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Don Juan:
Tarde la luz de la fe
penetra en mi corazón,
pues crímenes mi razón
a su luz tan sólo ve.
Los ve . . . y con horrible afán,
porque al ver su multitud,
ve a Dios en su plenitud
de su ira contra Don Juan.
¡Ah! Por doquiera que fui,
la razón atropellé,
la virtud escarnecí
y a la justicia burlé,
y emponzoñé cuanto ví,
y a las cabañas bajé,
y a los palacios subí,
y a los claustros escalé;
y pues tal mi vida fue,
no, no hay perdón para mí.
¡Pero ahí estáis todavía
con quietud tan pertinaz!
Dejadme morir en paz
a solas con mi agonía.
Más con esa horrenda calma,
¿qué me auguráis, sombras fieras?
¿Qué esperáis de mí?
Estatua: Que mueras,
para llevarse tu alma.
Y adiós, Don Juan; ya tu vida
toca a su fin, y pues vano
todo fue, dame la mano
en señal de despedida.
Don Juan: ¿Muéstrasme ahora amistad?
Estatua: Si; que injusto fui contigo,
y Dios me manda tu amigo
volver a la eternidad.
Don Juan: Toma, pues.
Estatua: Ahora, Don Juan,
pues desperdicias también
el momento que te dan,
conmigo al infierno ven.
Don Juan: ¡Aparta, piedra fingida!
Suelta, suéltame esa mano,
que aún queda el último grano
en el reloj de mi vida.
Suéltala, que si es verdad
que un punto de contrición
da a un alma la salvación
de toda una eternidad,
yo, santo Dios, creo en ti;
si es mi maldad inaudita,
tu piedad es infinita . . .
¡Señor, ten piedad de mí!
Estatua: Ya es tarde.
Doña Inés:No; heme ya aquí,
Don Juan; mi mano asegura
esta mano que a la altura
tendió tu contrito afán,
y dios perdona a Don Juan
al pie de mi sepultura.
Don Juan: ¡Dios clemente! ¡Doña Inés!
Doña Inés:Fantasmas desvaneceos:
su fe nos salva . . . volveos
a vuestros sepulcros, pues,
la voluntad de Dios es;
de mi alma con la amargura
purifiqué su alma impura,
y Dios concedió a mi afán
la salvación de Don Juan
al pie de la sepultura.
Don Juan: ¡Inés de mi corazón!
Doña Inés:Yo mi alma he dado por ti,
y Dios te otorga por mí
tu dudosa salvación.
Misterio es que en comprensión
no cabe de criatura,
y sólo en vida más pura
los justos comprenderán
que el amor salvó a Don Juan
al pie de la sepultura.
Cesad, cantos funerales;
callad, mortuorias campanas;
ocupad, sombras livianas,
vuestra urnas sepulcrales;
volved a los pedestales,
animadas esculturas;
y las celestes venturas
en que los justos están,
empiecen para Don Juan
en la misma sepultura.
José Zorrilla
Don Juan Tenorio
(fragmento cuasi final del acto 3º.)
Felicidades.
Vicente Riva Palacio
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