Amalia tiene ya a Areana y a su madre completamente reducidas a la condición de perras sumisas y avanza en sus planes de emputecerlas con la complicidad de la perversa Elena...
Eva se asume definitivamente como una perra sumisa propiedad de Amalia mientras su hija Areana es prestada a la librera Marta en el inicio del proceso de su emputecimiento.
El desenlace se precipita. Luciana, descerebrada, sigue recibiendo clientes mientras Emilia se apresta a arrojar a Graciela a la vida que ha pensado para ella.
Era la última sesión de hipnosis y previamente Emilia y la doctora Mónica conversaban en el saloncito. El proceso de despersonalización de Luciana había dado los resultados que se esperaban y la chica estaba lista para ser echada a los leones.
La doctora Mónica S comienza el tratamiento de despersonalización de Luciana para anularle su ser mujer y reducirla a la mera condición de ejemplar hembra de la especie humana.
Lara es entregada por sus Amas a don Ramón para que éste la desvirgue y la niña rompe así el último eslabón que la vinculaba con su pasado de chica común y corriente, para asumir plenamente su esclavitud.
Lo primero que Lara sintió al despertarse a la mañana siguiente fue un intenso ardor en las nalgas y entonces recordó la paliza que Juani le había dado. Ella debió contar cada cintarazo y después decir: “Por haber actuado por cuenta propia.”
Lara era un manojo de nervios y terror, mientras don Ramón giraba en torno de ella mirando y admirando su belleza adolescente y Eva y Juani se regodeaban paladeando ya lo que estaba por ocurrir.
Se avecina el final de esta historia, con Elena degradada en extremo. Mientras tanto El Club recibe nueva carne aportada por su integrante más joven, la perversa Fernanda, de sólo 18 años.
Julia y Wanda someten a Elena a una cruel tortura sicológica haciendo que la pobre se ilusione ingenuamente con la posibilidad de una fuga, para terminar, en cambio, en las oficinas del Sumo Regente, donde es usada salvajemente por el perverso ancian...