Yo temblaba al estar a merced de mi objeto del deseo, sentada sobre mí, dominándome por completo. Su larga cabellera casi me cubría el rostro totalmente, como una deliciosa prisión con olor a lavanda. Si me iba a amar o a matar, ya nada me importaba.
Nos les veía desde hace años; parecía que la tierra se las hubiese tragado. Para mi gusto, aquella noche nos reencontramos y rememoramos nuestro primer encuentro,…junto con mi odiosa enamorada….