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Sin darme la vuelta comencé a mover mi cuerpo al ritmo de la música, movía mis caderas cadenciosamente mientras con las dos manos acariciaba mi pelo, todos los años que mi madre me obligo a tomar clases de danza y jazz por fin rendirían frutos. Giraba, daba vueltas, tocaba mi cuerpo con ambas manos, el ya se había despojado por completo de su ropa y permanecía sentado en el sofá sobando su pene parado de arriba abajo... |