le besó con ganas. Un beso largo,
lúbrico y apasionado.
-Ha sido fantástico. quiero más- Pero poco le interesaban a Jos los besos, y
más sabiendo que podía hacer cuanto quisiese
Jos no contestó. Se puso de rodillas, la observó con detenimiento y de pronto
le dió la vuelta. Ella se quedo boca abajo, con su cuerpo desnudo sobre la
tierra. Pero no parecía importarle. El culo era el gran protagonista. Tan
blanco, tan redondo y apetecible ... toda una provocación. Jos no iba a dejar
pasar la oportunidad de sodomizarla. Un orificio tan delicioso, que yo nunca
había llegado a conocer. Para ella era la primera vez, para él no. El negro
metió dos dedos en su vagina utilizando sus propios líquidos para lubricar tan
estrecho agujero. Una vez conseguido introdujo esos mismos dedos en el ano,
dilatándolo y preparándolo para la penetración. Ella se dejaba hacer y volvía a
gemir, sin atisbo de dolor alguno. La polla de Jos no tardo en llegar. La colocó
sobre el ano y la empujó lentamente hacia el interior. Mientras con una de sus
manos abría los cachetes del culo, con fuerza ... arañándolos. Esta vez le costó
un poco más. Ella se tocaba por delante y consiguió su gran orgasmo. Pero a Jos,
tras aquel par de corridas increíbles , parecía no quedarle más leche.
Era la tercero y última corrida. Jos se quedó tumbado encima de ella, en
silencio, con su polla aún dentro.
-Me ha dolido un poco, pero ha sido fantástico. Aún tengo tu sabor en la
boca, dame más .. hazme lo que quieras.
Jos abrió mucho los ojos y entonces me miró con cara de
sorpresa. La había penetrado por sus tres agujeros y los tres estaban ahora
húmedos con su esperma. La había sobeteado y chupado todo el cuerpo y ella
quería más. Se levantó lentamente, dejándola desnuda boca abajo, me volvió a
mirar, se subió lo pantalones y reaccionó como nunca me habría pensado. La
escupió en la espalda con desprecio y se marchó de allí.
He tratado de evitar el bar y nunca más lo he visto. Aquel fue el momento más
excitante de mi vida. Mientras ellos follaban me masturbé tres veces. Y he de
decir algo en mi favor. Cuando él se fue, cogí a Esmeralda, que aún tenía los
ojos tapados, y repetimos la jugada desde el principio.
IGNATUS