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Fecha: 22-Abr-13 « Anterior | Siguiente » en Amor filial

Entre hermanos es mejor

Traviesa
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Valoración media:
Tiempo estimado de lectura: [ 12 min. ]
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Ángel era un muchacho que deseaba a sus hermanas, y se dio maneras para hacerlo, y disfrutar de un maravilloso y placentero amor filial. Version para imprimirEnviar este relato a un amigo/a
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Entre hermanos es mejor

 Contado por mi amigo Ángel, a mí, relatado con fidelidad a los hechos contados por él:

 Recuerdo siempre haber mirado los cuerpos de mis hermanas Fiorella y Karla, y más aún haberme masturbado muchas veces en su nombre. Siempre que dormían trataba de subirles sus falditas para acariciar sus nalgas; cuando jugábamos me pegaba tanto a ellas que podían sentir mi verga parada sobando sus cuerpos. Ellas sólo reían y seguían jugando, mirando siempre mi entrepierna como se dibujaba mi verga sobre mis pantalones cortos.

Un día, unos tíos tuvieron un apuro en salir de viaje, me encargaron a mí el cuidado de la casa, distante de la mía en unos mil metros. En una de esas tardes que salía a ver la casa de mis tíos, salí con una prima, que me acompañó hasta la puerta de la casa y siguió derecho hacia la suya, quedándome sólo en casa de mis tíos. Minutos después, llegó mi hermana menor Fiorella, buscando a mi prima, pensando que estaba conmigo en la casa; le dije que si estaba pero que en ese momento había salido a hacer unas compras para la casa. Hice que mi hermana entrara en la casa para esperar a nuestra prima que sabía nunca vendría.

Para hacer entretenido el momento, decidí jugarnos de manitos con mi hermana, darnos abracitos cariñosos, pegándome a ella para hacerla sentir mi verga que estaba bien dura y sedienta de sexo. Ella desviaba con descaro, porque estábamos solos, hacia el bulto que formaba mis pantalones con mi verga. En uno de esos momentos que me dio la espalda, metí mi mano debajo de su falda y acaricié sus nalgas por encima de su calzoncito, alabando su buen trasero; ella sonreía solamente, después tomé una de sus manos y la puse sobre mis pantalones a la altura de mi verga. Luego metí mi mano dentro de su calzón y con la otra mano pude desabrocharme el botón de mis pantalones y lo demás para sacar mi verga hacia fuera, tomando después la mano de mi hermana para que me acaricie la verga. Así con mi verga al aire, la abracé por detrás y me sobaba en sus ropas a la altura de sus nalgas como si la estuviera penetrando, diciéndole al oído que realmente se lo quería hacer. Ella puso peros porque nuestra prima estaba por regresar a lo que yo dije que había sido una pequeña mentira porque nuestra prima no regresaría, que lo que quería era estar solo con ella.

Al estar solos y juntos, decidí bajar su calzoncito metiendo mis manos dentro de su falda. Ella terminó de quitarse todo su calzón y yo me quedé completamente desnudo. Le levanté su falda y con la punta de mi verga recorrí su raja y también su coño, ella con una mano acariciaba la parte media de mi verga. Estábamos tan concentrados masturbándonos a la vez que no pude soportar tanto deseo por ese placer que mi verga acaricie las nalgas y coño de mi hermana que terminé llenando de leche sus nalgas por la excitación. La sorpresa de mi hermana se convirtió en una gran sonrisa y terminé con dos de mis dedos frotando su clítoris y los labios de su coño para que alcance su placer junto conmigo. Esa tarde, fue el inicio de muchas tardes maravillosas. Decidimos que me visitaría ahí en casa de mis tíos, mientras siga yendo a cuidarla, tomando todas las precauciones del caso, en sumo secreto.

Nos excitábamos siempre acariciándonos, ella mi verga y yo su coño, sus nalgas y sus pechos, masturbándonos mutuamente; disfrutando de muchos momentos de placer. Nuestros deseos iban en aumento, queriendo explorar todo nuestro cuerpo, queriendo experimentar todas las formas de placer, a solas en ese lugar.

Decidimos quitarnos toda nuestra ropa en la habitación del dormitorio, ya que teníamos la casa a nuestra disposición. Se acostó en la cama con las piernas abiertas y yo debajo de ella, acariciando su coño y lamiéndoselo después. Empecé lamiendo los labios de su coño, de arriba hacia abajo, por los costados, como si quisiera escarbar algo por ahí; seguí en su clítoris, lamiéndolo con la punta de mi lengua, notando como cambiaba su color y tamaño por la excitación. Ella se puso de espaldas a mí, mirando hacia la cama, pude besar y lamer sus nalgas, humedecer mi dedo y pasarlo por toda su raja y con la yema de mis dedos, humedecidas, acariciar su orificio anal.

