Después de la tórrida noche, te dispones a pasar una placida
tarde pero...
Abres tus párpados con pereza y lentitud para luego
cerrarlos. Un segundo intento vino momentos después. Te sentías un poco mareada
y terriblemente cansada. Habías pasado una noche llena de lujurioso sexo junto a
tu amante. Hacia un calor sofocante dentro de la habitación y las sabanas se
pegaban a tu piel marcando el entorno de tu agotado y hermoso cuerpo.
El lugar olía a una mezcla de sexo, sudor, perfume y a
cerrado... aspiras ruidosamente llenando tus pulmones con ese aroma, te encanta.
Miras a tu derecha. El despertador de la mesilla de noche marcaba las 3 de la
tarde. "Aun es pronto" piensas.
Te has despertado por culpa de una sed terrible. Toda tu
estas ligeramente húmeda de sudor, pechos, estomago, muslos... te levantas a
duras penas para aplacar tu sed y de paso darte una ducha tibia.
En la ducha, mientras el agua alivia tus maltrechos músculos,
recuerdas trozos de la noche anterior. Hacía tiempo que nadie la hacia vibrar de
ese modo, y desde luego tenía la intención de repetirlo muy pronto... siempre y
cuando no se arrepintiera tu compañero de juegos.
Sin apenas secarte, sales a la cocina solamente con una
vaporosa bata tapándote. Estas sola a excepción de mí, y el calor es agobiante,
no hay razón para taparse más.
Vuelves a beber agua copiosamente. Ves como desde la ventana
del comedor entra una brisa casi playera, meciendo levemente las cortinas de los
ventanales. Te sientas en el pequeño sillón individual del comedor frente al
airecito, entreabres la bata y dejas que el viento suave y fresco acaricie toda
tu epidermis. Suspiros de alivio. Luego tensas todo tu cuerpo para relajarlo de
golpe.
Más a gusto y cómoda nuevos recuerdos sobrevienen, ahora
muchos más nítidos. Las bocas de los dos compitiendo por darse el mayor de los
placeres en larguísimos y sofocantes sesenta y nueves, caricias sublimes por
todo su ser, dedos juguetones atreviéndose a entrar entre los recovecos más
ocultos... Te dejas llevar por los apasionantes hechos que recuerdas claramente.
Una mano se desliza dentro de la bata para agarrar con perezosa ternura uno de
tus pechos mientras te acariciaba el pelo, la cara y el cuello con la otra.
Tu excitación y tus ganas de desahogarte van creciendo
conforme avanzas en tus recuerdos. Aun puedes sentir la puntita de la lengua de
tu amante abriéndose paso entre tu gruta caliente, intentando penetrar en ella,
mientras también castigaba el clítoris entre intento e intento.
Ahora la mano que acaricia tu linda cabecita ha pasado
vertiginosamente a recorrer los pliegues de tu coño, imitando la lengua de tu
amante. Te humedeces rápidamente. Terminas de abrirte la bata para hacer el
proceso más fácil y cómodo. El clítoris ya sobresale impaciente, dando muestras
que lo ocurrido aquella madrugada no lo ha saciado lo suficiente.
Cuando el orgasmo va avanzando rápidamente por todo tu cuerpo
algo enfrente te llama la atención. Las cortinas del piso del edificio de
enfrente se han movido sospechosamente varias veces. Podría ser el viento o
alguna corriente interna ya que la ventana esta cerrada, pero han sido
movimientos demasiado raros, artificiales... o al menos eso te parece. Vas a
volver a darte placer convencida de que quizás eran imaginaciones tuyas, cuando
ahora sí, se vuelven a mover. Estas segura. Alguien te espiaba en la soledad de
tus caricias.
Hace solo unos días esto habría sido suficiente para que
cerraras la ventana y salieras corriendo de la habitación, pero ahora... ahora
ya no eres la misma...
Ahora te sientes entre divertida, pícara y algo excitada por
la perspectiva de que seas objeto de la fantasía de un desconocido, haces (casi
no puedes creer que esto lo hagas TU) gestos ostensibles a la persona de
enfrente de que se descubra o pararas de tocarte.
Pasan unos segundos hasta que tu admirador desconocido
descorre las cortinas con exagerada lentitud... seguramente por las dudas y el
miedo al verse descubierto.
Te encuentras cara a cara con un joven de unos 30 años,
guapo, rubio, bien formado y parecido, totalmente desnudo y con destellos
brillantes por todo él, seguramente a causa del sudor producido por sus
acciones, porque estas segura de que se estaba masturbando mientras te
observaba.
Curiosa, no puedes evitar mirar hacía la entrepierna del
hombre. Te muerdes el labio inferior ante tan estupendo ejemplar. Su polla es
grande y sobretodo muy gruesa, de pigmentación oscura, más que el resto del
cuerpo, y el glande brilla, totalmente amoratado, sin piel que lo cubra. Te
sorprende que tenga depilada en esa zona. Los testículos y el pubis no tienen ni
un solo pelito que moleste a la vista.
