|
Las ostias llovían a manojos, el que no cobraba estaba repartiendo leña, nadie estaba ajeno a la pelea. En menos de un santiamén el suelo estaba lleno de tíos retorciéndose bajo los golpes de los que aún estaban de pié. Botellas, vasos y taburetes volaban hasta impactar contra la desafortunada cabeza de alguno. |