|
En su pelo, cortado al estilo militar, ya brillan algunas canas. Tiene los ojos marrones, con un brillo dorado que los hace sensualmente atractivos. Me recuerdan a los de un ave rapaz. Mi mirada se detiene en uno de sus biceps (trabajados sin lugar a duda en el gimnasio), en el que, tinta azul sobre blanca piel, lleva un águila tatuada. |