Al despertar ya no estaba Retrete, a quien no pude ver en los
dos siguientes días, durante los cuales Nory recibió muchas visitas a las que me
mostraba con gran orgullo cuando alababan el trabajo efectuado en mis agujeros,
que nadie se privaba de abrir para comprobar su gran elasticidad y diámetro.
Casi todos los visitantes me usaban ya que Nory les invitaba contándoles que
estaba de promoción. Me utilizaban tanto hombres como mujeres. Lo que más les
gustaba a éstas era meter su mano en mi culo y extraerla rápidamente para oír el
¡FLOP! que sonaba. Los hombres decían a Nory que follarme era como follar a una
virgen, por la gran presión de mis esfínteres, pese a la desorbitante abertura
que se podía conseguir de ellos. Un matrimonio vio cumplida su fantasía de
follarme ambos juntos por el mismo agujero. La mujer, con un gran pene
artificial sujeto a un arnés, me lo metio primero en la vagina y después el
hombre deslizó su pene por el mismo conducto. Después pasaron bien compenetrados
a usar mi ano.
Una pareja de lesbianas quedó encantada de poder meter sus
cuatro manos en mi culo y solicitó inmediatamente a Nory su inclusión en la
agenda de clientes. Costase lo que costase.
Alguna gente pidió a Nory permiso para disponerme en la sala
de tortura pero él se negó con el argumento de que tal uso interrumpiría los dos
días de promoción del producto por la necesidad del tiempo de recuperación
requerido tras una sesión SM.
Nory contaba a todo el mundo que yo era casada con hijos y
que mi entrega había sido con el consentimiento de mi marido, explicando también
el acuerdo económico y lo ventajoso que sería para los dos hombres la
explotación de una mercancía que no había costado ningún dinero de inversión
inicial.
Casi todo el mundo, a instancia de Nory, meó y defecó en mi.
Me daba igual que lo hiciesen en mi boca directamente o en mis agujeros
inferiores. Cuando lo hacían en éstos inmediatamente procuraba recuperar sus
deyecciones con mis manos y llevarlas a mi boca para poder alimentarme, ya que
Nory cumplió su promesa y no me dio nada más de comer o beber.
Pasé mucha sed durante las dos noches. La mujer de látex rojo
se apiadó de mi y me visitaba para orinar en mi boca y aliviar mi tormento. Una
de las veces me atreví a preguntar su nombre. Me dijo que se llamaba Bazofia.
Después de los dos días de promoción, Nory, ayudado por
Bazofia me empaquetó en la jaula de la furgoneta de igual forma que cuando me
llevó a su casa salvo que esta vez en lugar de vendarme los ojos me colocaron
una capucha de aislamiento que me impedía ver, oír y hablar. Emprendimos viaje,
que no tengo idea de cuanto duró y cuando fui liberada de mis restricciones lo
primero que hice, sin importarme donde estaba ni en presencia de quien, fue
orinar sobre mis manos en forma de cuenco y beber mi propia orina.
Aún así me encontraba sedienta y unas almas caritativas que
pude empezar a ver cuando me acostumbré a la luz, se apiadaron de mi. Fue una
pareja negra, maduros y desnudos los dos a quienes Nory me presentó: Estos son
Lucrecia y Eustaquio. Un matrimonio de buenos esclavos heredados de mi padre que
se encargarán de introducirte en un par de aspectos educativos que te falta por
experimentar. Yo tengo que irme. Te recogeré a última hora y por la mañana se
procederá a tu marcado, con lo cual habrá terminado la ceremonia iniciativa y
recuperarás tu vida normal .... salvo cuando se demanden tus servicios.
Aquello me dejó desolada. No podía ya imaginar el volver a mi
trabajo cotidianamente. No soportaría la rutina.
Con Nory aún presente, el viejo negro presentó su enorme pene
ante mi y me indicó que abriese la boca, lo que obedecí sin el menor reparo.
Pese a que el gusto de su caldo no era de la mejor calidad –ya empezaba a
distinguir qué había comido o bebido el meón en las horas anteriores- le
agradecí su oferta bebiendo todo ansiosamente. Tras el me ofreció, bien abiertos
sus labios, la mujer. Su orina tenía mejor sabor.
