|
"La noche se viste de negro y don Juan se desviste de hombre" una frase bellísima que dispara lo que vendrá... poesía sabinesca como si del gran maestro Joaquín fuese la pluma, solo que en versión juvenil y alada (¿será que eras el de la tapa de 19 días y 500 noches¿)
Juan, Juana, Juanito, hombre, mujer, travesti, el juego de las personalidades, esa maraña de sensaciones en que nos introduces, es sin duda alguna, la estrella de la historia. Con la sapiencia de los escritores hemos penetrado en la psiquis de un hombre que siente con toda su alma que es mujer y que ello lo llevó a la decisión más drástica de toda su vida... sepultar su pasado de hombre, esposo, padre de familia, para convertirse en una puta en su barrio natal. A veces me pregunto si existe algún otro empleo en el que puedan desempeñarse los travestidos. Siempre caigo en que la moralina de las sociedades, el apartheid, la intolerancia, no les deja más remedio que vender sus agujeros y su rabo.
Alberto me resulta el típico macho que en grupo desprecia a los rabos que en la soledad desea. Él, a fin de cuentas, es la sociedad "normal", con esposa, hijos, una hermosa casa, automóvil, que en este relato, a mi parecer, has intentado poner en igualdad de condiciones y ver desde el prisma que nadie ve, el despreciado, el de las putas y los travestis.
Juana la loca, que decirte de la canción, es una letra hermosísima y tú, con este relato, la has llevado más allá de los acordes locos del maestro al que veré en diciembre junto al catalán de las mil musas.
Hombre, de verdad lo digo, no sé que haces aquí, estás perdiendo tiempo que bien podrías utilizar en ir más allá... cosa que no te sería para nada difícil.
Un abrazo desde Baires en primavera.
tHE cROW ^^
|