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Mientras sus húmedas bocas luchaban a brazo partido en un combate en el que no parecía haber un claro vencedor, Ciriaco notó la agradable caricia de la señora Lúzaro. Aquella recatada dama de momentos antes trataba desesperadamente de devorar aquel apetitoso bocado que hacía largo tiempo que no había saboreado. |