No me permitieron mucho descanso, advirtiéndome que tenía
mucho que completar de mi educación iniciática como esclava en las pocas horas
que estuviese allí. Me pusieron un collar de cuero y ataron a él una cadena
conduciéndome desnuda, al igual que ellos, por lo que vi era una granja. En ella
trabajaba alguna gente que no se sorprendió de vernos de aquella guisa. A lo más
evaluaban mi cuerpo.
La pareja me introdujo en una de las cuadras y el hombre me
ató los brazos a las patas de un banco bajo con el estómago apoyado sobre él
mientras la mujer desaparecía unos momentos. Cuando de mi postura esperaba
razonablemente recibir una sarta de latigazos en nalgas o espalda, volvió la
mujer con un enorme perro danés y varios peones. El hombre me colocó una mordaza
de bola, sin duda en previsión de mis protestas, y seguidamente la mujer negra
se puso a mamar el pene del perro delante de mi vista sin dejar de explicarme
como debía hacerlo. Poco a poco se infló aquel pene y la mujer me dijo que iba a
aparar al perro conmigo. Aquello me aterró pero poco podía hacer. Condujo al
animal tras mi y tras notar su lengua rasposa lamer todos mis bajos, el bicho se
montó sobre mi espalda y su pene entró en mi vagina con total facilidad. Fui
montada frenéticamente por el animal en presencia de los curiosos peones. Aquel
hecho de tener espectadores de semejante humillación, contra lo que pudiera
esperarse me produjo gran morbo y no quise disimular cuando tuve un orgasmo al
notar la descarga del animal en mi interior. Entonces los peones aplaudieron.
La pareja negra, con cara de satisfacción me soltó del banco
y me desamordazó. Trajeron otro perro, un pastor alemán y me indicaron que yo
sola procediese a calentarlo y a llevar su apéndice esta vez a mi ano. Al
principio me parecía algo repulsivo chupar la polla de un perro, pero habiendo
ingerido los últimos días las heces, orinas y semen de gentes desconocidas no
tuve que hacer ningún esfuerzo para dominar el asco, asco que fue desapareciendo
mientras el pene del chucho se hinchaba. Cuando estuvo enhiesto me di la vuelta
ofreciéndole mi pompis y conduje su polla hasta mi ano donde se introdujo con
enorme facilidad. En esta ocasión fueron dos los orgasmos con los que me
obsequié y, cuando el perro llenó mis intestinos y se separó fácilmente de mi
por mi gran holgura, me volví para limpiarle el pene con mi boca aprovechando
los restos de su semen. Sin ningún pudor, delante de todos los presentes, me
puse en cuclillas haciendo esfuerzo para evacuar el esperma de mi interior
recogiéndolo en mi mano para inmediatamente beberlo. Con el apetito que tenía no
estaba dispuesta a desaprovechar nada que pudiera alimentarme. Después,
descaradamente, ofrecí una mamada a cada uno. El viejo matrimonio lo consintió y
mi estómago agradeció el producto de los seis pares de testículos.
Solicité que me cagasen y measen, pero el viejo negro lo
prohibió alegando la falta de tiempo mientras la mujer aparecía con un carnero.
- Escucha bien Marrana, ahora te va a follar este
carnero, después lo hará un gorrino que, atendiendo a tu nombre supongo será
de tu máximo agrado, seguiremos con un asno y, si todo va bien, terminaremos
con un caballo. No pongas cara de asombro, tu agujero podrá con la de un
caballo, aunque no hasta el fondo.
- Debes meterte en la cabeza, dijo el viejo, que como
esclava ya no eres un ser humano, sino un animal, muy evolucionado si, pero
animal a fin de cuentas. Se te puede usar como animal de labor, de ocio o
como mascota o bien de reproducción, a expensas de las sabias y
discrecionales decisiones del Amo. Como animal que eres no te distingues
apenas de estos otros, por lo que se te puede prestar o alquilar como casi
ser humano o también como animal de ocio de otros animales productivos o
simplemente mascotas. Hay señores y señoras que pagan grandes sumas por
tener un animal con forma humana para efectuar el coíto con sus mascotas. Al
Amo eso le reporta buenos beneficios y tu debes cumplir para satisfacerle
como buena esclava.
No tuve problemas para aparearme con el carnero pero si con
el cerdo pese al buen presagio de mi nombre. Además la delgada y helicoide
pollita de aquel bicho, acompañada de su enorme peso y forma dificultosa de
manejar aunque ayudase la negra, no consiguió que siquiera lo sintiera dentro de
mi. Tenía más atención puesta en las braguetas de los espectadores que en mi
tarea con el cochino. Los viejos eran persistentes y lo ensayaron otra vez con
otro gorrino: No hubo manera de que me acoplase bien con la supuesta raza animal
a la que pertenecía.
