Durante nuestra estancia en Nueva York, mi marido, y sobre todo yo, disfrutamos de sus encantos y su internacionalidad y de dos chicos latinos que me hicieron disfrutar de lo lindo.
El destino había hecho que se unieran el hambre (mi deseo incontrolable de serle infiel) a las ganas de comer (el deseo de mi novio de ser un cornudo consentido).
Mientras levantaba mi mirada, le sonreí diciendo: - ¡Vamos a ver el material que tenemos aquí!, bajé su cremallera y él mismo se la sacó, y entonces..... - ¡Oh Dios mío!, exclamé. Mi asombro lo intenté ocultar tapándome la boca. - ¡Madre del amor her...
Supongo que mi esposo no sabía que ya de novios era un cornudo, aunque a veces pienso que sí, y que no obstante aceptó casarse conmigo porque necesita una mujer florero a su lado como yo.