Ya no era el mismo, ni mucho menos, cuando hice el recorrido de regreso a casa. Así pudo haberse sentido Adán al consumir los primeros bocados de la manzana. Otro mundo se abría ante mí.
En ese entonces no había internet ni nada que hablara tan claramente como ahora, pero el viejo sadomasoquismo, las torturas, los correazos sobre la piel desnuda, el someter a alguien…; eso siempre cautivó mi mente desde la niñez.
Sucedió hace mucho, mucho tiempo, quizás no recuerde cuando, tampoco diré donde. Algunos de ustedes ya lo deducirán y no dudo que harán algún comentario.
“Olvídalo, todavía es muy pequeño para ti”, reflexionó mi conciencia.
Me provocó levantarme e ir a tomarlo por las nalgas, bajarle suavemente ese mono azul oscuro y darle, allí mismo, en la cocina, una buena empalada.
“Epa, cuidado, ese carajito ...
El novio de mi hermana resultó ser un tipazo de fuertes brazos, amplio pecho y un robusto culo bien sensacional. Mostraba un paquete provocador sobre la bragueta del pantalón. El tipo era deportista y sin duda tenía pinta de ser fogoso. Sus ojos cast...