Para follar con el asno primero me enseñó la vieja la forma
de incentivarlo, cosa un poco lenta para mi ansia de esperma, y después,
colocándome en una especie de camilla, mi coño quedó al alcance de su gran
instrumento. No tuvo problema en introducirse en mi vagina aunque si en entregar
su jugo, porque la vieja no le dejaba penetrarme del todo para que no me hiciese
daño en mi interior. No obstante por fin eyaculó y me inundó hasta tal punto que
entre su polla y mis labios vaginales salió su exceso de esperma a presión.
Sentir toda mi cavidad llena de lefa me proporcionó otro gran orgasmo que me
condujo casi al desmayo durante un rato, pero eso no impidió que, una vez
recuperada utilizase el esperma para mi alimentación.
De la experiencia con el caballo puedo decir que fue similar,
pero que comí mucho mejor.
Próxima ya la hora de mi reentrega al Amo la pareja de viejos
se apiadaron de mi y condescendieron a mear y cagar en mi boca para calmar los
calambres de mi estómago, acción que agradecí mamando la polla del viejo y el
coño de la vieja. Ni tiene que decir que que el jugo que saqué de ellos
beneficiaba también a mi organismo. No obstante loe generosos vejetes no dejaron
de castigarme por la infracción cometida al solicitar las eyecciones de los
peones. Me colocaron boca arriba sobre una gran mesa y, mientras la vieja me
amasaba los pechos y pellizcaba y retorcía con gran fuerza los pezones, el viejo
me sacudía fustazos en el coño manteniendo mis piernas abiertas mediante cuerdas
atadas de mis rodillas a las patas de la mesa. Después me retorció el clítoris,
con la misma saña que su esposa mis pezones. Me gustó poco la despedida de
aquellos amables viejos.
No me resultó ninguna sorpresa que el viaje de regreso a la
casa, guarida, prisión, burdel o como se quiera calificar la residencia de Nory
lo hiciese empaquetada en la jaula de su furgoneta como en veces anteriores,
solo que esta vez llevaba muy dolorido mi pubis.
Al regreso se terminó mi dieta. Bazofia de dio de comer
espaguetis, filete y fruta y hasta me sirvió unas copas de vino. Esa noche
también dormí en una mullida cama. A la mañana siguiente Bazofia y Retrete me
despertaron y le llevaron al baño. Allí oriné y defequé en su presencia, tras lo
cual me bañaron delicadamente, me repasaron el depilado del pubis, restauraron
mi manicura, me peinaron y por último me hicieron una limpieza de intestinos
inyectándome un enema. Me dijeron que no era conveniente que desayunase. Me
llevaron a la sala de torturas y tras colocarme una mordaza de bola me tumbaron
en una mesa ginecológica situada en el estrado al que rodeaban un buen número de
espectadores sentados en sillas.
Lo que me hicieron duró varias horas: Mientras otra mujer
desconocida me tatuaba algo en mi suave y liso pubis, Bazofia y Retrete me
perforaron los pezones sin ninguna anestesia colocando unos anillos de titanio
de buen grosor y diámetro. Posteriormente la mujer desconocida se hizo cargo de
mi pecho para tatuarme otra cosa sobre el seno izquierdo. Esta vez Bazofia y
Retrete se entretuvieron mucho tiempo con mi entrada vaginal. Creo que conté
cinco pinchazos y algo más que no pude identificar. Si no hubiese estado
amordazada mis aullidos hubieran sido escuchados en medio mundo.
Me colocaron unas gasas húmedas de algo desconocido sobre el
pubis sujetas con una braga de hilo dental y otras en los pezones fijadas con
esparadrapo. Después me condujeron a la silla de tormento que ya he descrito.