Me senté en la cama, mi hermana Fiorella, fue hacia mí, tomando mi verga con una mano metiéndosela a la boca, lamiendo la punta, rodeando con sus labios el contorno de la cabeza de mi verga, luego bajando y subiendo su cabeza, metiéndose y sacándose mi verga, mientras su lengua se movía dentro de su boca con la parte de la verga que tenía dentro.

Con mi verga húmeda, ella se puso de costado echada en la cama, con mis manos y mis dedos pulgares estirados hacia su raja, abrí un poco más sus nalgas, tratando de ver más de cerca su orificio anal, acercando mi verga hacia dicho lugar; rodeé luego con mis manos su vientre y parte de sus piernas cerca de su coño y fui empujando un poco hacia adelante tratando de meter mi verga un poco en su delicioso culo. Cuando se la metí un poco, oí un gritito de dolor de ella, después vinieron sus lágrimas y un llanto que no pudo disimilar ni con la almohada pegada a su boca. Mientras la acariciaba sentí un poco de pena por su dolor, decidí hacérselo, con la cabeza de mi verga dentro de su culo y un poco más sin tener siquiera la mitad de mi verga en su culo. Acariciándola siempre, me moví lentamente hasta que sentí que mi leche inundaba su culo. Luego de terminar saqué mi verga de su culo y ella se quedó quieta durante muy pocos minutos y después fue hacia el baño, donde un papel suave manchado de sangre delataba que su orificio anal había sido invadido por mi verga, sonriendo los dos juntos, por tal travesura.

Durante dos días, nuestros contactos se redujeron a suaves caricias, mucho más cómplices que antes. Al tercer día, tuve que insistir que extrañaba su cuerpo desnudo para acariciarlo, y decidimos reanudar nuestros momentos íntimos en la casa de nuestros tíos. Ya en la casa nos desnudamos por completo, nos acariciamos, nos besamos tímidamente, se puso de rodillas ante mí y metió mi verga en su boca y la empezó a chupar deliciosamente, yo acariciaba sus cabellos y parte de sus pechos. Luego se levantó y mientras se subía en la cama acariciaba sus nalgas, para echarse totalmente boca abajo, como se lo había pedido. Con mi verga recorrí toda su raja y, me detuve al sentir el orificio anal tratando de meter un poco mi verga. Me fui un poco hacia adelante sin sacar la verga de su lugar, pegando mi pecho a su espalda, abriendo un poco mis piernas para que las suyas queden entre las mías y darme impuso a la hora de penetrarla. Metí mis manos por sus pechos y me sujeté de sus hombros, metiendo lentamente mi verga en su culo. Primero entró la cabecita de mi verga y un segundo después tenía toda mi verga dentro de su culo, oyendo sus gemidos mezclados entre el placer y el dolor. Estuve moviéndome sin parar con mi verga dentro de su culo, ella a veces doblaba su cuello y yo me acercaba a ella para sentir sus labios junto a los míos, como dos grandes amantes. En pocos minutos sentí que me corría dentro de su culo y pegué mi pecho a su espalda, quedando todo mi cuerpo sobre el de ella, mientras de mi verga salía leche dentro de su culo. Luego de sentir que toda mi leche había inundado su culo, sentí como mi verga iba reduciendo su tamaño. Después de unos minutos, mi hermana me movió a un costado para levantarse porque ya no le gustaba como tenía mi verga, pequeña y fláccida.

Durante muchos días, probé las delicias de su culo. No quería entregarme su coño porque decía que era para su futuro esposo y padre de sus hijos, tuve que aceptar esa decisión por un tiempo hasta que nos acostumbremos a tener sexo seguido, donde nos fuimos enamorando de a poco.

Cuando nuestro amor y deseo se unieron en uno solo no tuvo reparo en hacerlo conmigo entregándome su deseado coño. Ese día nos echamos en la cama e hicimos un delicioso 69, conociendo más de cerca su coño y ella mi verga que tantas veces había sentido entre sus nalgas. Luego de un rato se echó boca arriba, abriendo sus piernas, tomando mi verga con una mano y llevándola hacia la entrada de su coño. Puse una de mis manos en la cama cerca de su cabeza para apoyarme y con la otra tomé mi verga tratando de meterla de a poco y muy despacio. Me eché sobre ella, la abracé, y metí toda mi verga en su coño, observando cómo su rostro se contraía por el dolor; me abrazó muy fuerte, quiso incrustar sus dedos entre mi piel, sus cortas uñas de sus dedos, se clavaron en mí, produciéndome algo de dolor y, luego de este violento comenzar, el placer se fue apoderando de nosotros y terminamos amándonos locamente. Todas las promesas de amor y deseo eran sólo conmigo, disfrutando plena y totalmente de nuestros cuerpos, sin importar nada.

