En ocasiones el destino nos pasa malas jugadas. O buenas, todo depende de cómo se mire. Esa noche no supe ver la diferencia, hasta que ellas me la explicaron en la práctica, y no me arrepentí de ser su puta.
Desde aquel día pasaron otros siete días. Una semana obsesiva y ansiosa. ¿Qué pasaría al verla? Normalidad absoluta entre nosotros para volver a las andadas, esta vez en la misma oficina
Muchos pensamientos impuros materializados esa tarde, tal vez demasiados. Dos cuerpos cincuentones para un joven veinteañero. Dos altas morenas, casadas y con muchas ganas de dejarme seco.
¿Le puedo ayudar en algo? Con esta amable frase empezaron los mejores veinte minutos de mi vida. “Si no queda satisfecho le devolvemos el dinero”, sonrisas, así terminó. En el medio …
Semanas viéndola. Meses deseándola. Un año añorando el culo que contemplaba cada siete días. Llego el día en el que por un descuido iba a ser mio. Al final el mio fue de ella. Ironias de la vida