Esta vez solamente tenía uno de los dos penes que crecían, el correspondiente al
orificio anal. Desplazando el hilo de mi braga fui sentada sobre el apéndice que
se introdujo en su agujero sin ninguna dificultad. Ya sabía que pasaría eso. Lo
que no esperaba es lo que sucedió después. El pene no comenzó a engrosar como
sucedió cuando me sometieron al tratamiento de ensanche de agujeros. Esta vez
comencé a sentir en mis intestinos una enorme presión que deduje procedía de un
globo que se estaba inflando en mi interior. Aterrorizada intenté levantarme
pero ya estaba atrapada. A pesar de la conocida anchura y elasticidad de mi ano,
el globo inflado dentro era demasiado grande para poder salir. Ni Bazofia ni
Retrete habían hecho intento alguno por impedir mi huida por lo que deduje que
ya conocían lo que iba a alojar en mis intestinos. Su calma para sujetar mi
cabeza y mis muñecas en el cepo de madera me tranquilizó respecto de la
posibilidad de que mis tripas reventasen.
La mujer tatuadora se aplicó a mis riñones y algo me dibujó
allí. Mientras noté que tanto mis labios vaginales como mis pezones estaban
hirviendo y preocupantemente Bazofia y Retrete me perforaban el tabique nasal
colocando en él una gruesa argolla metálica como si fuese un toro. La argolla
sobrepasaba mi labio superior apoyándose sobre la bola de mi mordaza. Si mi Amo
Nory pretendía que yo fuese con aquello siempre significaba que jamás volvería a
pisar la calle ya que me encerrarían por demente.
Preocupada con el anillo nasal y martirizada por el dolor y
escozor de pubis y pezones, no advertí que la tatuadora había terminado su
trabajo. Entonces, mientras Bazofia se aferraba a mi vientre sujetándome, sentí
una enorme quemadura sobre lo alto de mi nalga izquierda al mismo que un sonido
de fritura de filete. Me estaban marcando con hierro incandescente. Sujeta por
Bazofia y por el globo inserto en el agujero de mi culo fue inevitable soportar
los segundos que duró aquello que me pareció eternidad.
Bañada en lágrimas y a punto de ahogarme, me desprendieron de
la mordaza, mientras era rodeada de los asistentes que examinaban mi reciente
marca al rojo. Me impregnaron la quemadura del líquido irritante y la taparon
con un apósito.
Sin soltarme del banco se inició una ordenada orgía que
terminaba siempre en mi. En mi boca para ser más concreta. El orden era así: Los
asistentes, una veintena y todos hombres, se precalentaban sacudiendo con un
látigo las nalgas y espalda de Retrete, atada de frente a una cruz de San
Andrés, después se calentaban en las bocas de Bazofia y la tatuadora y por
último vaciaban su esperma en mi boca, esperma que yo me tragaba por indicación
de mi Amo.
Esa misma noche me empaquetaron para casa con instrucciones
de cómo tratar mis heridas y la advertencia de que el viernes siguiente sería
traída para comprobación y anillado definitivo. Nory me insistió en utilizar el
líquido irritante pese a las molestias ya que aceleraba la cauterización.
Efectivamente, Nory tenía razón y necesité una semana de
descanso. No me pude levantar de la cama durante tres días, los dos primeros con
fiebre. Me curé las heridas sin mirar ya que lo único que vi en el espejo fueron
mis pezones y me entró tal aprensión que no quise mirar el resto. Estaban rojos
e inflamados como fresas y atravesados por una barra descomunal. Debía medir
unos cinco milímetros de grueso. Por otro lado la gran argolla que pendía de mi
nariz me parecía grotesca.
Al quinto día dejé de sufrir los efectos de quemazón del
líquido y me encontré ya sin malestar físico, tan solo tenía una ligera fatiga
general que desapareció al sexto día. Mi marido apenas hablaba conmigo, solo le
descubrí con miradas de curiosidad hacia mi argollada nariz.
De acuerdo con lo prometido, el viernes se presentó Nory con
su furgoneta y me empaquetó otra vez camino de su casa. Allí esperaban Bazofia y
Retrete para asistirle en mi anillado.
Me vendaron los ojos y sentí como me retiraron las barras que
perforaban pezones y labios vaginales y fueron sustituidas por anillos que luego
supe eran de titanio. En el clítoris notaba una sensación rara: Por un lado lo
notaba tenso y tirante y por otro me producía un cosquilleo sumamente agradable
que impulsaba a apretarlo para acentuar el placentero efecto. Cuando me llevaron
a la mesa ginecológica comencé a temblar, pero Retrete me tranquilizó diciéndome
que solamente me iban a depilar de forma definitiva con láser.
Cuando todo terminó me quitaron la venda de los ojos y me
encontré de pié entre varios espejos mientras Nory me miraba sentado en una
confortable butaca. Bazofia y Retrete estaban a mi lado y me invitaron a
examinarme en los espejos.
