Seguía retorciéndose aún con secuelas de placer tras cada estrujón de coñito y cuando tuve la toalla empapada como el pañal de un bebé se la pasé al taxista para que la oliera, pajeara encima o hiciera lo que le viniera en gana.
Me estremecí entera, sin los juegos de palabras con que había escudado mi deseo, me sentía más indefensa que nunca. Estaban expuestos al sol de la tarde, el sudor chorreando por la frente y perlando el vello de sus pectorales, trazando riachuelos en ...
Mis manos temblaban viendo al garrulo secarse, especialmente cuando alcanzaba la entrepierna y allí se aplicaba con la toalla, tirando de ella de atrás para adelante, repasando bien los testículos y dándose con frenesí para que todo quedará bien seco...
Garrulo: tosco, inconveniente, bruto rural. Estaba tan lubricada que su vara se deslizó hasta el fondo con la suavidad del jabón y no se oyó más ruido que el de mis dientes castañeando de placer. Placer por sentir mi coño sometido, sus paredes tirant...
Acudo a una cita. Me espera el hombre que me degrada y arruinó mi vida en el pasado. A pesar de ello, mi respiración acelera, mis pezones erectan tras la blusa y mi coño segrega flujos hasta empapar mis bragas.
Chese se encuentra comprando en el mercado. Una súbita emergencia le obliga a mostrarse como médico y a derivar al paciente al Hospital. Como siempre, nadie dará pie con bola hasta que el episodio llegue a su fin.
Sentí una complicidad con él que nunca había sentido con Carlos, quizá el secreto y la traición unen más que nada; dos almas gemelas, dos almas ardientes que no querían verse atrapadas en las convenciones formales: nuera y suegro anhelándose de por v...
Escupí de nuevo en esa boquita sinvergüenza y descarada que me desafiaba en su trasero y le hundí dos dedos a la vez. Los abrí como una tijera y mamá sollozó, los retorcí y mamá aulló...
Cualquiera podría follarse a su madre. Ninguna madre denunciaría por violación a su hijo, es carne de su carne, sangre de su sangre, y ¿qué no haría ella por él? Puede que un narcótico ayudara, pero yo no quería eso. Yo quería seducir a mamá. Que me ...
El tul del vestido hacía fru-fru entre mis manos. Imaginé a mamá con él. Con él iría vestida cuando me la follase. Salivaba abundantemente. Cerré los ojos. La erección ascendía desafiante mientras la imaginaba ofrecida ante mí respirando arrebatada p...
Dicen que si se extendiera el tejido de los pulmones al completo cubriría un campo de fútbol; del mismo modo, el rosado coño de mamá daba para media cancha de tenis.
Parodia, exageración, quizás sí..., pero el mensaje es muy serio: No cambiéis por nadie, porque nadie lo vale. Si os ponéis silicona en el culo que sea para sentaros más cómodas, no para que os miren más.
Hay personas especiales. A veces es evidente, lo saben, lo explotan y nos conmueven sólo con su presencia. Otras lo son de manera sutil, tienen el don sin saberlo, son capaces de convertir sus defectos en encantos. Esas son las peores, nos atrapan co...
Ya no éramos tan jóvenes y se acababan las oportunidades igual que las excusas para posponer mi embarazo. Quería preparar la habitación para mi futuro bebé y llamé al carpintero...
Es tan intenso que un escalofrío oscuro le recorre y gime: «Matrioska..., matrioska...», porque así es como él se siente, como si fuera esa muñeca rusa y albergara en su interior a todos esos hombres que le poseyeron, en los baños, en los cines, en h...
Ese doctor era el más reputado especialista en desarreglos sexuales. Yo acudí a él con la esperanza de quitarme de los maduros, ese vicio que no daba tregua a mi cuerpo.
Me gustaba el ambiente de los mercados callejeros. La mayoría de las veces no compraba nada; otras, me comía unos churros con crema; y otras veces -corrijo- la única, me comí los churros y eché un polvo de muerte con un vendedor sinvergüenza.
Mi tía se llamaba Amelia y era monja. Pero no descubrí su verdadera realidad hasta que encontré esa carta tan clarificadora para mí. Ya no era la única oveja negra de la familia.
¿Sois de los que pensáis que Halloween es una puñetera horterada, incompatible con nuestro erótico carnaval? No seáis antiguos; la sensualidad gore es un exquisito manjar. Quizá esa historia pueda daros alguna idea para la fiesta.
Como castigo, mi padre me mandó a un pueblo a recoger fruta. Me aburría mucho trajinándola, pero lo que nunca llegué a imaginar es que yo acabaría siendo el sujeto pasivo del violento trajín, más por mi conducta viciosa, que por ser una pieza interes...
Elena me invita a pasar el fin de semana en casa de su padre. ¿Podré resistirme a un hombre maduro calmando mi calentura con otros métodos, o sucumbiré a sus encantos?
Tenía la esperanza de que un chico de mi edad me desvirgara algún día. Eso era lo convencional y lo que se esperaba de mí, pero todo se torció por culpa de mi calentura viciosa y de ese conductor de autobús maduro...
Hermano Mayor llega a casa de una sumisa cenicienta y de sus dos libidinosas hermanastras. ¿Podrá reconducir la situación o sucumbirá a la depravación de ese hogar? Todo un reto para Roberto Candiles Sobado, el conductor del programa.
No era una exploración agresiva, pero tampoco exenta de riesgos. Soy bastante hipocondríaco y había imaginado todo tipo de efectos secundarios, pero ninguno como ese...
Esta historia es un homenaje a todos los amores imposibles, incomprendidos. Pasiones tabú que superan las barreras que la sociedad impone. Este relato pretendía ser una parodia de "El amante de Lady Chatterley", pero está claro que se torció desde el...
Si el saber no ocupa lugar; el placer, menos. De ocuparlo, uno se afloja en la pila del baño, le da al chorro del agua y se acabó el problema. A vuestra salud.
Olegario se convirtió en Cocó y el mundo -indiferente a nuestro ir y venir- siguió dando vueltas como siempre. Pero yo quería saber más de ella y de su extravagante vida:
¿Tienes hijos, estás en paro, los vecinos no te saludan porque no pagas las cuotas de la comunidad y vas a perder la casa de un momento a otro? El gobierno por fin responde con eficacia a tus problemas.
No sabía que tuviese una tía abuela en París, pero me enteré cuando murió. No entendí los prejuicios de mi familia y porque me habían negado su existencia: Lo bautizaron con el nombre de Olegario, pero en París se hacía llamar Cocó.