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Posesión.
Siempre examiné con mirada incredula lo sobrenatural, fantasmas, brujas, demonios, exorcismos... Tenía la certeza de poder explicar de manera práctica esas extrañezas de la vida y no volarme imaginando respuestas increíbles. Luego un día sin querer, como el viento de los valles que le susurra bermellones en el oido al viajero que camina inadvertido, un demonio se posó en mi espalda, yo supuse que -como buen demonio- intentaría convencerme llenándome la cabeza de ideas endulzadas con miel y jalea de mujer, en el fondo la sazón masculina de mi esencia lo deseaba, pero no... no fué así, por el contrario éste demonio me ordenó untarme sus ideas oscuras en mi piel, la sorpresa de lo nuevo y la curiosidad me inundaron, pasó el tiempo y cuando no lo esperaba me di cuenta que ya no me untaba yo la pasta oscura, lo hacía aquel demonio a su libre propiedad, no sé como lo hizo, no sé como abuso de mi interioridad y me quedé allí... burócrata de mi cuerpo sin saber si aún controlaba mi esencia. Un día cuando estaba a punto de llamar al padre y pedirle auxilio el demonio se fué, por caprichosón, por necio, que sé yo... sólo se fué. Lo que lees en éste relato estimado lector, es la savia de Mi Yo Perverso, la trementina de mi tronco, el semen de mi falo, y yo... yo no lo escribí.
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