¿Por qué no podía Toni limitarse a follar como las otras? ¿Por qué se empeñaba en desnudarla, capa a capa, hasta llegar a lo más profundo de su ser. Tal vez había llegado la hora de pedir la libertad.
No encontrarán mejor oyente y consejero por tan módico precio. ¿Follar? Uy, perdón, hacer el amor. Mandan y obedezco, mi objetivo es su placer. Y es que satisfacer a una mujer no siempre es fácil. ¡Ja!
Ésta no se quejó y pronto pasó de la degustación al banquete: lamiendo, relamiendo, sorbiendo, chupando, mordisqueando, abriendo con las manos para alcanzar todos los suculentos rincones...
Camina, venga, camina... a cuatro patas, como una perra, detrás de mi. Y baja la mirada, no quiero verte con los ojos clavados en mi trasero. Chas... obedece!
Alba la comparaba con uno de sus postres preferidos, el doughnut. La vulva esponjosa y tierna, cálida, sabrosa, y con un agujerito fantástico para jugar.
La lengua de Martina, los dedos de Martina... Y Alba luchaba y luchaba pero su cuerpo no le obedecía, se iba abriendo a esa extraña, a esa desconocida cargada de odio y rencor.
Alba volvió a sentir el miedo al rechazo y, junto al miedo, la presencia de Toni, el aroma de Toni, su vello púbico tan suave que le hacía cosquillas en los pechos. Suave, suave... y qué bien olía. ¿A qué sabría?
¿Qué le estaba haciendo la señora a Alba? La doncella volvió a quejarse con timidez y, en toda respuesta, la señora le ordenó que abriera más las piernas.
Normalmente no voy violando a la gente por ahí, pero hubo una vez, en un foro muy lejano, un cierto individuo bastante fastidioso. Se le ocurrió la fatal idea de atacarme en mi propio terreno para humillarme y tuve que darle una lección. Puse del r...
Alba se agachó y se metió bajo la mesa. Le parecía ser una niña escondida del mundo de los adultos, excluida de lo que sucedía en la superficie, sin embargo, ella era la protagonista esta noche.