Devoré el glande rojo y enorme como una ciruela, mientras mis manos acariciaban y aferraban el resbaloso tronco ensalivado de mi amante. Nos pusimos en una posición de 69 y desabrochando mi modelador por la base, comenzó a chupar mi ano con destreza.
Todavía me acordaba de nuestros calientes encuentros y del primero especialmente, después de conocernos en la calle y pedirme que lo recibiera vestido de puta para él.
...nos fuimos desvistiendo en el dormitorio. Quedé solo con una tanguita negra, muy de puta, y los dejé rumbo al baño a asearme. Cuando regresé, Carlos y Daniel me esperaban desnudos, sobre la cama acriciándose cada uno sus miembros.
Las 11 de la noche, una hermosa noche para caminar. Salí a la calle decidida a pasear, solo a eso. Había tenido una tarde agotadora, había recibido a 5 tipos y si bien mi cartera tenía unos pesos, más mi culito pedía un descansito.
Estaba divina, quería dejar en él el grato recuerdo de esta puta rendida a sus dotes varoniles y yo misma quería aprovechar, tal vez la última sesión de sexo con este semental increíble.
La voz que me susurró al oído, sonaba como música para mí. – Me encanta es culito...- Su mano se deslizó sobre mis nalgas y si por mí fuera me hubiera bajado los pantalones y la tanguita ahí mismo.
Ya hacía unos meses que nuestras sesiones de sexo eran cada vez más asiduas. Desde aquel día en que me encontró vestida de mujer y tuvimos nuestra primera relación, los encuentros se fueron repitiendo 2 ó 3 veces por semana.
Una de mis primeras sesiones de sexo, fue con dos chicos que conocí en la calle. Tenía 17 años y mis deseos de estar bien cojido eran permanentes, solía masturbarme varias veces al día, recurriendo a distintos elementos para autopenetrarme, desde cep...
La pijas grandes siempre fueron mis predilectas y esta vez no me iba a achicar. Sergio, un viejo amigovio mío, que supo darme terribles cojidas, me conectó con un amigo suyo que gustaba de transformistas, pero que tenía una dotación, es decir un chot...
Hacía un rato ya que había terminado de vestirme y maquillarme, el espejo me devolvía la imagen de una putita y eso me hacía feliz. Mientras pensaba en eso, el timbre sonó, anunciando la llegada de Marcelo. Lo recibí con un besito en la boca, él me t...
Era una tarde propicia, el cine XXX, desbordaba miradas calientes que demostraban sed de sexo. Me senté en la última fila y posé mi brazo derecho sobre el respaldo de la butaca vecina y vacía. Me quedé impactado con la imagen de una pija enorme, pene...
Yo tenía 18 años y vivía con ganas de ser cojido permanentemente, y Claudio, con 2 años más que yo, poseedor de una pija de tamaño considerable y con mucha vitalidad, me satisfacía plenamente.