Los días que cuidaba la casa de mis tíos terminaron pero los momentos de placer y sexo con mi hermana continuaron, debíamos buscar momentos a solas, que no era muy frecuente, además de mis padres estaba mi otra hermana Karla, que no sabía nada entre Fiorella y yo. Las horas de placer en casa de mis tíos se redujeron a minutos en nuestra casa.

A veces cuando nuestros padres salían a alguna reunión, teníamos que esperar que nuestra hermana Karla se durmiera para que Fiorella venga a mi cama y disfrutar de las delicias del sexo. Algunas veces notaba que Fiorella no estaba en la cama durmiendo y ella pretextaba que estaba en el baño de la casa.

Decidimos que para pasarla mejor, debíamos contar con nuestra hermana Karla, hacerla cómplice de nuestros encuentros; nos trazamos un plan y tentarla de a poquito a mucho.

Cuando estábamos solos los tres, me vestía con unos pantaloncillos muy ceñidos al cuerpo, que se me marcaba bien la verga y si estaba dura, se notaba un gran bulto.

Con mi hermana Fiorella, habíamos ensayado algunos comentarios sobre ello:

Fiorella: “Karla, mira como la tiene Ángel, se nota que tiene una buena verga, hasta provoca…”

Sólo provocaba sonrisas y movidas de cabeza de Karla, con sus miradas disimuladas a mi verga.

Otras veces:

Fiorella: “oye que tal si pasamos por su lado y me empujas para que mis nalgas se peguen a su verga y sentir si la tiene dura”.

Y algunas otras veces más, cuando decía en voz alta que iba a darme un baño y cambiarme de ropas, mi hermana decía:

Fiorella: “hay que mirarlo cuando se cambia de ropa y vemos su verga”.

Sin duda que ambas lo hacían y veían que salía para el baño sólo con una toalla que cubría desde mi cintura has parte de mis muslos y se notaba poco mi verga sobre la toalla.

Karla estaba cediendo a las tentaciones del placer y decidimos ir más lejos, decidiendo que fuera Fiorella quien me provoque y Karla vería que sucede sin darme cuenta de nada.

Fiorella entra a mi habitación, vistiendo una minifalda y un tanguita debajo, me da la espalda y se inclina para buscar algo en la mesita de mi cuarto, yo le miro las nalgas y descaradamente me inclino para mirarle todo el culo porque sabía que mi otra hermana estaba mirando. Me senté al filo de la cama, en el final de la cama, Fiore estaba delante de mí, en ese momento retrocede y se deja caer casualmente sobre mí, quedando su raja de entre sus nalgas sobre mi verga que se estaba poniendo dura, estuvo unos segundos que parecieron muchos y se levantó. Me levanté luego detrás de ella, me acerqué pegué mi verga a su culo, la abracé desde atrás, rodeándola con mis brazos a la altura de su vientre, y la volví a sentar sobre mi verga, una sonrisa entre los dos aceptaba nuestro juego sexual. Ella se abrió de piernas, con una de mis manos levanté su faldita y con la otra le acaricié los muslos y subí hasta su coño por encima de su calzón, las sonrisas fueron más sonoras para que nuestra hermanita Karla no sólo pueda vernos sino escucharnos.

Después de estas breves caricias, nos pusimos de pie, uno junto al otro, metí mi mano bajo su faldita y acaricié sus nalgas, ella acarició mi verga por encima de mis pantaloncillos, como si la estuviera reconociendo en su tamaño y grosor.

