[ El hombre todavía puede apagar el ordenador. Sin embargo, tendremos que esforzarnos mucho para conservar este privilegio. ( J. Weizenbaum, sociólogo norteamericano experto en ordenadores) ]
La falda azul se extendía envolviendo los carnosos perniles que se diluían en las amplias grupas aposentadas en la silla, transmitiendo la sensación de la magnanimidad natural de su cuerpo del que creía percibir aromáticos efluvios.
Tu comentario a mis calles me trajo hasta aquí, lamentablemente entro poco a leer otros relatos y reconozco que me pierdo joyas barrocas como esta tuya.Es de mi agrado porque es como lo yo hubiese escrito.