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Fecha: 06-May-03 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Follé con mi hija

Juan José Molina
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Tiempo estimado de lectura: [ 11 min. ]
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Noté que los tejidos de su vagina, intactos, enrojecían al estirarse con el paso de la cabeza de mi pene que la penetraba. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a

Recuerdo ese día. Era sábado, me preparaba para disfrutar de una tarde de deportes en el televisor. No soy precisamente un gran aficionado a los deportes, pero, en vista de que me quedaría solo con mi hija, en casa, no hallé algo mejor como actividad de ocio. Mi esposa Beatriz, había salido por el fin de semana por compromisos de su trabajo, por lo que ese Domingo, nos quedamos en casa mi hija de 13 años y yo. Le decimos Tichi de cariño ya que se llama igual que su madre. Desde niña fue una niña muy hermosa, de rubios cabellos y una sonrisa que se ganaba la atención y ternura de todos.

Tichi me dijo que deseaba acompañarme en la estancia, para que le enseñara muchas cosas que quería compartir ese día conmigo. Feliz de su decisión, la invité a sentarse junto a mi. La chiquilla se sentó libremente en el sillón. Noté que su faldita, muy corta, se le subía hasta las braguitas. No pude más que reconocer, ante ese cuadro, que se estaba convirtiendo en una angelical seductora, con ese cuerpo que despertaba el interés de los chicos.

Sus pequeños pechos se notaban firmes y hermosos través de su blusa. Sus piernas estéticamente mostraban su naciente feminidad. Su piel de niña-adolescente, joven, tersa y rosada la hacían verse como un espíritu celeste que volvía locos a los compañeros de escuela y a los chicos del barrio. Su cabello rubio y brillante le lucía impresionante, enmarcando un rostro bellísimo. De verdad, mi hija se estaba convirtiendo en una mujer preciosa.

Se acurrucó a mi y me empezó a hablar sobre sus vivencias escolares. Me atrajo la imagen de sus piernas, increíblemente finas, que se mostraba plenas, sin ocultar una parte de sus hermosísimas nalgas que buscaban escapar de sus minúsculas bragas. Traté de escapar a tal pensamiento y , también al siguiente, que me torturaba, cuando noté sus pechos de adolescente divinamente firmes. Era una pequeña impresionante. De pronto sentí una oleada de celos por la cantidad de chicos que la asediaban a diario.

Papito, ¿tu crees que tengo los pechos como los de mamá?, me dijo de pronto.

Claro Tichi y seguro muy hermosos. Dije apurado, deseando cambiar rápidamente el tema.

Papi, ¿tu crees que los tengo bonitos?, preguntó, acercándose a mi.

Supongo que los tienes bonitos Tichi, ¿por qué dudas?, además, eres una niña muy bonita.

Papi, me gustaría enseñarte mis pechos para que me digas si te parecen bonitos. Soltó el comentario, ante mi evidente turbación. No sabía que contestarle.

Ppppppueess, ¿no se, Tichi?, repliqué

Uniendo el comentario a la acción, se quitó su blusita de tirantes y dejó al aire los pechos más firmes, jóvenes, tersos y hermosos que había visto hace mucho tiempo. Me sentí verdaderamente azorado. A su edad, mi hija tenía las formas femeninas más exquisitas que hubiera visto en jovencita alguna. La suave curva de sus tetas, paraditas, terminando en unos pezones que tenían forma tan bella que no puede evitar exclamar nervioso:

Son muy bonitos Tichi, eres una niña muy bonita. Le comenté.

Pero, ¿ no piensas que ya estoy creciendo?

Claro, por supuesto, mmm, mmmm ... no sabía que decir.

Además, ¿sabías tu que tengo vellitos en mi conchita?, comentó, subiéndose la faldita de cuadros. Te voy a enseñar papi.

No, no quiero que me enseñes Tichi, por favor. Dije sin mucha convicción.

No me hizo caso. Se bajó sus braguitas y me mostró los labios de su sexo, divinamente perfilados. Sus pelitos, rubios, delgados, como cabellitos de bebé, dibujaban la belleza de su pubis. Con sentimientos encontrados sobre lo que estaba pasando, no puede impedir una erección, que no oculté, puesto que me había puesto unos pantaloncillos holgados y cortos para descansar cómodamente ante el televisor. Estaba como hipnotizado ante la escena. Los labios mayores de su cochita, lucían esplendorosos, divinamente hermosos.