El hombre parece, evidentemente, nervioso. Quizás esperaba
que tu, indignada te fueras, te taparas y cerraras las cortinas y persianas o le
echaras la mayor de las broncas, cualquier reacción negativa excepto la que esta
viendo, es decir, a ti misma, allí, parsimoniosa, sin dejar de tocarte y
recorriendo cada centímetro de tu sedosa piel.
"Vamos a darle un buen show", piensas (otra vez alucinas de
que esto lo pienses TU, evidentemente has cambiado).
Sin dejar de masturbarte, le guiñas un ojo y té pasas la
lengua sensualmente por los labios. Una invitación que ningún mortal en su sano
juicio rechazaría. El vecino abre los ojos como platos y sigue recorriendo su
miembro con la mano, arriba y abajo, ahora con algo más de celeridad.
Subes las manos por las curvas de tus caderas, hasta posarlas
en tus hinchados pechos (pero... ¿cómo puedes estar mostrándote así delante de
un desconocido?, es mas ¿como puedes estar disfrutando de todo esto?) y empiezas
a moverlos en suaves circunferencias imitando los movimientos de una tórrida
cubana. Casi puedes sentir la calidez del miembro de tu mirón particular
incrustado en el canalillo de tus pechos subiendo y bajando mientras es
masajeado con deleite.
El chico de enfrente sigue mirando extasiado, ha apoyado la
mano contra el cristal y arqueado un poquito el cuerpo. Su cara denota placer
ante lo que ve y en ningún momento ha dejado en masturbarse. A cada segundo
parece que su polla desaparece más rápido en la palma cerrada del individuo.
Satisfecha con las reacciones del chico das un pasito más y
flexionando un poquito el cuello hacia dentro, sacas la lengua y das un lametazo
al aire dirigido en realidad a la verga ficticia que imaginas y a la vez tan
real que tienes a escasos 10 metros. Luego otro lametazo, y otro más...
disfrutas provocándolo. Finges mordisquear el pene que tienes aprisionado entre
tus tetas mientras acaricias tus pezones con las sudorosas yemas de los dedos,
sin abandonar tu propio placer.
El chico ahora parece un pez al que han sacado del agua en
contra de su voluntad. Da largas bocanadas, como si le faltara el aire y su
pecho varonil sube y baja al ritmo de su masturbación.
-"Jajaja, espero no matarle", piensas casi riéndote.
Decides dar otro paso más grande. Te levantas muy
sensualmente sin dejar de mirar al chico directamente en ningún momento, te das
la vuelta, arqueas el cuerpo y apoyas las manos en el respaldo del pequeño
sillón. La bata cae al suelo. Abres las piernas mostrando todo tu sexo como una
flor que se abre en primavera y con delicadeza empiezas a mecer las caderas.
Imaginas que te están penetrando con fuerza, ese desconocido
o cualquiera de tus anteriores amantes. Tus movimientos son cada vez más
descarados y sexuales. Notas como la mirada de tu vecinito se ha clavado en tu
culo y en tu coño. Se pone a 100.
Dejas de apoyar una mano para bajarla rápidamente hasta tu
sexo, deseoso de más caricias y atenciones. Metes el dedo corazón, sientes como
arde por dentro, te es insuficiente y enseguida le acompaña el índice y segundos
después el anular.
Cuando giras la cabeza para ver lo que hace el espía curioso
te quedas gratamente sorprendida. El vecino ha perdido toda la poca vergüenza
que le quedaba y ahora esta completamente pegado al cristal, embistiendo contra
la pared de vidrio, golpeando una y otra vez su miembro, fingiendo que está
haciendo el amor apasionadamente. El vaho formado por su respiración acelerada
tapa su cara parcialmente. Restriega su verga por todo el cristal casi con
placer masoquista y luego vuelve a embestir.
Ves como el curioso mirón se separa un poco del cristal y sin
apenas tocar su miembro también se corre. Espesos y grumosos chorros de semen se
estrellan con violencia contra la ventana mientras su cuerpo se convulsiona.
Luego se deslizan pesadamente hacia el suelo.
No puedes resistir ver eso. Un orgasmo terrible baja en
oleadas por todo tu cuerpo. Contienes tus jadeos como puedes, no es cuestión de
despertar a tu amante que esta en el dormitorio, pero no puedes reprimir
pequeños gemidos y suspiros.
Te dejas caer en el sillón, manteniendo el culo levantado
mientras un orgasmo largo e intenso te invade, llenando de jugos todo a su paso,
empapando tu mano y gran parte de tu entrepierna e interior de tus muslos.
Tardas varios minutos en recuperarse. El orgasmo ha sido
realmente intenso. Te quitas como puedes las perlitas de sudor que cubren tu
cara y parte de tu cuerpo.
Te levantas y vas hambrienta a la cocina a comer algo. El
ruido de la ducha llama tu atención. Tu amante se ha despertado por fin.
"Bueno", piensas, "el desayuno puede esperar" y pones camino hacia el cuarto de
baño...