Le conté a mi amiga Marta con pelos y señales, cómo aquel desconocido llegó a calentarme de la manera más inaudita y cómo del mismo modo, accedí a entregarle a cambio, mis braguitas.
Mi atraccion increible hacia los pechos de una mujer, hace surgir dudas y sentimientos. Ella me convierte en su esclava gracias a mi fetichismo no reconocido hasta entonces.
Una fábula muy loca sobre los pies de un rubito. No sé si la continuaré porque estoy algo desanimado. Echo de menos más historias de pies de chicos en esta web. ¡Vamos, fetichistas de pies masculinos, animaos a escribir, por favor! Incluso podéis red...