Dayana tomo las sábanas con cierto desdén, se cubrió y se volteó dando las espaldas a Carlos disponiéndose a dormir, dejando a su esposo con todas las ganas del mundo y fantaseando sobre una supuesta sacudida en el motel del norte.
La hermosa Nati sabía lo que le iba a pasar. Sabía lo que Salim le iba a hacer, pero aún así no peleaba, no pataleaba, sentía un poco de miedo, pero a la vez, su excitante curiosidad la arrastraba lenta e irremediablemente hacia el abismo de los plac...