-Pequeña desgraciada tu no tendrás forma de cumplir esa amenaza, empieza a enterarte que, desde que entrataste en esta residencia, has dejado de tener voluntad propia.
Genial como el anterior. La humillación es cada vez más brutal. Espero que haya una tercera parte. A ver que ocurre... Impaciente estoy. Tenemos que hablar tu y yo. El Señor Beritt.