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Casi no me atrevía a acariciarle, desconfiaba incluso de que estuviese allí. Sentía que si le tocaba desaparecería. Es lo que tienen los rollos, se cuelan en tu vida, te transportan a la cumbre del placer instantáneo y luego… y luego no queda nada. Se deshacen frente a ti como una cortina de humo. Es lo que tienen los rollos, sólo hay que tenerlo claro. |