Fara era un excelente complemento para la personalidad de Carolina, un ser necesario entre ella y el mundo. Por ello, Fara se convirtió inmediatamente en el canal de comunicación entre Carolina y yo.
Estaba bajo la marquesina del Cine Emperador la tarde que lo vio pasar tras los cristales mojados por la lluvia. Después ocurrió todo muy deprisa. Una presentación casual, unas miradas y M se dio cuenta de que la tenía.