La rentabilidad y el riesgo son dos conceptos aplicables a las operaciones financieras. Pero tal vez puedan usarse para otras cosas importantes en la vida.
Un sábado por la mañana, el coche, la carretera, una autoestopista adolescente, un policía en moto... y el maldito carnet por puntos. En fin, cosas que nunca crees que te vayan a pasar, pero que pasan.
Lo bueno en la vida es tener varias posibilidades entre las que elegir. Los problemas se plantean cuando no hay más que una alternativa. Y no digamos cuando aparece una mujer que hace inevitable aplicar dicha alternativa.
Las pasiones de Kacena, nuestra hermosa Princesa guerrera, son fáciles de desatar. En esta ocasión, más aún, ya que Roma actúa en ella como un poderoso estimulante. Fiereza y sensualidad llegan a las puertas de la capital del Imperio.
Desde siempre tuve recelos en lo referente a los siquiatras, ya saben, esa gente que arregla cabezas y salva almas. Y eso que aún no conocía las “terapias” que empleaba aquella doctora.
En la época de las invasiones bárbaras una Princesa germana, mujer hermosa, sensual, fiera y luchadora, está dispuesta a cambiar la historia del Imperio.
Siempre se habla de que hay noches inolvidables. Pero nunca se presta atención, tal vez por infrecuente, al caso contrario: ¿qué pudo haberle pasado a una chica adolescente en una noche de la que apenas conserva recuerdos?
Los años no pasan en balde, eso es común a todo el mundo. Lo que cambia es el modo en el que cada persona se lo toma. Concretamente, Cris no lo lleva muy bien.
Sofía, orgullosa y altiva, ha tenido un mal día en el trabajo. Para colmo de males, su coche se estropea y decide llevarlo a un garaje para una revisión y puesta a punto.
Julia se queda sola en la ciudad en vacaciones de Semana Santa, dispuesta a descansar, leer y ver pelis de romanos. No sabe lo acertado de su predición...