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Unos minutos después, ya recuperada del grato agotamiento en que la sumiera el uso sexual que había hecho de Claudia, la señora se dio una ducha y regresó al dormitorio en chinelas y desnuda bajo la bata. Llevó a Claudia de una oreja a la bañera y comenzó a manguerearla con agua fría. La temperatura no era demasiado baja, pero sí lo suficiente como para que la joven se sintiera aterida.
-¡Aayyy, por favor, señora! ¿Qué está haciendo? ¡Tengo frío!. –se atrevió a protestar. - Estoy bañándote como se baña a los animales. Y no sigas ladrando porque te doy con el rebenque –contestó Blanca impertérrita. |