CAPÍTULO VII: UNA CITA INESPERADA. Mientras nuestras lenguas se entrelazaban, nuestras respiraciones se asemejaban a dos locomotoras enloquecidas y fuera de control.
CAPÍTULO VI: INCERTIDUMBRE. La lengua se fue hundiendo entre las suaves paredes de su vagina, que se abrió para recibir al inesperado visitante. Mi nariz se chocó con carne y líquido, y el aroma que percibí me hizo recordar a los mejores momentos que...
CAPÍTULO III: Pronto para el debut.
Seguí tocando y pasé un dedo por debajo de su prenda íntima; y jugueteando con ella, alcancé a tocar la unión de sus nalgas.
Miré hacia arriba y la vi colgada pudiendo vislumbrar su entrepierna abierta y cubierta parcialmente por la minúscula prenda traslúcida. Se lograba ver que en su interior había una gran cantidad de vellos, algunos de los cuales estaban expuestos a la...
"Preso de una desesperación que me era totalmente desconocida, la culeé por espacio de unos quince o veinte minutos a ritmo frenético, ignorando completamente los aullidos y ladridos de dolor que vociferaba el animal."
- “Qué está sucediendo aquí?” le pregunté en confidencia susurrando directamente al oído del gordo. “Dígame por favor que todo esto es una de mis peores pesadillas.”
PARTE I: EL ABUSO.Cómo sabes que es desagradable si aún no la has probado?” dijo con una risa burlona mientras me hizo sentir el frío del caño de su arma sobre mi cabeza. “Chúpala!”
Había una vez... un hombre muy rico que poseía muchos bienes: una inmensa estancia, una gran cantidad de ganado, varios empleados y un único hijo, su heredero.
ÚLTIMO CAPÍTULO: CRUZANDO LA ORILLA. Volvió a apretar su cuerpo contra el mío, aprisionándome nuevamente contra la puerta del probador y la palma de su mano derecha se apoyó en mi erección.
GENIO DE LA LÁMPARA.Qué iría a pedir si de pronto surgiera el genio de dentro de esa lámpara? Un gordo con turbante aparecería de la nada. Sabría él que a mi me gustan los gordos?
CAPÍTULO I: ACCIDENTE. No podía dar crédito a lo que habían visto mis ojos. El tipo parecía un oso. Y no me refiero a un osito. Quiero decir un oso gigante
“Entonces, quiero que escoltéis a mi esposa hasta una de las torres del castillo y os ocultéis allí. Nada debe pasarle a ella. Debéis defenderla aún a costa de vuestra propia vida si es necesario.”
Un gordito moribundo te suplicó ayuda.
No solo lo ignoraste, sino que su cabeza sintió el peso de tu pie para sortearlo en pos de la salida que aún no lograbas vislumbrar.