No creo en las valoraciones. No creo en grupos ni en círculos ni mierdas de esas. No creo que tenga demasiada tolerancia con los tocapelotas, así que no juguéis con fuego.
Si tenéis algo que decirme, tenéis los comentarios y mi e-mail.
Paso de valoraciones.
¡Stop criminalización, censura!
¡Stop criminalización, basura!
¡Stop criminalización, censura!
¿Dónde está la libertad de expresión?
El atlético moreno lamió las gotas de semen que habían llegado hasta su barbilla y susurró algo al oído de Luis que Niña Lucía no pudo escuchar a pesar de tener el volumen de los televisores al máximo.
Mira, Nacho, el favor que me va a devolver Ángela es el orgasmo al que le hice llegar ayer. Y el favor que yo le pido es que me deje follar contigo.- dijo Niña Lucía.
“A ver, como iba diciendo, me acababa de acordar de que había quedado con un cómico de la tele, que no podía escapar y que no llevaba braguitas… Bien ¿No?”
Niña Lucía se estremeció en aquel beso. ¿Qué estaba haciendo? Desnudarse ante nueve mujeres que se la iban a follar. Nueve. Sólo Dios, de existir, sabría qué iban a hacer con ella.
“¿Si conseguimos que esta tarde tengas cinco orgasmos te quedas con nosotras?”- Preguntó Natalia mientras la lengua de Pedro se hundía en las intimidades de Niña Lucía.
De rodillas en el suelo, las manos atadas a la espalda, la cabeza gacha, un collar en el cuello, y desnudo y erecto, Joan la esperaba. Él era su regalo de cumpleaños.
Perdió la cuenta de sus orgasmos entre la intensa nube de marihuana que parecía flotar en la sala y el almizclado olor a sexo. Sexo puro y duro. Sexo con los cuatro componentes de un grupo de rock que la follaban de mil maneras.
Cariño, estoy diciendo que si quieres volver a ver eso que has visto, te vestirás de mujer y me acompañarás como una mujer más. Tu carita de niño nos vendrá de perlas para hacerte pasar por chica.
Guapo, listo, rico, fuerte… ¿Mejor que Joan? En ese momento, con la vista resbalando por su piel brillante de sudor, y las piernas abiertas esperando la primera invasión, Niña Lucía lo tuvo claro. Mucho mejor que Joan.
El suspiro se le escapó a Niña Lucía sin poder y casi ni querer evitarlo. Igual que Misbeth, la princesa de su historia, ella había ido acelerando sus movimientos sobre Joan...
La chica comenzó a gemir. Su respiración estaba incontrolada. No era sólo el placer. Era algo más. Algo que podía superarlo. Morbo. El morbo de lo prohibido. Sexo anal, acto contra natura, propio de putas, y no de señoritas...
La puerta de la calle... estaba abierta.
Niña Lucía se quedó petrificada. Allí estaba ella, vestida única y exclusivamente con una camiseta que moría poco antes del final de sus nalgas. Tragó saliva. ¿Cómo podía estar la puerta abierta? La respiraci...
Soñó con otras cosas. Soñó que no se estaba masturbando con un tigre. Soñó que era ella quien estaba siendo grabada y que era Joan quien se la follaba. Soñó que Joan era su padre y que ella era su madre y en su sueño tenía los grandes pechos que siem...
Me mojé enseguida. Mi tío supuso que era tiempo, y me abrió de piernas. Y bien, estaría todo lo mojada que quieras, pero a los 18 años una no tiene el coño para ir recibiendo trancas creciditas, y la de mi tío Rodrigo estaba bien crecidita.
¿Cómo era posible que permaneciera tan aparentemente inocente después de lo que decía y hacía? Niña Lucía, y él tuvo constancia entonces, era especial.
Tenía quince años en el cuerpo, doce en los pechos, y dieciocho en el coño. Sus padres la llamaron Lucía, pero para quien en verdad tuvo la suerte de conocerla, jamás fue Lucía. Lucías hay muchas, y ella era única. Ella era Niña Lucía.