Estábamos cerca de la puerta pero con la mirada en el cuerpo de mi hermana, me saqué la verga, cogí la mano de Fiore y la llevé hasta mi verga, ella me la empezó a frotar de arriba hacia abajo. Con mis manos le quité su minifalda y acaricié sus nalgas su coño, bajé su tanguita hasta sus muslos, froté su coño con mis dedos y su culo con la palma de mi mano. Ella se arrodilló, así como estaba, tomó mi verga con una mano, se la llevó a la boca, su lengua jugaba con mi verga dentro de su boca y sus labios rodeaban mi verga moviéndolos de arriba hacia abajo con suaves movimientos de cabeza. Después de este momento, nos quitamos toda la ropa y quedamos desnudos, ella se puso de espaldas a mí y con las manos en la pared, se inclinó un poco hacia mí, levantando su culo. Yo detrás de ella, me incliné un poco para colocar mi verga en la entrada de su coño y empecé a empujar fuerte, haciendo ruidos raros con mis piernas al chocar con sus nalgas en mis embestidas. Disfrutábamos mucho del momento, sobre todo el saber que nos estaban mirando, casi al punto de correrme, me salí, ella se volteó y se puso de rodillas, le dio unas lamiditas y luego me vacié en su cuerpo, lo que no cayó en sus labios fue a sus pechos. Fue un muy educativo sexo para mi hermana Karla.

Al salir mi hermana Fiorella de mi cuarto, ya vestida, encontró a Karla, con los ojos vidriosos por la excitación, con respiración rápida y nerviosa al hablar. Fiore, le pidió que la acompañe a bañarse y se fueron juntas. Allí le contaría sobre las delicias del sexo, el placer sentido y experimentado, entre mi hermana y yo.

Me quedé en mi cuarto, me eché en la cama, desnudo, con una toalla que me cubría mi verga y parte de mis piernas. Mi hermana se tardó en el baño demasiados minutos, tiempo en que confirmó que yo dormía.  Haciéndome el dormido, pude sentir la presencia de las dos, confirmándolo al hablar despacio en la habitación. Se acercaron a mí, quitaron la toalla de mis piernas, acariciaron mi verga, que nuevamente recobraba su vigor, sentí que dieron suaves lamidas a mi verga y después salieron de mi habitación.

En otros días, lo hicimos en el cuarto de mis hermanas, cuando Karla fingía estar dormida y a un lado cogíamos como locos Fiore y yo. Estábamos Fiore y yo desnudos en la cama de Fiore y a dos metros de distancia mi hermana Karla dormía plácidamente, recuerdo que Fiore estaba en la cama, con las piernas levantadas entreabiertas, de modo que cada una de sus piernas podía descansar sobre mis hombros, me sostenía con mis dos manos sobre la cama, empujando fuerte mi verga dentro de su coño, gimiendo y gozando sin control. Pudimos notar que Karla abrió los ojos y se sentó en la cama y con una sonrisa dibujada en el rostro veía como sus hermanos cogían frenéticamente y sin control, veía como mi verga entraba y salía del coño de nuestra Fiore. Pasaron unos minutos y se la saqué y eché mi leche sobre los pechos de Fiore, Karla pudo admirar más de cerca el tamaño de mi verga. Ese día decidimos que dormiríamos los tres juntos en la cama de Fiore y desnudos para acostumbrarnos a nuestros cuerpos y aceptó, conmigo al centro de la cama.

Casi una hora después de estar descansando, acariciando los cuerpos desnudos de mis hermanas, mi verga estaba en pie otra vez, pero esta vez decidí que Karla tenía que ser mía, probar su virginal coño. La volteé, nos pusimos de costado, mirándonos a la cara, nos besamos, nos acariciamos, froté su coño con mis manos, lamí y mordí sus pechos, ella tocaba mi verga, mi pecho. En este sinfín de caricias, se puso boca arriba, con mis manos entreabrí sus piernas, apunté con mi verga en la entrada de su coño ayudándome con una mano, me acosté sobre ella. Cuando estábamos muy juntos fui metiéndole mi verga poco a poco, observando el rictus de dolor de ella, haciéndome detener por segundos, ella, con sus manos en mis nalgas, quería que no me detuviera jalándome hacia ella; esto me motivó y en un segundo metí toda mi verga dentro de su estrecho coño, aumentando los grititos de dolor de Karla que despertaron a Fiore.

Una satisfacción se dibujó en la cara de Fiore, mientras Karla y yo disfrutábamos del placer del sexo, moviéndome despacio sobre el cuerpo de ella, sujetando mis manos a sus hombros y darme impulso en mis embestidas, provocando placer y dolor en ella. Luego de este delicioso momento, decidimos bañarnos los tres juntos, Karla al medio de nosotros abierta de piernas, Fiore arrodillada humedeciendo su irritado coño y yo besando los pechos de Karla. Desde ese momento, dejaron de haber secretos entre nosotros, hemos hecho tríos, hemos ido de paseo juntos, somos más cómplices que antes. Cuando estamos en otra ciudad, mi hermana Fiore es mi novia y Karla mi ardiente cuñada, otras veces intercambiamos roles pero seguimos gozando más que antes.


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