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Por que al final, después de transitar y pernoctar por lúgubres y ominosos caminos, de existir aunque sea solo apariencia, de pertenecer aunque sea por un insignificante instante a esa majestuosa eternidad indescifrable; por que al final de las sombras, cuando el arrullo asolador canta a nuestra presencia y le convence de permitirse volar, lo único que podemos llevarnos son nuestros preciados recuerdos, aquéllos que no desaparecen en cuanto dejamos de pensar en ellos… |