Su piel tenía un tono ligeramente rosado y terso. Todo en ella era de una maravillosa perfección virginal. Podía sentir al tacto, la suavidad de su piel y sus formas perfectas. Podía incluso, percibir su suave aroma, que deliciosamente inundaba tenuemente el ambiente de la sala. Todos esos estímulos que profusamente percibía, hicieron que mi verga creciera y mis latidos cardiacos se aceleraran. No pude evitar sentirme excitado sexualmente con la desnudez de mi hija.

Hace mucho quería que me vieras papito. ¿Te gusta mi conchita?, continuó diciéndome.

Me gusta mucho Tichi, le respondí, sudando de excitación y conteniendo la tremenda erección que no podía controlar.

Wow papi, ya descubrí que a ti también te crece tu palito cuando te enseño la conchita. Yo pensé que eso le pasaba nada más a los chicos del Colegio. Expresó con una naturalidad que me dejó helado.

¿Les enseñas tu rajita?. Le increpé, deseando una respuesta negativa.

Si papasito, los niños nos enseñan su palito y nosotras la rajita y las tetas.

Dios mío!!! Tichi estaba descubriendo que no solo los chicos, sino también su padre se excitaba con sus formas de mujer. Me sentía tenso pero a la vez excitado con tal imagen. Mi hija tenía una sensualidad que pocas veces había conocido en una jovencita. Y por supuesto, me sorprendió descubrir mi propia excitación con el cuerpo de mi hija.

No pude detenerme, mis manos temblorosas le tocaron su pubis y sus labios externos. Tichi, reaccionó con un temblor generalizado al contacto de mi mano en su sexo.

Estás divina, Tichi. Pensé, sin expresar, este pensamiento tan morboso.

Papito, preguntó infantilmente, ¿puedo tocarte tu palo, ahora que lo tienes tan grande?

Sin más, me bajé los pantaloncillos y dejé escapar la tremenda y erecta polla. Mi excitación fue mayúscula cuando sentí que su mano, fina y delicada tocaba mi verga. Auhggggmmmmm, no pude disimular un ronquido reprimido de placer.

Yo le respondí, abriendo sus labios externos y haciendo contacto con mi dedo en las partes internas de su conchita. Me sorprendió sentir que mis dedos se humedecieron con sus incipientes jugos.

Papasito, me gusta mucho. ¿Por qué se siente tan rico, papi? Comentaba esto, cuando noté que su respiración iba en aumento y sus pezoncitos se erectaban. . Hgmmm, Hgmmm, Hgmmm, retumbaban en mis oídos, las expresiones que su excitación de manera natural le llevaba a emitir.

Levanta tus piernitas, amor. Le dije, para acomodar el ángulo de su cuerpo y pudiera así recibir la estimulación de mis dedos en su sexo.

Méteme más el dedo, quiero sentir mucho rato así, papi, que lindo eres conmigo, mmmmmm. Decía entrecerrando sus ojitos.

Tichi, vamos, agáchate y chupa mi palo, mi’jita. No podía creer que le estuviera pidiendo a mi hija que me mamara el pene, definitivamente estaba perdiendo el control de mí mismo.

Si papá, dime lo que quieres que haga. Enséñame a sentir rico. Balbuceaba con pasión de adolescente.

Puso sus virginales labios en mi polla, yo la tomé por la cabeza, sintiendo sus rizos de oro, suaves, deliciosamente oliendo a su pubertad angelical. La guiaba, le decía que abriera sus labios que pusiera la lenguita en la punta. Le enseñé que en el frenillo es donde yo sentía más rico. Aprendió con una notable rapidez. Mientras, le masturbaba aumentando su humedad con la saliva que de vez en vez le aplicaba. Mi dedo medio, frotaba su clítoris con rapidez; este se notaba pequeño y abultado. Noté que sus vulva y todo su sexo, tenía unas formas delicadas y estéticas. Sublime.

Observé la imagen de la niña con el pene en su boca y pensé que era el peor padre del mundo. Sin embargo, de mis sentimientos contradictorios, surgía dentro de mi una excitación tan desmedida que me fue imposible controlar.

La tomé de su cintura y levanté su suave, hermoso, delicado, terso y maravilloso cuerpo. Me parecía que solo le faltaban alas para de verdad convertirse en una sorprendente figura celeste. Su carita estaba bellísima, con esos hermosos ojos color verde esmeralda, con una naricita divinamente femenina, labios delicados, sin una arruga, maravillosamente hermosa. Me pedía que siguiera que la hiciera sentir más y más rico. Escuchaba su respiración y el sorprendente olor de su feminidad, lo más exquisito que jamás había percibido.

