Cuando Silvia te mira profundamente con sus intensos ojos castaños, sólo tienes dos opciones: la primera es aceptar que estás bajo su influjo, que a partir de ese momento ya nada importa hasta que ella decida terminar lo que ha empezado; la segunda e...
Agarró entonces las pinzas y comenzó a retorcerlas. Patricia respondió con un gemido y se masturbó con más fuerza, demostrando que cuanto mayor era el dolor más se elevaba el placer que le provocaba. Ariadna, subiendo la apuesta, combinó los estrujam...
Patricia se retorcía entre las ondas de placer que partían desde las terminaciones nerviosas de pezones y coño sin dejar de estimularse el clítoris. Ariadna le apartó entonces la mano con que se pajeaba y sujetó la pinza que oprimía el pequeño botón ...
Este capítulo tiene partes un tanto fuertes para ser un tanto corto. No esperéis una gran violencia física ni que degenere la imagen de mis protagonistas, pues sencillamente eso no me excita.