Madame de Saint-Ange, (trayendo a Agustín) — He aquí el hombre del que hablé. ¡Vamos, amigos, divirtámonos! ¿Qué sería la vida sin placer? ¡Acércate, burro! ¡Oh, el tonto! ¿Creerán ustedes que hace seis meses que trabajo para desasnar a este gran cerdo y no lo logro?