No pude más, la monté sobre mí y le puse el pene erecto en la entrada de su incólume vagina. Noté su sorpresa, al sentir mi pene en su sexo, húmedo.

Calma Tichi, ¿quieres sentir mi palo en tu agujerito? Así sentirás más rico.

¿Me dolerá, papito? Dijo con una inusitada ternura infantil, que hasta hoy se ha quedado como una huella en mi mente.

Si mi amor, te va a doler pero solo por un momentito, pero si quieres no te la meto, reina. Le dije sin ocultar lo que sentiría una vez que le metiera la polla.

Si métemela papi, si tu dices que me va a pasar lo quiero. Me señaló con una notable excitación, que le hacía ponerse rosadita su carita hermosa.

Aquí voy, Tichi. Le metí la punta de mi verga en su húmeda vagina.

Ahaaaaaayyyyyyyyyyyyyyy, nooooooo, noooooooo, ahaaayyyyyy, siento muy feo, me duele, sácamela papito por favorrrrrrrrrr.

Noté que los tejidos de su vagina, intactos, enrojecían al estirarse con el paso de la cabeza del pene que la penetraba. Asimismo, vi que un hilillo de sangre manchaba el sillón y nuestros cuerpos. Sentí, también, un dolorcito en mi polla que nunca había intentado penetrar en una cavidad tan estrecha.

No se la saqué, solo esperé un poco a que se recuperara de su dolor.

¿Ya te pasó el dolor Tichi? Le pregunté.

No papi, pero ya no me duele tanto, ¿me la tienes adentro? Preguntó serenamente.

Si reinita mía, ahora te la voy a meter un poquito más, tranquila.

Le empujé la polla un poco más y, al momento, de nuevo empezó a gritar.

Ahyyyyyyyy, papá noooooo, sácamela me duele mucho papasito, mucho, siento que me voy a morirr, ahayyyyyyyyyyy.

Calma mi amor, ya te la saco.

Espera, puedo aguantar, un poquito más, mejor sigue papasito, ¿falta mucho para que sienta rico?, preguntó con una hermosa ingenuidad.

Ya pronto mi amor, te lo prometo. Y se la metí un poco más.

Poco a poco fui penetrando, abriendo sus tejidos. Mi polla me ardía y se mezclaba los fluidos del sexo con su sangre virginal. Por fin le metí toda la verga, Sentía que ya había sufrido mucho, sin embargo, poco a poco empecé a percibir que ella misma se movía de arriba abajo. Ya lo está gozando, pensé.

Papi, siento que algo me explotó por dentro y me estoy haciendo pipí. Pero un poco rico. Ante ese comentario, yo pensé que había sentido el momento que se rompió su himen y el sangrado natural al dejar de ser virgen.

Si Tichi es natural que sientas así. Trata de moverte de arriba abajo, mi´jita. Sin responder, sentí que se movía, dejando atrás el dolor al surgir dentro de ella la sensación del placer tan ansiado.

Mi verga dentro de mi hija crecía todavía más. Nunca había sentido una vagina tan apretada. Cada milímetro de mi polla estaba siendo oprimida deliciosamente, por lo que no tardé en sentir la llegada de un orgasmo. Tichi cabalgaba encima de mi de una manera bellísima, su imagen parecía sacada de un relato de un cuento erótico oriental. Divina. Vi que su cuerpo temblaba sin control y sus gritos me indicaron que estaba por llegar su primer orgasmo.

Ahayyyyyyyyyy, queeee rrriiiiicooo, papasito, sieeeento que me desmayooo, de lo ricooooo. Ahugmmmmmmmmmmmmmmmmmmmm, ahammmmmmmmm, Se escucharon expresiones de infinita pasión con su orgasmo.

En ese momento mi verga creció, se inflamó la cabeza y, como un volcán, empecé a eyacular. Inundé la estrecha vagina de Tichi. Sorprendentemente, nuestros orgasmos se mezclaron y sentí que sus gritos de placer, incrementaban mi propio goce. Pensé que jamás había sentido, durante tan largo tiempo, la sensación de un orgasmo.

Papi, nunca pensé que se sintiera tan rico, me gusta mucho papasito. No me la saques, quiero ver si se puede hacer dura otra vez, para seguir sintiendo rico. Me dijo con pasión y alegría por haber descubierto un mundo nuevo para ella.

Normalmente después de una eyaculación tengo que dejar pasar algún tiempo, para volver a reaccionar. Sorprendido de mi mismo, sentí que mi polla volvía a crecer, con la imagen de mi hija desnuda montada sobre mi. Sus nalgas, turgentes, delicadas y hermosas, se posaban sobre mi vientre haciendo un vaivén con su cuerpo. Volví a moverme dentro de ella, nuestros cuerpos reaccionaron como nunca.