Lo primero que me llamó la atención fueron mis pechos,
coronados los pezones con sendos anillos tan gruesos como los de mi nariz y en
lo alto de mi pecho izquierdo un precioso tatuaje a todo color de un lechoncito.
En mi zona lumbar, comenzando en los dos laterales de la cintura comenzaba una
hermosa cenefa que descendía hasta el canalillo de mis nalgas en una de las
cuales aparecía la marca de una "N" que me había sido impuesta al rojo vivo. No
pude resistirme a pasar por ella mis dedos, sintiéndome gozosa de mi pertenencia
a aquel hombre y de que, si algún día prescindía de mi tendría un recuerdo
imborrable de él. Bazofia me advirtió que pusiese más atención a la cenefa y,
efectivamente, aunque a primera vista no lo parecía, camuflaba artísticamente
unas letras que proclamaban mi nombre "MARRANA".
Pasé a examinar con una mezcla de aprensión y ansiedad mi
tesoro íntimo. El tatuaje del pubis proclamaba mi condición: ESCLAVA,
categóricamente y en letras bien claras, bajo ellas, en letras más pequeñas
figuraba: PRIMER AMO: NORY.
Aquello me produjo desolación, pues se daba a entender que mi
futuro era incierto en cuanto a propietario.
Dos anillos, anchos y gruesos como los de los pezones y la
nariz perforaban mis labios exteriores y otros dos mas pequeños estaban
instalados en los labios interiores. Pero mi atención se centró en el extraño
artilugio que afectaba mi clítoris de forma que aunaba molestia y placer.
El capuchón de mi clítoris había sido totalmente extirpado y
el clítoris lucía insolente en lo alto de mi raja enmarcada por aquel monte de
Venus impúdicamente desprovisto de cualquier vestigio de pelo, extremadamente
suave e inmaculadamente nacarado. Pero además había sido perforado por un anillo
semicircular. La parte recta del semicírculo, tan gruesa como el resto, era la
que atravesaba salvajemente mi preciado apéndice y se estribaba en una especie
de resorte en forma semicónica que, apoyado a su vez en la base del pubis,
empujaba firmemente el clítoris hacia delante. De ahí la tensión y molestia que
notaba. No sabría explicar qué provocaba el simultáneo y placentero cosquilleo.
De cada anillo de los labios exteriores partía una cadenita
que enganchaba en el semianillo del clítoris. Sin duda era para estirar
simultáneamente mis dos órganos. No olvidaré mencionar un ancho anillo de hierro
que en mi dedo anular derecho y por delante de la alianza de matrimonio exhibia
el nombre de Nory. En la muñeca izquierda lucía una pulsera de metal liso unida
por una cadenita a otro ancho anillo en el pulgar que decía ESCLAVA.
Nory me alabó por la espléndida figura que presentaba y dijo
que era la más atractiva esclava de mi edad que había conocido. Bazofia y
Retrete aplaudieron y yo enrojecí y me estremecí de complacencia y soberbia,
refirmándome en lo acertado de mi decisión de entrega sin condiciones a su
persona.
Para agradecerle el halago me arrodillé pidiéndole permiso
para mamar su adorada polla que no había probado en más de dos semanas. El
consintió generosamente y además ordenó a Bazofia que me proporcionase un
orgasmo con un par de vibradores y a Retrete que acariciase mis tetas y mi
vagina. Pronto me di cuenta de la utilidad de los anillos. Estirando de ellos
suavemente Retrete me hacía alcanzar la gloria. Estallé en un soberano y
prolongado orgasmo, el mayor de mi vida, mientras el Amo eyaculaba en mi indigna
boca.
Después Amo Nory me dirigió unas palabras:
Marrana, eres una esclava y no tienes más categoría que la de
un animal, quizá más evolucionado, pero animal, de ahí el nombre que se te ha
impuesto. Como ganado que eres puedes ser empleado como bestia de labor, como
mascota para placer o como animal de reproducción. Cuando, donde y con quien yo
decida. A veces, casi siempre cobraré dinero a los beneficiarios de tus
servicios, otras serás canjeada por otro animal que me apetezca y otras te
cederé sin contraprestación a personas que me agraden. Deberás entregarte a
ellos como si fueran yo mismo, y sufrir sus usos o castigos agradeciendo que
contribuyan a tu disciplina, educación y consecuente aproximación a la categoría
humana aunque nunca la alcances, ya que la tuviste una vez y renunciaste sin
ninguna reticencia. El ser humano que renuncia a esa dignidad ya no puede
recuperarla. Teniendo presente siempre esa condición, el resto de condiciones
para una provechosa esclava vendrá por si solo.
