eran hermosos, un par de enormes pechos blancos y redondos con unos pezones rozaditos, de inmediato comencé a besarlos, a jugar con ellos, a lamerlos y mordisquearlos, a tocarlos, me bajo la pantaloneta.
Pedimos otra jarra de cervezas, nos besamos mientras yo acaricio su entrepierna por debajo de la mesa, ella hace lo propio me devuelve las atenciones, decidimos pasar a algo mas arriesgado