En ocasiones el destino nos pasa malas jugadas. O buenas, todo depende de cómo se mire. Esa noche no supe ver la diferencia, hasta que ellas me la explicaron en la práctica, y no me arrepentí de ser su puta.
Un relato que, desde mi punto de vista, es fantástico, con una temperatura ardiente y con una sensualidad fogosa, vehemente, apasionada, manifiesta. Me ha puesto a mil. Te felicito.