A partir del lunes te incorporarás a tu oficina para seguir
produciendo dinero a tu marido y a mi como bestia de labor. Para acudir a tu
trabajo y actos sociales o compras –solo de comida, la ropa te la proveeré yo-
podrás quitarte las argollas de nariz y pezones y los anillos de las manos así
como la pulsera, pero nunca debes desprenderte de los anillos de tu bajo vientre
salvo que yo lo disponga. El anillo del clítoris será sustituido de cuando en
cuando para poner un resorte mayor. Su función es la de elongar tu clítoris
ensanchando al mismo tiempo el agujero para ponerte la mayor argolla que hembra
alguna haya tenido jamás en semejante órgano. Quiero que algún día figures por
dos récords en el libro Guinnes, el de anchura de tus agujeros que ya ha sido
solicitado y pronto serás examinada y medida por los jueces, y el de la mayor
argolla insertada en un clítoris de animal cuasihumano.
Por otro lado quiero que dediques una hora todos los días a
estirarte las tetas hacia fuera y abajo para que se alarguen y resulten más
colgantes, me gustan, así proporciona mayor placer atarlas y colgarte de ellas.
También quiero que engordes unos diez kilos pero procurando que sean de músculo,
no de grasa, y que se acumulen en tus nalgas, muslos y vientre. Me gustarás más
un poco rechonchita.
Tendrás a mano siempre un teléfono móvil, que va en la maleta
de accesorios que te entregará Bazofia cuando regreses a casa, para que puedas
atender inmediatamente las necesidades de tus servicios como animal de ocio y
placer. En la maleta se incluyen plomadas para los anillos, pinzas, collares,
pulseras, cinturones de castidad, capuchas, mordazas, fustas y otra larga serie
de elementos de restricción o mortificación que utilizarás cuando te ordene
Por último, dejarás de tomar tus píldoras anticonceptivas
para aprovecharte lo antes posible, dada tu edad, como animal de reproducción.
Al oír esto salté de alegría agradeciéndole al Amo que fuese
tan generoso de engendrar un hijo suyo en mi vientre, pero me dejó bien claro
que sería fecundada por cualquiera que la naturaleza tuviese a bien designar
entre todos los varones que me utilizasen y que, por supuesto no criaría al
niño, sería despojada de la criatura nada más nacer y mi leche sería empleada en
mis servicios de ocio y placer.
A lo largo de mi tiempo de vida sirviendo a Nory he vivido
muchos momentos que quiero contar. Unos gratificantes y otros sumamente
dolorosos, pero quiero adelantaros que en la actualidad me encuentro preñada por
segunda vez desde que me esclavicé y que cuando termine mi producción de leche
seré entregada a otro Amo mediante pública subasta. Ya he cumplido 48 años y mi
Amo me quiere sustituir. Seré subastada en lote inseparable con Retrete, de
quien me he hecho muy amiga y Nory, por consideración con el animal que lo
engendró, no quiere darle el disgusto de separarnos. Me ha comunicado que mis
hijas, las de mi matrimonio, se encuentran muy interesadas en pujar por nosotras
ya que son lesbianas y les atrae mis anillados. El anillado de mi clítoris ya
figura en el Guinnes junto con la mención de la anchura de mis agujeros. El
texto dice así en la edición de 2001: Esclava voluntaria de 44 años de edad,
casada con hombre diferente a su amo y con hijos de aquél, residente en algún
lugar de España, denominada Marrana en su ceremonia de esclavización, sin otros
datos de identidad dada su condición inhumana, presenta una dimensiones máximas
antes de rasgadura en sus agujeros vaginal y anal de ....... habiendo sido
medidos sin estar preñada.
PS:
Por expresa imposición de me amo Nory, el mejor amante del mundo, pese a
sus 18 años, os comunico que cualquier hombre, mujer o pareja que desee
disfrutar de mi cuerpo como esclava un fin de semana solamente tendrá que
pedírselo a su dirección de correo que seguidamente transcribo, contándole que
harán conmigo. La más imaginativa propuesta mensual será la que disponga de mi
gratuitamente.
Peticiones de mi cuerpo a:
nori1303@hotmail.com