Sintió el roce leve, rugoso, de un pezón sobre sus labios. Instintivamente saco su lengua para lamerlo. Un leve gemido resonó en sus oídos. La oscuridad, ahora impenetrable, agudizó el resto de sus sentidos. Podía oler el perfume de la mujer, mezclad...
La desnudez de los brazos y hombros de la muchacha transformaron el ambiente de la recamara, la semipenumbra pareció envolverla y la luz de las llamas saco destellos de oro en su piel morena.
Tranquila, jamas te tocaré si tu no quieres -tu voz profunda y bella, despertó anhelos en mi- Te contaré historias, y te invitaré a juegos. Sólo hay una condición, no me miraras hasta que estés dispuesta a entregarte a mí.