Me abrazó besándome largamente y para cuando me soltó estaba en el aire, levitando suavemente, ni siquiera había sentido en que momento nos habíamos elevado.
Eramos 5 los marcados por la maldita necesidad. Llevábamos varios días luchando en su contra, evitando ser vencidos por lo inevitable: El deseo, aquel cruel y delicioso deseo.