|
Sentí su mirada bajar lentamente desde mis ojos hasta posarse fijamente en mis pechos. Comenzó a desabrocharme la blusa. Intenté resistirme, pero me respondió con una palmada en la cola: Vamos, quietita que las cosas se te pueden poner muy feas..., andá sacándote el corpiño y dámelo. Se lo dí con la mirada gacha, pensando sabe quién en qué cosas, mientras trataba de cubrir mis pechos. |