Aproximadamente a las 2 de la madrugada nos despertó el
silencioso destello de un relámpago en el cielo.
Hay una tormenta acercándose, una extraordinaria y enorme
tormenta llena de relámpagos y truenos.
En plena noche, con la ciudad a oscuras, los relámpagos son
los únicos que iluminan la ciudad de cuando en cuando.
Con un breve estallido, las nubes empezaron a retorcerse y no
pararían hasta quedarse secas dejando caer la lluvia en continuas y ondulantes
cortinas de agua. Estalló un trueno, retumbando con un sonido metálico entre los
edificios de la ciudad.
Te digo: -"Ven, corre, se me acaba de ocurrir un juego nuevo"
Te deslizas fuera de la cama, te pongo una simple camiseta y
unas chanclas y dejando la puerta delantera sin cerrar salimos y subimos a la
terraza. Empujo la puerta de la terraza, que en teoría debería haber estado
cerrada con llave pero que nunca lo está.
Hago que te adelantes y te digo: -"Pasa y disfruta de este
momento"
Un poco aturdida, sin saber exactamente que quiero que hagas,
te adentras en la terraza. En medio de la noche esta a solas con la ciudad
cubierta de tinieblas y aquel palpitante cielo. Te quedas mirando las grises
nubes que pasan.
Sientes la brisa levantando y tirando de tu camiseta, es una
sensación agradable. Te llega justo a la altura del culo, dejando apenas la
linea de tu coño fuera de visión.
Te empieza a excitar la sensación de que estando sola ahí
arriba como estas, el viento juegue con el borde de tu camiseta, la alce hasta
tocarte el culo o roce tu chochito.
Sólo para demostrar lo poco que te preocupa, te coges la
camiseta por el borde y la alzas brevemente sobre tus tetas, dejando la brisa
soplar sobre ellas y arrugar la piel alrededor de los pezones.
Es deliciosamente fresco y travieso exponerte así a los
edificios de la ciudad. Alguien tan insomne como tu, despierto a causa de la
tormenta, podría estar mirándote desde cualquiera de aquellas mil ventanas, y
verte, inclinándote contra la barandilla de la azotea de tu edificio, levantando
tu camiseta y sintiendo la brisa soplar sobre tus pechos y entre tus piernas
como la lengua de un amante. Pero no solo no te importa, es mas, te excita un
poco esa idea.
Sientes la primera gran gota húmeda en tu mejilla cuando te
bajas la camiseta. Vas al medio de la azotea y té quedas allí mientras oyes el
siseo ascendente de la lluvia mezclarse con los estampidos que cada vez suenan
más cerca y más a menudo. Las luces de la calle desaparecen casi de la vista a
causa de la cortina de agua que cae sobre ellas.
El ritmo de la lluvia aumenta cuando extiendes tus brazos
para saludarla. Las gotas golpean al azar sobre tu cara, causándote una extraña
sensación por la fuerza del viento. Chocan y se aferran a tu camiseta,
ensombreciéndola gradualmente.
Ya no vuela al viento, ahora el viento y la lluvia la pegan a
tu piel. La tempestad esta encima de ti, cayendo como una ducha caliente, pero
el viento te enfría. Tu pelo se alisa contra tu cuello y la camiseta se te
adhiere por todas partes.
Miras tus pechos. Tus pezones se alzan endurecidos bajo la
empapada camiseta. Los estrujas a través de la tenue tela, apuntándolos al
cielo, sintiendo una pequeña descarga eléctrica.
Giras la cabeza y me ves de pie mirándote a unos cinco metros
de ti, la lluvia oscureciendo mi imagen.
Mirándome a la cara levantas de nuevo la camiseta hasta la
altura de tus pechos exhibiéndolos a mi vista, restregándotelos, sintiendo tus
pezones tiesos a través de tus dedos. Mi erección es patente a través de los
empapados calzoncillos, perfilada por la húmeda tela.
Me acerco a ti, te beso y digo: -"Quiero que follarte bajo la
lluvia".
Me coges de la mano y registras la terraza con la vista, pero
no hay ningún lugar adecuado para acostarnos. Nos acercamos a la puerta de la
escalera y soltándome la mano la pasas por mi empapado pantalón.
- "Oh, dios tu polla esta tan grande que no puedo esperar..."
- "Tómame aquí, ahora, levántame y fóllame contra la pared,
de verdad, te necesito ahora... aplástame contra el muro y ya está.
Te levanto y te apretó contra la puerta. Tu envuelves tus
piernas alrededor de mis caderas y tus brazos alrededor de su cuello.
Mi polla se desliza por todo tu culo mientras te mantengo
sujeta. Entonces sientes la cabeza de mi pene entre los labios de tu coño.
Empujo y sientes como atraviesa tus entrañas, muy profundamente.
Estamos empapándonos y mi polla parece hacerse más grande
mientras se desliza dentro de tí.
Dejo que resbales sólo un poco para que tu propio peso
consiga enterrar dentro de tí los pocos centímetros de mi polla que aún quedan
fuera de tu cuerpo.
Al conseguirlo dejas escapar un sonido gutural como si fueras
algún animal salvaje. Comienzo a bombear dentro y fuera de tí con deliciosos y
secos golpes. Tengo mis manos en tus nalgas para sujetarte de modo que pueda
separarme más para luego poder embestirte con más fuerza.
Tu gritas, más fuerte que nunca con cada acometida. Es una
sensación espléndida el sentir la lluvia goteando en tu boca mientras gritas.
Disfrutas con los ojos cerrados mientras envuelves mi cuerpo
con tus brazos y tus piernas. Tus tetas flotan libres, sientes tus pezones duros
contra mi pecho. Con furiosas acometidas y con la ayuda de tu propio peso, abres
cada vez más las piernas pero sin dejar que suelten su presa.
Nuestro orgasmo llega en el mismo momento en que el chasquido
de un trueno retumba cerca, iluminando el terrado con su luz.
Yo te retengo mientras tu coño envuelve con fuerza mi polla
rezumante de semen, tus pezones aplastados contra mi pecho. Te mantengo clavada
mientras nos besábamos y los ecos retumbaban y rugen alrededor de nosotros.
Permanecemos allí arriba, besándonos y abrazándonos el uno al
otro, hasta que la lluvia queda detrás mientras la tormenta pasa sobre la
ciudad.