Así papasito, así. Siento riquísimo, quiero más, mucho más. Dijo, con una admirable vitalidad.

Si Tichi, te voy a seguir haciendo muy rico. Dije excitado.

Sentí su orgasmo de nuevo cuando gritó con tal fuerza, que temí que los vecinos pudiesen pensar que estaba siendo maltratada. Ahyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyyy, Ahggggggggggggggg, Ahugmmmmmmmmmmm, mmmmmmmmmmmmmmmmaaaaaaaasssssss, MMMMMMM

Eyaculé otra vez. Chorros de semen inundaron la vagina de mi bellísima hija. Sentí un descomunal placer, de verdad inusitado, intenso. Casi perdí el sentido cuando estaba en pleno orgasmo, no podía controlar el temblor de todo mi cuerpo. Tichi me abrazaba y pegaba sus firmes tetitas en mi pecho. Yo desesperadamente la atraía hacia mi, besando esos labios turgentes y virginales, que me parecieron lo más sublime que jamás había experimentado. Su lengua sabía a miel, su saliva se mezclaba con la mia, su sabor era tan delicioso que trataba con mi propia lengua de recorrer cada parte del interior de su boca. La estaba besando como poseido, no podía controlar la infinita pasión que me envolvía al sentir su intimidad y la abrazaba, la apretaba contra mi, le tocaba sus pechos, le acariciaba la nuca, sus cabellos. Definitivamente, mi hija me había llevado a un mundo de placer sexual que, a mis años, nunca había experimentado.

Poco a poco, volvimos a la calma. Seguíamos desnudos, abrazados. Cuando, súbitamente volví a la realidad. Pensé en limpiar las manchas de sangre y los otros restos producto de nuestra experiencia sexual. Le pedí que subiera a darse un baño y lavarse muy bien su conchita. Ella, con agilidad, subió las escaleras mostrando con naturalidad su bellísimo cuerpo desnudo. Yo quedé extasiado con la imagen. Era la jovencita más hermosa del mundo, pensé.

Al terminar subí a su cuarto, deseaba hablar con ella, sin embargo la encontré recostada, plácidamente dormida en el sofá de su habitación. Cuidadosamente, la tomé en mis brazos y la llevé a su cama. Cuando la recosté, me pareció que estaba ante mi una imagen perfecta, sublime y angelical, lo más hermoso que jamás había visto. Entre sábanas rosadas y almohadas mullidas, se podía de ver cada parte de ese cuerpo perfecto, unos exquisitos pies, sus piernas increíblemente bellas, una cintura hermosa, unas nalgas divinamente llenitas, sus pechos, no tengo palabras para describir su belleza, y su cara hermosa que era cubierta, en parte, por sus cabellos rubios, sedosos y brillantes. Salí despacio de la habitación.

Gracias papi, por enseñarme a sentir rico. Me dijo, con su vocecita adormilada.

Mi amor, te quería decir, que ... tu sabes ... mamá ... No sabía como decirle, que temía que Beatriz se diera cuenta de tal suceso, seguramente me pediría el divorcio, sin más.

No te preocupes papi, no le diré nada a mi mami. Ya se que se enojaría mucho, ¿quieres que sea nuestro secreto? Dijo, con una madurez que me confundió.

Si mi reina, nuestro secreto. Duerme un rato amor. Y salí de la habitación.

El lunes siguiente llegó Beatriz muy temprano. Me preguntó como había estado todo. Le respondí que no había habido novedades. En eso, bajó Tichi de su habitación. Iba a su escuela.

Sonriente saludó a su madre. A mí, me abrazó y me besó en la mejilla, diciéndome: Eres el mejor papá del mundo. Te quiero mucho, Ciao.

La vi salir rumbo al Colegio, con su uniforme de faldita de cuadros, corto, muy corto. Sus medias blancas le llegaban hasta sus muslos hermosos, dejando ver gran parte de sus perfectas nalgas cuando caminaba y su amplia falda subía y bajaba al compás de su femenino movimiento.

Noté su sonrisa de satisfacción, cuando los chicos a su alrededor, incluso los hombres mayores, volteaban para verla caminar.

 

 

Agradezco sus comentarios a esta experiencia. Fue hace cinco años. Mi hija ahora tiene 18 años y se ha convertido en una mujer hermosísima que ama a su padre. jjosemolina@msn.com

© Juan José Molina


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